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La caída de Putin en Jersón

Ucrania le propina al ejército ruso una humillante derrota militar, obligándolo a huir.

Columnista invitado Guillermo Cortés Domínguez 14 de noviembre de 2022

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Guillermo Cortés Domínguez - Confidencial.digital

El que ha sido considerado como el segundo mejor ejército del mundo ha sido vencido de nuevo, esta vez en Kherson, o Jersón, en el sur ucraniano, en lo que constituye una derrota humillante para el autoritario Vladimir Putin y su gobierno, que el 24 de febrero, al iniciar la invasión, planeaba un paseo de horas o pocos días, para hacerse con Kiev y subordinar a Ucrania.

Esta nueva derrota profundiza el descalabro del ejército ruso y de la “operación militar especial” del presidente Putin, quien continúa a la baja mientras aumentan las críticas incluso en sus círculos cercanos, por lo que no hay que descartar que sea depuesto en el mediano plazo. Le será difícil salir indemne de esta colosal “metida de pata”.

La última acción de los oficiales y soldados rusos en su huida de Jersón, fue volar el averiado puente Antonivsky la madrugada del viernes 11 de noviembre. La fuerte detonación despertó a los pobladores que se resistieron a salir hacia territorio ruso, quienes, aunque acostumbrados a los bombardeos, jamás habían escuchado una explosión tan poderosa que levantó los techos de muchas casas cercanas.

Después, los últimos hombres dejaron con amargura una región donde hacía ocho meses habían plantado un enorme rótulo ya derribado que mostraba a una niña con la bandera de la Federación de Rusia con la leyenda: “Rusia está aquí para siempre”. Fue la única capital regional que conquistaron. Y ahora la perdieron. La totalidad de los ocupantes ya está a más de ochenta kilómetros, en la orilla izquierda del río Dniéper.

Las tropas ucranianas hicieron tragarse a los rusos la hiel de la derrota en las proximidades de Kiev, cuando su columna de varias decenas de kilómetros de tanques, otros blindados y vehículos de transporte de soldados, fue empantanada y luego diezmada a diario especialmente por pequeños grupos especializados armados con lanzacohetes y drones que le causaron cuantiosas pérdidas.

Y después se repitió la historia con la vertiginosa y contundente contraofensiva ucraniana en la región de Kharkiv, que le costó al Kremlin la pérdida de varios miles de soldados, cientos de blindados y otros equipos militares. Ucrania recuperó más de seis mil kilómetros cuadrados.

Al menos la retirada rusa de Kherson fue metódica y ordenada, no como en Kharkiv, donde el impetuoso avance de las tropas ucranianas fue tal, que infundió pánico a los soldados rusos, quienes huyeron de manera desvergonzada, dejando atrás valiosos equipos militares y grandes cantidades de municiones. Hasta soldados quedaron extraviados.

Desde la perspectiva declarada de Putin al inicio de su asalto, los soldados rusos serían recibidos con los brazos abiertos por el pueblo ucraniano, pero fue lo contrario, como se les hizo evidente en Kherson, donde a pesar de la represión que desataron, partisanos bien organizados les hicieron la vida imposible, les mataron a oficiales, les sabotearon depósitos de armas, los pusieron nerviosos y hasta el último día de la ocupación, “los orcos” –como les dicen– en todos los ciudadanos miraban a un potencial enemigo, de ahí su gran esfuerzo para vaciar de gente la importante ciudad.

Desmentido por los hechos, el presidente Vladimir Putin ha tenido que tragarse casi todo lo que ha dicho de Ucrania, incluyendo su afirmación de hace apenas unas semanas, de que los residentes de Jersón se habían convertido en ciudadanos rusos “para siempre”.

Contradiciendo al líder del Kremlin, una pareja de jubilados residentes en Jersón que tiene una lancha, sacó de la ciudad hacia territorio controlado por Ucrania, al menos a dos mil residentes de esta urbe, y también hizo entrar a la zona a saboteadores y oficiales de Inteligencia del Ejército de Kiev.

La retirada rusa anunciada el miércoles 2 de noviembre por el ministro de Defensa de Rusia, Sergei K. Shoigu, fue una decisión consensuada de Putin y el Alto Mando del Ejército, contrario a la huída de Kharkiv y de la ciudad de Lyme, decididas precipitadamente en el terreno, que recibieron las peores críticas.

Antes, varios generales pretendieron huir de Jersón, pero les fue impedido por el Zar del Kremlin, no obstante, ellos tenían la razón, ya no había nada que hacer ante el acoso ucraniano, como finalmente tuvieron que reconocer con el rabo entre las piernas y una mayor degradación del que una vez fuera considerado uno de los mejores ejércitos del planeta.

Kherson tiene una importancia estratégica porque es un puerto esencial en el Mar Negro, y prácticamente es una puerta de entrada a Crimea. Su recuperación por los ucranianos imposibilita a Putin llevar a cabo su plan de controlar todo el sur de Ucrania y en particular, utilizarla como base para desplegar fuerzas hacia Odesa.

Para que ocurriera la debacle rusa se juntaron un plan “perfecto”, y las armas necesarias, pues el Ministerio de Defensa de Ucrania concibió una campaña de destrucción de los depósitos de municiones y combustible rusos y los centros de comando y control detrás de las líneas del frente, sobre todo con los sistemas de cohetes de artillería de alta movilidad M142, o Himars.

En la ciudad de Khrustalniy, en Luhansk, cohetes lanzados desde una plataforma Himars causaron una devastación tal en uno de los depósitos de municiones más grandes de Rusia,  que las explosiones continuaron durante días. Según imágenes satelitales reportadas por el Ministerio de Defensa de Ucrania, la zona de destrucción abarcó unos quinientos metros alrededor del epicentro. Algo similar ocurrió en el barrio de Azotniy, en la parte noreste de Donetsk, en las ciudades de Popasna, en Luhansk, y en Snizhne. Igual en el Centro Kamaz, un gran taller de reparación de camiones que estaba siendo utilizado como base de municiones.

El Ejército ucraniano fue amputando poco a poco a las tropas rusas: les destruyó la base industrial de Techsnab, en la ciudad de Makiivka, con grandes cantidades de municiones, así como otros grandes almacenes en Nova Kakhovka, y en Kherson, cerca de Izium, y cuatro bases militares rusas en Zaporizhzhia. Ucrania también ha atacado puestos de mando rusos, centros de transporte y cuarteles, sobre todo en las ciudades de Yasynuvata y Kadiivka. Y continúan.

No quedaba otro camino a los rusos que huir de Jersón. Ya veremos las implicaciones de esta estrepitosa caída.

 

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