El ojo maricón y el peluquín

Deportes Esteban Jaramillo Osorio 10 de noviembre de 2020
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No sé qué pretendió el periodista al afirmar que Sebastián Montoya, cuando falló el suyo en serie de penales que definía el futuro de Millonarios en copa Suramericana, tenía mirada maricona.

¿Acaso estigmatizar una comunidad por sustentar una crítica? ¿O a un futbolista, por un error no premeditado? Equivale, valga la comparación, a preguntarle a una deportista cuando le llega la regla, si con ella compite mejor, o si le es fiel al marido.

Señalar, para ridiculizar, no es correcto; es recurso de aquel que pierde la compostura para ganar sintonía. No sé cómo es una mirada maricona, aunque entiendo que hay expertos por ahí.

Demagogia es convertirse en falsa víctima, para recoger afectos sin tener, en ocasiones, velas en el entierro.  Trampitas en manejo de medios. Quizás eso explica lo del ojo maricón.

Vuelve la selección y con ella el fervor del pueblo. Es terapia, siempre lo he dicho. El testículo de James, que dolía, se apaciguó. Ya no fastidia, lo que da confianza. La ausencia de Falcao, el salvador en tiempos de crisis, pone a tirar tiza al entrenador en su tablero. ¿Será que lo hace? O su simplismo lo llevará a alinear a Zapata, sin darle complementos… Un toro solo, para chocar contra los recios uruguayos, no basta.

Uruguay llega con todo a Barranquilla, pero como dijo Diego Forlán, otrora goleador celeste, el sofoco y el calor, la olla a presión del metropolitano, hace inválida cualquier táctica y condiciona los esfuerzos. Aunque, para ser sinceros, cosas se han visto en resultados.

Nota al margen

Permítanme una glosa sobre D Trump. Parece hombre de futbol. Que mal perdedor es. Ve fraudes y conjuras por todas partes dominado por su apestosa paranoia. Falso como su peluquín. EJO*

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