Colombia inundada

"La naturaleza no es cruel, sólo despiadadamente indiferente. Esta es una de las lecciones más duras que un ser humano tiene que aprender". Richard Dawkins

Columnista invitado Lorena Rubiano  Fajardo 21 de noviembre de 2020
Lorena Rubiano Fajardo
Lorena Rubiano Fajardo

Cada día hablamos más de los “desastres naturales,” y la forma en que afectan a los pobladores de la tierra. En nuestro caso colombiano estamos atravesando por una temporada invernal muy fuerte y devastadora.

Nos duele lo que está pasando en el archipiélago de San Andrés y Providencia, en el Chocó, Bolívar, Antioquia, La Guajira, especialmente en Uribía, y en general en la Costa Atlántica.

Primero que todo hay que tomar conciencia de que estos desastres han sido provocados por el mismo hombre, que es el mayor depredador del planeta y por la ambición del dinero que quiebra todas las normas de preservación del medio ambiente.

Lo segundo, quiera Dios, que ahora estos embates de la naturaleza no se utilicen por los politiqueros como banderas de campaña. Hay problemas muy antiguos, como el de Cartagena que lleva años y ningún gobierno soluciona; a esto se suma   que la comunidad en medio de sus necesidades y pobreza construyen en zonas de alto riesgo, al borde de los ríos o en ladera, sin planeación ni servicios públicos, sus casas son de cartón. Entonces lo que se necesitan son soluciones de fondo, no mercaditos, no paños de agua tibia, no fotos con el Presidente o congresista.

Si se va a recurrir a decretos de emergencia económica, que no sea para llenar otra vez las arcas de los bancos, ni que pase como los bonos de agua. Necesitamos veedurías ciudadanas y empresas honestas que hagan las obras para mitigar los efectos de los inviernos y sean soluciones a largo plazo. Tapar  un hueco no basta, hay que hacer las obras de verdad y dejar entre esas alcantarillas a los corruptos.

 

Estos desastres son de origen humano y no de la naturaleza, desastres originados por la ambición del hombre, como desviar los ríos para la minería, como el Ranchería de la Guajira y la deforestación del Amazonas para la ganadería,   primando el interés económico  al social, pero seguimos culpando a Dios y a la naturaleza.

Tenemos que aprovechar las crisis, no para engordar los bolsillos de algunos desconsiderados oportunistas, insensibles e inhumanos, sino para remediar los males que nos aquejan.

Hay que crear cultura ambiental, de protección a nuestros recursos, de convivencia amigable con el ecosistema, de preservación y de prevención; erradicando el consumismo de esta forma podemos reducir la vulnerabilidad de los humanos en el planeta.

Estos fenómenos nos afectan a todos por igual, y no es el momento de echarle la culpa a éste o a otro gobierno, hay que unir esfuerzos para salir de la crisis.

Urgen soluciones de fondo, se necesitan políticas reales de  prevención y mitigación de riesgo, canalizaciones, albergues etc.

Los mercados no son solución, hay que ir a la raíz de la problemática, todos debemos contribuir a evitar o reducir las víctimas de las respuestas de la naturaleza. Estar preparados es responsabilidad de todos.

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