Huracanes que azotaron al archipiélago de San Andrés- Providencia y la Costa Caribe.

Turismo, ecología y agricultura Ing Oscar Rivera Luna 22 de noviembre de 2020
Post huracan

Los huracanes generan energía descomunal, limpian la atmósfera de la tierra y se agudizan con el combustible de aguas marinas con altas temperaturas.  Se generan por corrientes de aires cálidos que chocan contra corrientes de aires fríos y producen grandes contradicciones y turbulencias en círculos de nubes y energía. Un sistema de tormentas que circula alrededor del centro de baja presión llamado el ojo del huracán que genera energía, fuertes vientos y lluvias. Se conoce como ojo del huracán al área de aire que circula en sentido descendente en el interior y que suele encontrarse libre de nubes, cómo se observa en las fotografías satelitales. Se desplazan de 18 a 20 kilómetros por hora. Su halo de energía puede alcanzar un diámetro de 800 kilómetros, pero sus vientos interiores pueden llegar hasta 280 kilómetros por hora y su descarga de aguas lluvias aumenta vertiginosamente. El huracán Harvey descargó trillones de litros de agua sobre la región costera de Houston Texas equivalentes a 1320 milímetros de lluvias en cuatro días, causando la muerte a 30 personas.

La inmensa energía del huracán proviene de la condensación del aire húmedo. La violencia  de los vientos hace que los huracanes tengan efectos destructivos como arrancar techos y hojas de los árboles. El huracán Iota se formó como una depresión tropical cerca de las Antillas Menores del Caribe. Su halo avanzó hasta la costa Caribe colombiana causando torrenciales aguaceros y se estacionó frente al Litoral Caribe. Causó destrozos en el archipiélago coralino. Su rumbo prosiguió hacia la costa nor occidente de Nicaragua, devastó Honduras y llegó a Guatemala y El Salvador

Azotó a las islas en la  noche, desarraigando árboles, meciendo con furia las palmeras y causando la estampida sin rumbo de los cangrejos rojos, lagartos azul turquesa y camaleones huyendo del viento ciclópeo que se abatió sobre las islas San Andrés Providencia y Santa Catalina arrasadas por el huracán. Un fenómeno natural devastador causado por el cambio climático destrozó el 98% de la infraestructura de las Islas coralinas de Providencia y Santa Catalina y produjo enormes destrozos en la vía circunvalar y viviendas de San Andrés, desde el Hoyo Soplador a San Luis, la zona turística, La Loma, cueva de Morgan.

Habían anunciado una tormenta tropical que resultó ser un poderoso huracán cuyo ojo devastador pasó muy cerca del territorio físico espacial de las islas. Las olas furiosas de seis metros de altura erosionaron la vía costera y la banca, doblegaron palmeras, desraizaron árboles y arbustos, lavaron la vía e irrumpieron en el continente con su energía arrasadora causando estragos en la infraestructura del turismo. Violentos ruidos atemorizaban a los pobladores. Volaban ramas y hojas de los árboles. El oleaje fracturó los pólipos coralinos y arrojó trocitos de corales sobre la vía. Lo vientos azotaban techos de latas y rompían hojas de eternit y levantaban tejas, zumbando y silbando causaron miedo en los habitantes del archipiélago. Los pobladores sufren hambre, angustia y el dolor de la ruina que los rodea.

Cuando se aproxima un evento de esta naturaleza en todos los países de la tierra se monitorea su categoría por la velocidad de los vientos. Los habitantes ven por televisión la coloración satelital del huracán, escuchan a los expertos hablando de su recorrido, su rumbo de desplazamiento y los kilómetros que alcanzan sus vientos internos. Las comunidades aseguran los techos, puertas, vitrales y ventanas. En Colombia se limitaron a decir que era una tormenta tropical. Pero se transformó en horas y produjo impactos y estragos de un huracán de categoría 5 en el archipiélago coralino. Cientos de familias raizales sufrieron daños irreparables en los techos y las paredes de sus viviendas de madera. Debieron abandonar sus hogares en la oscuridad de la noche o encerrarse en los baños, atemorizados por los vientos devastadores que silbaban arrastrando objetos, levantando techos, rompiendo vitrales, desenraizando árboles de cuajo, abatiendo palmeras, arrancando millares de hojas. Los huracanes aumentan de frecuencia e intensidad en el Mar Caribe y en todo el planeta y descargan más aguas lluvias con inusitada intensidad.

 El huracán Iota, el más potente registrado este año en el Atlántico, dejó lluvias torrenciales y fuertes vientos en la costa caribeña de Nicaragua, dos semanas después de que azotara la región otra tormenta devastadora. Iota tocó tierra como huracán de categoría 4 en la escala Saffir-Simpson a las 21:40 hora local del lunes, con vientos hasta de 250 kilómetros por hora. Tras entrar por el noreste de Nicaragua, el huracán perdió fuerza, según reporte del Centro Nacional de Huracanes NHC de  Estados Unidos. Pero a pesar de debilitarse, Iota provocó desbordamientos de ríos, inundaciones, deslizamientos de tierra y fuertes vientos durante el martes en Centroamérica, dejando un rastro de escombros, muerte y dolor. Iota causó daños en Nicaragua, inundaciones en Honduras, donde los ríos se transforman en mares y las calles en ríos. El río Jipilingo de Honduras salido de cauce arrastró dos puentes hoy 19 de noviembre de 2020.

El huracán causó impactos en la Costa Atlántica. En Santa Marta más de mil especies de peces, crustáceos y moluscos que habitaban en el Acuario de Santa Marta fueron remecidas por el oleaje causante de impactos en su infraestructura. El Acuario ubicado a diez minutos en lancha desde El Rodadero funciona como museo marino desde el año 1966. Es destino turístico de la ciudad, pero la marejada dañó las instalaciones y ocasionó el traslado de especies a una ensenada vecina.

La Gobernación del Atlántico reportó 17 municipios afectados por las fuertes lluvias de los últimos días. En Santa Verónica se registraron afectaciones por erosión, arrastre y pérdida de la playa debido al mar de leva y el agua impetuosa ingresó hasta las viviendas. En Santa Lucía, Santo Tomás, Sabana grande, Campo de la Cruz, y otros municipios, ocurrieron desbordamientos súbitos de arroyos e inundaciones. En Candelaria 500 familias resultaron damnificadas en el casco urbano. Calles de pueblos costeros de La Guajira se inundaron por el “coletazo” del huracán

El mar de leva azotó playas del mar Caribe, colapsó el drenaje pluvial de Cartagena y desnudó su vulnerabilidad ante las maretas y el colapso del drenaje pluvial, causó inundaciones en Ciénaga e hizo muy evidente la creciente elevación del nivel del mar sobre playas y erosión de acantilados y barras marinas. En Atlántico más de mil viviendas resultaron afectadas por marejadas y desbordamientos de arroyos en Malambo 693, Puerto Colombia7, Candelaria 200 y el corregimiento de Carreto 150. Fuente; Región Caribe El Heraldo. Las fuertes lluvias producidas por Iota que se formó en aguas del Mar Caribe, causaron estragos en diferentes sectores de la ciudad de Santa Marta, las aguas alcanzaron hasta medio metro de altura anegando viviendas e inundando por lo menos 30 barrios de la capital del Magdalena.

Los habitantes de San Andrés y Providencia necesitan la solidaridad de todo el pueblo colombiano. Para la reconstrucción de su paraíso de selvas secas y arrecifes coralinos poblados de rutilantes criaturas vestidas de gala que habitan en plácidos jardines coralinos blandos y pétreos, adornando el mar de los siete colores. Un movimiento de apoyo humanitario, velando porque no suceda la historia de saqueo de alimentos, sobre costos de los mercados y robos vergonzosos en suministro de sabanas, medicamentos e instrumentos de medicina que está ocurriendo con la pandemia del Coronavirus.

El cambio climático es una realidad cruel causada por las emisiones y excesos del modelo económico agresivo que devasta nuestros ecosistemas marinos y terrestres y extermina especies de flora y de fauna, eliminando su generación de energía y su regulación en el ciclo del agua. Demanda de la comprensión y de acciones concretas para reducción de emisiones, de enormes excesos de gases de efecto invernadero, adaptación del territorio, y solidaridad de los habitantes de la tierra. El deterioro estimula la proliferación de virus mutantes, hongos, bacterias resistentes y plagas. Causa excesos de carbono en la atmósfera; huracanes, tornados, sequías e incendios forestales. El calentamiento exige una respuesta masiva y racional de millones de personas. Un cambio profundo del comportamiento humano en su fugaz inquilinato y hogar transitorio.(ORL)
 

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