Ahora los que manejan las grandes fortunas, a ganar dinero y a descontaminar el planeta

General El Mundo Al Instante 16 de diciembre de 2020
Plantación solar

Trabajadores energía   Las empresas de energía tradicional que forman parte del índice S&P500, han bajado en conjunto su cotización un 41%                                               este  año, golpeadas por la caída de los precios del petróleo, según Reuters


Wall Street no les daba mucha importancia. Las energías renovables eran caras de producir y estaban lejos de ofrecer una rentabilidad atractiva.

Pero en los últimos años este tipo de inversiones verdes han ganado terreno, en la medida que los avances tecnológicos abarataron sus costos de producción y cada vez hay más empresarios interesados en apostar por ellas.

Incluso este año hay levantado la voz organizaciones de inversores que presionan a las grandes compañías para que “desclasifiquen” en sus balances financieros los riesgos que el cambio climático provoca en sus activos y detallen cuál es su huella de carbono.

Amit Bouri, cofundador y director ejecutivo de la organización internacional Global Impact Investing Network (GIIN), sostiene que las inversiones medioambientales están creciendo en sectores tan distintos como las energías renovables, la comida, la agricultura sustentable o la silvicultura.

“Los inversores han despertado”, dice Bouri, explicando que, para conseguir una buena rentabilidad en el largo plazo, las empresas tienen que abordar la crisis climática.

“Si estás invirtiendo en un mundo deteriorado, tus ganancias van a caer”.

Una advertencia que se repite entre los grandes fondos que están ampliando su portafolio para transitar desde las inversiones “sucias” en petróleo, gas o carbón, hacia proyectos menos contaminantes.

“Hay un serio riesgo para el crecimiento económico y la creación de valor en el largo plazo”, argumenta Kirsten Spalding, directora senior de Ceres Investor Network, una red en la que participan 175 inversores institucionales y que maneja más de US$29 billones en activos.

“Los inversores reconocen que deben invertir para mitigar esos riesgos”, señala Spalding en diálogo con la prensa, y explica que los fondos con buenas credenciales (ambientales, sociales y de gerencia corporativa) han tenido mejores resultados financieros, al compararlos con otros índices generales en años recientes.

Una opinión compartida por Farzana Hoque, directora interina de Investigación de USSIF, el Foro para Inversiones Sustentables y Responsables, con sede en Washington D.C., cuyos miembros manejan más de US$3 billones en activos.

Ese tipo de inversiones dice Hoque, “obtienen en promedio rendimientos financieros comparables, y en ocasiones mejores, que sus tradicionales contrapartes”.

Un hito que marca una tendencia

A comienzos de octubre, la mayor empresa de energía renovable en EE.UU., NextEra Energy, sobrepasó en valoración de mercado de Exxon Mobil, marcando un hito que, según expertos, refleja la tendencia hacia las inversiones menos contaminantes.

Mientras la Agencia Internacional de Energía ha planteado que los proyectos de energía solar “ahora ofrecen algunos de los menores costos en electricidad nunca antes vistos”, la Administración de Información Energética de EE.UU. (EIA, por sus siglas en inglés), proyecta que las energías renovables serán la fuente de energía más utilizada en el mundo en 2050.

Con esas proyecciones sobre la mesa, los administradores de grandes fortunas como Liqian Ma, jefe de Inversiones Sustentables y con Impacto del fondo global de inversión Cambridge Associates, están ampliando los portafolios de sus clientes con apuestas menos contaminantes.

Algunas de las razones que explican este fenómeno son:

Alta volatilidad de los combustibles fósiles
Riesgos asociados a las condiciones climáticas
Atractivas oportunidades en el sector de las energías renovables
Baja en los costos de estas energías y mejoras tecnológicas en su desarrollo y almacenamiento
Presiones reguladoras sobre los combustibles fósiles
Mayor eficiencia en los modelos comerciales verdes
Cambio en la conducta y la demanda de los consumidores
“A Muchos inversores les preocupa el riesgo de tener activos varados a medida que la energía renovable y el almacenamiento de energía se vuelven más competitivos”, explica Ma.

Apuestas rentables

Según datos recolectados por Reuters, índices bursátiles como el RENIXX (Renewable Energy Index), que sigue a las 30 mayores empresas de energía renovable del mundo, ha subido más del doble en 2020.

En cambio, las empresas de energía tradicional que forman parte del índice S&P500, han bajado en conjunto su cotización un 41%, golpeadas por la caída de los precios del petróleo, agrega la agencia.

Al éxito en Wall Street de la firma NextEra Energy, se suma el buen desempeño de fondos como el Solar Exchange Traded Fund (que aumentó su cotización 143% este año) y First Solar (con un alza de 46%).

Y entre las firmas europeas, señala Reuters, destacan la empresa Vestas, cuyas acciones subieron 72% este año, mientras que la española EDP registró una subida de 62%.

Expertos en el tema de las inversiones sustentables, como la académica Megan Kashner de la Universidad de Northwestern, en Illinois, sostienen que no hay una única definición sobre qué significa realmente ser un inversor verde.

“Cada uno define sus metas de sostenibilidad”, comenta, agregando que hace poco se creó la red Impact Management Project, para tratar de generar consenso sobre cómo se mide el impacto de las compañías.

“No hay una prueba de fuego ni una ceremonia de juramento para la inversión verde o sostenible”, apunta.

Es, en definitiva, un camino que cada empresa o fondo de inversión traza.

¿Y qué pasa con el llamado “engaño verde”?

Helen Wiggs, jefa de Clima de la organización londinense ShareAction -que promueve las inversiones responsables- coincide en que existe un “enorme crecimiento de las inversiones con foco medioambiental”.

El problema, advierte, es que muchas empresas firman compromisos y se fijan metas para disminuir sus emisiones contaminantes en un futuro lejano.

“Ese tipo de compromisos suelen carecer de credibilidad al omitir objetivos a corto y mediano plazo”, apunta.

Si no se trata de una meta clara, precisa, fácil de medir y cercana en el tiempo, es probable que en algunos casos las empresas estén utilizando el discurso medioambiental para hacer “greenwash”, es decir, para limpiar su imagen corporativa.

“Hay una desconexión entre lo que algunas empresas dicen y lo que hacen”, dice Wiggs.

Ocurre lo mismo con los bancos que declaran sus intenciones ambientales, pero continúan entregando miles de millones de dólares a compañías que extraen y procesan los recursos más contaminantes.

Desde que se firmó el Acuerdo de París para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero hace cinco años, la banca ha entregado más de US$1,6 billones en préstamos y servicios a firmas que desarrollan las industrias del petróleo, gas y carbón, según un informe publicado este año por el grupo alemán Urgewald.

La investigación estuvo centrada particularmente en 12 grandes proyectos energéticos contaminantes.

Pero si se incluyeran todos los tipos de emisores corporativos, esa cifra podría subir a US$3,7 billones, según datos compilados por Bloomberg.

Mientras los proyectos contaminantes sigan teniendo amplio acceso al financiamiento internacional, tardará más tiempo el giro hacia una economía limpia.

Sin embargo, investigadores especializados en el tema, creen que a pesar de las dificultades, las inversiones verdes continuarán creciendo a nivel global.

Ben Caldecott, director del Programa de Finanzas Sostenibles de la Universidad de Oxford, asegura que la transición hacia una economía sostenible “ya está en marcha”.

“Hemos entrado en la transición más intensiva en capital de la historia de la humanidad”.

Una transición que, si se cumplen las proyecciones, seguirá una curva ascendente.

Por: Cecilia Barría

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