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A qué se dedican los chinos mientras EEUU se agrieta y la UE discute

Mientras la crisis sanitaria y económica sigue azotando con virulencia a Occidente, Pekín ha cerrado el año de la covid con un ascenso meteórico y ultima la hoja de ruta para crecer más que nadie en un lustro

General Vozpópuli 10 de enero de 2021
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El viernes 1 de julio de 1921 Vladímir Ilich Uliánov, alias Lenin, logró al fin poner una pica en China. Después de años de lobby, de reuniones secretas con los 'cachorros' del marxismo en el país, vio la luz el Partido Comunista de China (PCCh). Ni en el más grande de sus delirios de grandeza pudo imaginar Lenin cómo aquella semilla, plantada hábilmente por su Komitern, cambiaría el futuro de China... y del mundo entero.

El destino ha querido que el centenario del PCCh caiga de nuevo en viernes. El próximo 1 de julio, el Gobierno de Xi Jinping lo festejará con fanfarria. Salvo que la pandemia dé un giro inesperado dentro de sus fronteras, la dictadura más poderosa del planeta tiene motivos para la celebración. Desde el punto de vista sanitario, los chinos han estrenado 2021 instalados en una 'nueva normalidad' mucho menos atosigante. No han pasado la última página de la covid-19, pero ven mucho más cerca el fin de la pesadilla.

Mientras EEUU sangra por la herida que ha dejado abierta Donald Trump y la UE se atasca en discusiones y en su infinita burocracia para repartir sus fondos, China afronta el año con las mejores perspectivas económicas del mundo. El gigante asiático crecerá un 8,2%, lejos del 5,2% de la Eurozona o el  2,8% de EEUU, según el Fondo Monetario Internacional (FMI). Este organismo no sólo vaticina que China liderará el pelotón en 2021; también logrará mantenerse en cabeza durante un lustro, mientras el resto de grandes economías se van rezagando. En 2025, el PIB chino estará creciendo a un ritmo del 5,5%, frente al 2,2% estadounidense. Ese año, la economía española estaría creciendo un débil 1,7%, adentrándose en un peligroso y sombrío estancamiento a la japonesa.


"Han sido tremendamente eficaces a la hora de contener la pandemia. Tomaron medidas sanitarias muy estrictas y concentraron en un periodo corto los estímulos económicos"
¿Qué ha hecho China para que Xi Jinping pueda sacar pecho el 1 de julio ante los gerifaltes del partido?  "De entrada, han sido tremendamente eficaces a la hora de contener la pandemia. Tomaron medidas sanitarias muy estrictas desde el principio y concentraron en un periodo corto los estímulos económicos", explica Mario Esteban, investigador del Real Instituto Elcano y profesor titular del Centro de Estudios de Asia Oriental de la Universidad Autónoma de Madrid.

A diferencia de la Administración de Donald Trump -que perdió un tiempo de oro negando al principio la pandemia- o la UE -que tardó meses en pactar las ayudas-, China optó por estrangular la economía al principio para desplazar al virus. La apuesta era arriesgada pero el tiempo -por ahora- le ha dado la razón. "El factor clave ha sido el control efectivo de la situación sanitaria […], lo que contrasta con los recurrentes rebrotes y reimposición de restricciones a la actividad y la movilidad que están sucediendo en el resto del mundo", señala en un informe el servicio de estudios de Bankia. "El gobierno ha promovido, por un lado, la reorientación productiva de la industria hacia sectores con mayor demanda del resto del mundo (equipos electrónicos y médicos, por ejemplo) y, por el otro, una política de 'circulación interna', orientada en satisfacer el mercado interno", añade.

Algunos experto llaman a esa estrategia "nacionalismo económico". Sin entrar en el debate de los agujeros negros del país -de la falta de libertades a sus afrentas a los derechos humanos-, el Ejecutivo de Xi Ping ha sido firme y constante a la hora de aplicar sus planes. La pandemia no permitía volantazos y ahora millones de chinos recogen los frutos.

La demanda interna está ya está tirando con fuerza del PIB -el consumo o la movilidad ya han vuelto a niveles 'pre-covid' buena parte del país-; algo con lo que Pedro Sánchez sueña. De hecho, la vuelta al consumo de los hogares es una de sus grandes bazas para evitar que el Gobierno de coalición se estrelle.

La administración china no ve la reactivación del gasto doméstico en términos cortoplacistas. Al contrario, es uno de los pilares centrales del plan quincenal que presentará Xi Jinping en primavera. “Van a poner más énfasis en lograr un crecimiento menor pero de mayor calidad, más sostenible y que aporte más valor añadido”, augura  Mario Esteban. "Quieren reducir la dependencia exterior en un contexto geoestratégico muy delicado, buscando el tirón de la demanda interna. Se trata de diversificar los riesgos", añade el investigador del Real Instituto Elcano.

La demanda interna en China está ya está tirando con fuerza del PIB, algo con lo que Pedro Sánchez sueña para evitar que la coalición de Gobierno se estrelle
"La implementación simultánea de reformas clave, incluida una mayor apertura de los mercados internos, […] al mismo tiempo que se promueve la inversión verde y se fortalecen las redes de seguridad social, respaldará a una población rica en empleo y recuperación equilibrada", señala en su informe la última delegación del FMI que visitó Pekín, el pasado noviembre.

El tablero geopolítico en 2021 estará embarrado por los (¿últimos?) coletazos de la Covid y las 'minas' que ha dejado Trump. La Administración china es plenamente consciente, de ahí que su primer movimiento haya consistido en sellar un acuerdo de inversiones con la Unión Europea (el pasado 30 de diciembre). La firma levantó ampollas inmediatamente en los poderosos lobbies de Washington, pocos días antes del histórico asalto al Capitolio.

El profundo cisma político y moral que hereda Joe Biden no ayudará a recomponer a corto plazo las relaciones con China; tampoco a tender rápido puentes con la UE. La guerra comercial con el gigante asiático y la imposición de aranceles a los socios europeos (entre ellos, España) no se desvanecerán cuando Trump atraviese por última vez la salida de la Casa Blanca.

El profundo cisma político y moral que hereda Biden no ayudará a recomponer a corto plazo las relaciones con China; tampoco a tender rápido puentes con la UE
Por eso no es casual que el Gobierno comunista se acerque a Europa, ni que dé un paso -tímido, pero nítido- contra contra el cambio climático. El pasado septiembre, nueves meses después de que Trump cumpliera su amenaza y abandonara el Acuerdo de París, Xi Jinping anunció que su país -el más contaminante del mundo- quiere ser neutro en emisiones en 2060.

El sorprendente compromiso medioambiental trasluce un mensaje en clave económica. Los chinos, que ya están bien posicionados en la fabricación de paneles solares o coches eléctricos, quieren sacar la máxima tajada del inevitable proceso de transición energética. Ahí está el futuro… y el dinero. Sin ir más lejos, una parte importante de los 750.000 millones de euros que repartirá la UE a partir del verano irá destinada a proyectos verdes.

"Si alguien se hubiera atrevido a predecir en 1921 que para 2021 China se convertiría en uno de los dos países más poderosos del mundo -y que viviría las mejores cuatro décadas en 4.000 años de historia-, le habrían tomado por temerario", declaraba el pasado lunes al China Daily el politólogo de Singapur Kishore Mahbubani, autor del ensayo 'Ha ganado China?' De momento, la respuesta a la pregunta que da título al libro parece clara.

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