Banana Republic

Columnista invitado Francisco Rosales Ramos 13 de enero de 2021

Miércoles 13 de enero 2021 El mundo se impactó con las imágenes del miércoles 6 de enero, cuando una turba violenta invadió y destrozó el Capitolio, sede del Congreso de los Estados Unidos. La fotografía de un desadaptado en la oficina de la Spiker (presidenta) de la Cámara de Representantes, con los pies sobre el escritorio, pintó de cuerpo entero el brutal atropello que sufrió la democracia más antigua de América.

Pero no sorprendió a quienes hemos seguido la actividad de Trump desde que asumió el poder en enero de 2017. Su personalidad y comportamiento están claramente descritos en dos libros: Fear, de Bob Woodward , uno de los periodistas de más prestigio en Washington, y The Room Where it Happened, de John Bolton, Consejero de Seguridad en los primeros meses de Trump. Una personalidad inestable, megalómana, vanidosa, explosiva, mentirosa y que creyó que conducir el gobierno de la primera potencia mundial era similar a realizar negocios privados, no podía tener otro final que el que incitó el miércoles negro en el Capitolio. Bob Woodward relata cómo, en más de una ocasión, Trump, con su carácter explosivo, ordenaba a sus asistentes que le preparen un documento de trascendencia mundial, y alguno de sus más cercanos colaboradores le retiraba el documento del escritorio, para evitar que lo firme.

Y tampoco eran de extrañar sus mensajes incendiarios que provocaron el ataque al Capitolio, después que, descontrolado por la pérdida en las elecciones de noviembre, presentó más de 60 demandas legales, argumentando fraude electoral, sin ninguna prueba de sustento, por lo que fueron desechadas por los jueces, varios designados por el propio Trump. La personalidad atropellada e impulsiva del presidente, llegó al extremo de amenazar a varios funcionarios electorales de los Estados por no aceptar sus demandas de fraude e insinuar que las Fuerzas Armadas deberían intervenir en el conflicto. Al punto, que 10 exsecretarios (ministros) de Defensa, incluyendo los conservadores Dick Cheney y Donald Rumsfeld, publicaron una carta en el Washington Post el 3 de enero, recordando a los militares “su solemne obligación de defender la Constitución”. Twitter y Facebook suspendieron o cancelaron definitivamente las cuentas de Trump, para evitar nuevos mensajes “incitando a la violencia”. Varios líderes políticos y empresariales han pedido la inmediata destitución de Trump por considerarlo “inhábil para ejercer el cargo”.

Corolario: ningún país está libre de estos personajes macabros, que una vez que asumen el poder se aferran a él como sanguijuelas, no importa el costo, ni los medios. Moreno evitó que esto ocurra en Ecuador como estuvo planificado por el socialismo del siglo XXI. Los ciudadanos tienen la obligación de evitar que el 7 de febrero conquisten la presidencia títeres parlantes que responden a sus amos.

Publicado originalmente por ElComercio.com

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