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Cerveza y pizza gratis para convencer a los más jóvenes de que se vacunen

El empuje y entusiasmo iniciales parece que han perdido fuelle y las autoridades están recurriendo a técnicas de proselitismo populares

General El Confidencial 23 de febrero de 2021
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Israel emprendió una masiva campaña de vacunación a finales de diciembre de 2020 que ha logrado hasta ahora que el 33% de su población esté inoculada con ambas dosis. Sin embargo, el empuje y entusiasmo iniciales parece que han perdido fuelle y las autoridades están recurriendo a técnicas de proselitismo populares.

 “Cerveza y chupito gratis para los vacunados” es el anuncio que atrajo a docenas de jóvenes al 'cool bar' Jenia, en el corazón de Tel Aviv, el pasado jueves por la noche. En la ciudad de Yafo, se ha estado regalando knafe, un dulce árabe, y en la ciudad ultraortodoxa de Bnei Brak se está repartiendo cholent, plato judío típico del centro de Europa que se consume principalmente en la cena del viernes.

Proselitismo etnográfico
A la pregunta de qué te convenció más, acabar con el coronavirus o beber gratis, Inbal, de 17 años, respondió con sinceridad: “La verdad, he venido por la cerveza”. Sin embargo, el joven de 17 años también reconocía que su madre tiene diabetes y eso le preocupaba. Acudió al bar Jenia con su amiga Shani, de 18, y ambas recibieron la primera dosis de Pfizer.

Otros jóvenes, como Mai Peres, de 29 años, contaron que la facilidad de ir a vacunarse a un bar en la ciudad 'que nunca duerme', como se conoce a Tel Aviv, fue lo que no les hizo dudar. “Es cierto que la ciudad lleva dormida casi un año…”, lamentó el portavoz del Ayuntamiento de Tel Aviv, Eytan Schwartz (la municipalidad es una de las promotoras de esta iniciativa). “Pero la idea de este ‘bar de las vacunas’ es que la urbe despierte de una vez: tenemos muchas vacunas, pero nos están faltando los jóvenes”, agregó.

Nuevos casos de coronavirus
En las últimas semanas, las malas noticias son que la mayoría de los casos nuevos de covid en Israel son entre personas menores de 39 años, el 75%, según el Centro de Información del Coronavirus. Se cree que contribuyen a esta situación las mutaciones del virus y la menor tasa de inoculación entre jóvenes; los hospitales informan todos los días de que reciben a personas dentro de ese margen de edad muy enfermas. El informe oficial indicaba que el 15% de pacientes serios son menores de 39 y, desde diciembre, la cifra ha ido en aumento regularmente.

 De los adolescentes que pueden vacunarse, lo ha hecho solo un 30% hasta ahora

Además, de los nuevos casos de coronavirus, el 38% se da en personas de 19 años o menores, y el 37% está entre 20 y 39 años. Este último tramo de edad ha aumentado desde enero en un 8%. Si bien el 65% de los israelíes en sus 40 años ha recibido por lo menos una dosis de la vacuna, igual que casi el 80% de los que están entre 50 y 60 años, y el 90% o más de los de 70 en adelante, menos del 50% de los israelíes en sus 30 lo han hecho y aproximadamente un 40% de los que están en la veintena. De los adolescentes que pueden vacunarse, lo ha hecho solo un 30% hasta ahora.

Hay consenso médico con respecto a que la tercera ola del virus es más agresiva que las anteriores. Más personas se han enfermado de gravedad, sus síntomas son peores y su situación se ha deteriorado, de modo que han necesitado usar respiración artificial más rápidamente. Muchos estaban entre los 40, 50 y 60 años y no todos tenían dolencias previas.

Prevenciones y negaciones
Las dudas sobre la vacuna y el escepticismo se han convertido en una creciente preocupación en las últimas semanas, cuando ha quedado claro que la campaña de inoculación ha perdido empuje en el país líder en vacunaciones.

La prevención es más acentuada entre los menores de 50 años, incluyendo un buen porcentaje de educadores. Y el Gobierno quiere aprobar un proyecto de ley que obligue a los trabajadores cuya labor requiere exposición pública a ser vacunados o hacerse la prueba de covid-19 cada dos días (que por ahora es gratuita, pero se prevé que deje de serlo, como parte de esta política).

El Ministerio de Sanidad también trata de que se pasen órdenes para desvelar al Ministerio de Educación los datos personales del personal vacunado y el no vacunado. El Canal 12 informó la semana pasada que entre el 10 y el 30% de sanitarios siguen sin estar inoculados, y el Gobierno quiere que esta vacuna sea obligatoria para ese sector, como lo son todas las demás.

Además de las medidas legales en discusión, Israel ha iniciado intensas campañas de relaciones públicas de la vacuna según sus muy variadas poblaciones, no solo las comidas y bebidas gratis en los distintos distritos, sino también colocando puestos de vacunación en Ikea, por ejemplo, para terminar la compra con un pinchacito, en lugares como playas y en senderos de bosques donde, tras tanto encierro, los israelíes han salido en tropel a fundirse con la naturaleza. Y a recibir una vacuna que otra.

Zanahoria y antígenos
Una encuesta del pasado martes difundida por el Canal 12 indica que el 25% de los israelíes que no se han vacunado no tiene intención de hacerlo. De los no vacunados, la mayoría teme posibles efectos secundarios y les siguen de cerca los que dudan de su eficacia. Un preocupante 10% menciona que se informa a través de medios sociales.

“La política de la zanahoria, en lugar del palo, no parece mala”, sugiere el sociólogo Jerome Bourdon, de la Universidad de Tel Aviv. “Y obedece a la lógica epidemiológica: cuantos más vacunados, antes se podrá recuperar la vida normal, abrir la economía, por eso creo que las políticas de incentivo, como la pizza o el alcohol, a cambio de vacunarse son algo que muy probablemente esté atrayendo a una porción de la población”.

Una mujer, vacunada en Israel. (Reuters)
Antes de la política del incentivo, el Gobierno israelí puso en práctica la de los 'pasaportes verdes', que desde esta semana limitan el acceso a los no vacunados a diferentes lugares, como centros comerciales, piscinas, gimnasios, cines y teatros. Estas limitaciones no persuaden al 46% de los que no se han vacunado, según la encuesta del Canal 12, pero sí al 31% de los consultados, mientras que un 23% se lo está pensando (la encuesta se realizó entre 503 adultos con un margen de error del 4,4%).

Lo que parecía un truco publicitario, los chupitos o el knafe, en realidad parece funcionar porque apela a un sector de la población que siente rechazo hacia la vacuna, un sector mucho más numeroso de lo que en principio se creía, y que solo necesitaba un pequeño empujón.

El dueño del bar Jenia, Dan Goldschmidt, ofreció un diagnóstico social probablemente fruto de años de roce con el público local: “Los israelíes son mucho menos antivacunas que cómodos. Es una molestia hacer una cita, ponerse en la cola, etcétera. En cambio, si les invitas a tomar una copa y, de paso, les ofreces la vacuna, no se niegan”.

Como en otros lugares, no faltan las manifestaciones de personas que se oponen a las vacunas. La última ocurrió el 18 de febrero en la plaza de Habima de Tel Aviv y reunió a más de 2.000 personas (concurrida para estándares israelíes), según estimó la policía. Sin mascarillas y con pancartas en contra de un Gobierno que da directrices e impone la política de los 'pasaportes verdes'.

Esta postura tiene también un nuevo partido político que le quiere dar voz parlamentaria, se llama Rapé (del verbo hebreo 'curar') y lo encabeza un médico que se dedica a la medicina alternativa, Arie Avni, a punto de perder su licencia, según él mismo ha dicho, por solicitar a la población no respetar las pautas de aislamiento.

Sus consignas son “no pasaporte verde” y sí a “la medicina adecuada”. Es uno de los 39 nuevos partidos que han presentado sus listas para las próximas elecciones de finales de marzo, pero esa es otra historia.

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