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Los claroscuros de Colombia: un oasis de estabilidad que no controla todo su territorio

Analistas consideran que el futuro cuenta con buenos augurios para Colombia si los inversionistas saben ejercitar la paciencia estratégica y evitar el cortoplacismo

General El Confidencial 01 de marzo de 2021
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Teatro Colón. Bogotá. 24 de noviembre de 2016. El entonces presidente, Juan Manuel Santos, aprieta la mano del líder de las FARC, Rodrigo Londoño, alias Timochenko. Acaban de firmar el pacto definitivo de paz, acabando con medio siglo de conflicto armado. Colombia copaba los titulares de los diarios de todo el mundo. Era una renovada irrupción del país en la esfera internacional, tras décadas oscuras.

 El acuerdo prometía el crecimiento de las regiones donde operaba la guerrilla y un efecto tangible en el PIB a medio plazo. Cinco años después, existe un claro progreso en algunas de las zonas antiguamente consideradas como rojas, pero la violencia persiste en varias regiones del país debido al narcotráfico y a la existencia de otros grupos armados.

 “Es el gran lunar que tiene Colombia. El Gobierno no ejerce control territorial sobre toda la extensión del territorio nacional. Es una enorme amenaza para la seguridad jurídica, y particularmente para los inversionistas en zonas riesgosas, en industrias como la extractiva. Es un factor a considerar”, expone Sergio Guzmán, director de Colombia Risk Analysis, una agencia que proporciona análisis de riesgos comerciales, de seguridad, y políticos, para la región andina.

 El analista es, eso sí, optimista con el porvenir de su país, también en cuanto a negocios. “El futuro tiene muy buenos augurios para Colombia, si los inversionistas saben ejercitar la paciencia estratégica e invertir a largo plazo. El país tiene muchas cosas jugando a su favor, como una población joven y creciente. Quedan muchas obras de infraestructura por hacerse y es un lugar donde el océano pacífico es aún una frontera inexplorada”, asegura.

 Destaca Guzmán como positiva la llegada reciente al país de 1,7 millones de venezolanos, la mayoría jóvenes, un fenómeno sin precedentes en la región, que altera sustancialmente la demografía de un país de 49,65 millones de habitantes. “La inmigración venezolana, si bien genera mucha inquietud, ayuda a expandir hacia afuera la curva de demanda agregada, lo cual, por supuesto, implica más consumo”, considera el analista.

 El Gobierno del derechista Iván Duque, que sucedió a Santos en 2018, lejos de impedir esa llegada de venezolanos, la ha regularizado. Decidió, en febrero de 2021, dar papeles por diez años a los ciudadanos del país vecino llegados a territorio colombiano hasta finales de 2020. Los millones de venezolanos tendrán permiso de trabajo por diez años, tras los que podrán establecerse permanentemente en el país.

 Duque, que sucedió a Santos en 2018, lejos de impedir esa llegada de venezolanos, la ha regularizado

 Duque llegó al Gobierno hace tres años, prometiendo fomentar la creación de empresas. El Ejecutivo consiguió la aprobación en el Parlamento de una reforma tributaria que reducía los impuestos corporativos. La pandemia parece haber dado marcha atrás a varios de los cambios introducidos entonces. “El Gobierno se ve obligado a hacer una nueva reforma tributaria ahora, porque se vio corto de ingresos. Las agencias de calificación pusieron al Estado en advertencia. Fitch ya dijo que si se baja la calificación de Colombia por debajo del grado de inversión, ocho empresas de las 21 que califica también verían su nota afectada”, afirma Guzmán.

 La pandemia ha supuesto un mazazo para las finanzas colombianas, aunque el país cafetero parece aguantar mejor que parte importante de sus vecinos las embestidas de la crisis mundial, a pesar incluso de la bajada de los precios del petróleo. El PIB colombiano creció un 3,3% en el año 2019, registrando una de las mejores cifras de la región. El indicador cayó un 6,8% el año pasado, tras la llegada de la pandemia mundial. Fue la mayor caída del PIB de la historia del país, superando, por poco, a la crisis de 1999. Decenas de miles de empresas han echado el cierre.

 Los problemas supusieron un aumento del paro, que venía en ascenso también en los años anteriores. La tasa de desempleo era del 8,7% en 2018. Subió al 10,5% en 2019 y al 15,9% en diciembre de 2020, situación que está generando tensiones sociales y que ha empujado a muchas familias a vivir por debajo de la línea de la pobreza. Muchos de los barrios populares de Bogotá y Medellín se llenaron de banderas rojas en los primeros meses de crisis, en señal de hambre.

 Uno de los sectores más afectados por la crisis es el turismo, el cual estaba creciendo a un ritmo muy favorable tras la firma del proceso de paz y las buenas perspectivas en parte de las regiones donde la guerrilla operaba anteriormente.

 “La duración y rigurosidad del confinamiento en Colombia se extendió más tiempo de lo esperado, terminándose a mitad de septiembre de 2020, tres meses más tarde que las expectativas iniciales de los empresarios hoteleros. La reactivación del sector, como en la mayoría de los países, ha seguido un patrón de escaso turismo internacional, por falta de vuelos y miedo de contagios, y una fuerte activación del turismo vacacional doméstico, lenta recuperación del turismo corporativo, y una escasa demanda para eventos”, comenta Tomás Miró, ‘managing partner’ español de la consultora Regenera Hospitality Trends, especializada en el sector hotelero.

 La economía comenzará a recuperarse este año. El Fondo Monetario Internacional calcula que el PIB crecerá un 4,6% en 2021, y Miró ve posibilidades de inversión. “Surgen oportunidades para capitales españoles para entrar en la adquisición de hoteles urbanos y vacacionales a precios con descuento. Vemos que habrá oportunidades de coste de reposición actualizado menos un 25%. Una de las grandes barreras de entrada en Colombia es el alto precio de la tierra, y en este caso los números harán sentido para los inversores españoles, ya sean hoteleros o fondos de inversión”, asegura.

 “También existe la posibilidad de la adquisición para reconversión a otros usos, como es la vivienda de ancianos asistida y el Co-Living. Tienen todo el sentido, no sólo por la oportunidad sobre el descuento, sino, sobre todo, por el fuerte incremento de la demanda que venían experimentando ambos usos en los últimos años”, añade el consultor Miró.

 También el analista Guzmán apunta a la vivienda como una posibilidad. “El sector inmobiliario tiene mucha proyección al crecimiento por el déficit habitacional que todavía existe en el país. También la infraestructura. Colombia es, además, uno de los países con mayor potencial minero que hay, en industria no carbonífera. Del mismo modo, el sector aeronáutico, además del turístico, puede ser muy importante, debido a la posición estratégica de Colombia frente a toda Sudamérica, siendo que la posición dominante de Avianca será objeto de escrutinio. También el sector financiero, y todo lo que es Fintech, puede ser muy atractivo”, enumera.

 Los expertos puntualizan, eso sí, que Colombia no es un país para inversores cortoplacistas. Hay que tener en cuenta, además, el efecto de la depreciación de la divisa colombiana. Un euro se cambiaba a finales de 2020 por 3.688 pesos. En febrero de 2021 se cambia a 4.376 pesos, aunque los precios se han mantenido estables en un país que no tiene problemas de inflación evidentes.

 Colombia no es un país para inversores cortoplacistas

 “El peso colombiano es un riesgo, pero si para el que tiene pesos colombianos es riesgoso una devaluación, para el que está comprando es una ventaja. Países vecinos como Ecuador están sufriendo mucho en este momento porque su política monetaria no jugó un papel en esta crisis. En cambio, Colombia sí pudo rebajar sus tasas de interés y eso dio unas posibilidades muy positivas al mercado. El país pudo emitir bonos y realizar un 'quantitative easing'. De cierta forma, sí, es una desventaja que la moneda colombiana sea tan débil y, hasta cierto punto, tan volátil, pero dependiendo del inversionista también puede ser una oportunidad”, destaca Guzmán.

 Colombia es un país, además, donde el papeleo no es tan engorroso como en otros países de la región. “Montar una sociedad allí es relativamente fácil, ágil, y no comprende un desembolso muy alto. Si la empresa trae capitales, los procesos son relativamente ágiles y, además, se conceden visados para sus directivos y socios de manera rápida”, comenta el español Miró.

 “El Gobierno de Duque ha implementado procesos para reducir los trámites burocráticos, los cuales también se han visto reforzados y agilizados como consecuencia de la pandemia, con lo que, sin duda, hoy es más rápido que hace tres o cuatro años, y el objetivo es facilitar la llegada de capitales. Sí es cierto que, ya una vez operativa la empresa, los procesos con entidades públicas, muchas ligadas con labores relacionadas con empleados y sus prestaciones, pueden ser más desconocidas y, por ello, más engorrosas. También, si surgen procesos de investigaciones aleatorias, son más largos”, añade Miró.

 El clima empresarial no está exento de la corrupción, que aumenta en las regiones alejadas de los centros urbanos. “Uno de los factores a considerar es la corrupción en la contratación pública, que afecta a distintas partes del país. La contratación pública en Salud, en infraestructura, en educación, en gran medida, tiene unos asuntos de integridad bastante importantes. Son temas de corrupción bastante fuertes, que todavía no se han solucionado. El Gobierno, sobre todo desde que el país pasó a formar parte de la OCDE, ha pasado leyes anticorrupción, pero se sigue dando sobre el papel”, asegura, por su parte, el consultor Guzmán.

 Colombia celebrará elecciones el próximo año. Las posibilidades de reelección de la derecha se reducen. El gobierno está muy desgastado. Probablemente en las urnas confluya una alianza de derecha, liderada por los leales al ex presidente Álvaro Uribe, mentor del actual presidente Duque, además de una coalición de centro izquierda y del líder izquierdista, Gustavo Petro, que alcanzó la segunda vuelta en 2018. Las tres opciones electorales parten, a priori, con posibilidades parejas de imponerse en las urnas.

 Los analistas prevén un aumento de la inquietud empresarial si Petro llegase al poder pero, en cualquier caso, aseguran que la situación financiera en Colombia es más estable y previsible que en buena parte de los países de una región azotada recientemente por crisis políticas, sociales y económicas.

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