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El 'banco del fin del mundo' está bajo el hielo y no guarda ni un céntimo

Bajo el permafrost ártico se encuentra la mayor garantía que tenemos de que, en el peor de los escenarios, podremos seguir cultivando (y comiendo). Casi un millón de semillas son el seguro que tenemos contra el apocalipsis

General El Confidencial 02 de marzo de 2021
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Por Álvaro Hermida

 Una de las grandes mentiras de nuestro tiempo es la importancia que le damos al 'poder' como máximo deseo de los seres humanos. Pero es completamente falso. Todos y cada uno de los reyes, dictadores y presidentes renunciarían a todo lo que tienen si estuvieran muriéndose de hambre y les ofreciéramos un bocadillo. Dicho de otro modo: el verdadero poder es el pan.

 Hoy en día vivimos en un 'jolgorio' alimentario. Tiramos comida sin ton ni son. De hecho, según datos de la OCU, en España desperdiciamos 7,7 millones de toneladas de comida al año (el equivalente al peso de 21 Empire State Building). Si sumamos a nuestras cifras los datos de los otros miembros de la Unión Europea, ese número, según datos de la Comisión de Medio ambiente de la UE, alcanza los 88 millones de toneladas anuales. Dicho de otro modo: tenemos unos hábitos irresponsables como sociedad y, a grandes riesgos, no nos falta comida. Por supuesto, no nos olvidamos de que hay, por desgracia, miles de personas en nuestro país que no están en esta situación de 'desmadre alimentario' y se ven obligadas a recurrir a los bancos de alimentos. Pero esto no hace sino agravar el hecho de que tiremos 7,7 millones de toneladas de comida.

 Pero todo cambia. La agricultura, la mayor fuente de alimentos de la que disponemos, no está exenta de riesgos. Enfermedades, accidentes, catástrofes naturales, cambio climático, aumentos de la salinidad de los terrenos de cultivo, sobreexplotación, mutaciones, guerras... Todos estos eventos podrían, al menos en determinadas áreas del planeta, poner en un serio aprieto la producción de alimentos. Es por esto que en 2008 se abrió un auténtico búnker bajo el hielo ártico de la isla de Svalbard, en aguas noruegas y a escasos kilómetros del polo norte: el Banco Mundial de Semillas de Svalbard.

¿Cuáles son las probabilidades de que sea necesario?
La respuesta es muy clara: un 100%. La razón de que esto sea así es que ya ha ocurrido con anterioridad. En 2011 y en 2012 la reserva de semillas de Filipinas se inundó y se quemó respectivamente, destruyendo gran parte de las reservas de semillas de las islas y, como informan desde la FAO, los conflictos bélicos de los últimos 30 años en Oriente Medio han hecho desaparecer completamente los bancos de semillas de Irak y Afganistán.

 Un claro ejemplo de para qué sirve el Banco de Semillas de Svalbard es el caso de Siria, que con una guerra en su territorio que empezó hace justo 10 años, aseguró sus semillas en este ártico sitio seguro. En total, el gobierno de Bashar al-Ásad ha asegurado 110.000 semillas en este búnker noruego.

Bunker noruego                                                                                                                                                                                    Foto: Reuters

El número de muestras es impresionante: en 2008, año de su apertura, se inauguró con un total de 320.549 muestras y, 11 años después, esa cifra alcanzó las 992.032 (que teniendo en cuenta las retiradas por los propietarios, la cifra real de ingresos superó el millón). Esa retirada ocurrió debido a la guerra en Siria, dado que debido a determinados problemas a la hora de transportar las semillas del International Center for Agricultural Researcha en the Dry Areas (situado en) Aleppo a Beirut se perdieron miles de muestras.

 Además, almacenar semillas en él es completamente gratuito, dado que diversas oenegés (como la fundación Bill & Melinda Gates) además del propio gobierno noruego, costean los gastos de almacenaje.

 El Banco de Semillas de Svalbard es un auténtico búnker, diseñado para soportar cualquier inclemencia natural (o artificial) a la que pueda ser expuesto. Se instaló a propósito bajo el permafrost de la isla ártica para asegurarse de que, en el peor de los escenarios posibles, si fallase la electricidad, el hielo que lo rodea ayudase a mantener las majas temperaturas en su interior (-18 ºC). Además, las salas de almacenaje de las semillas se encuentran en una atmósfera muy pobre en oxígeno, lo que ayuda a reducir el envejecimiento natural de estos frutos.

 La simple existencia de este lugar es una preocupación, pues implica que podría ser necesario llegado el momento, y eso significaría que estamos en un serio aprieto. Ahora mismo, nuestra mayor amenaza es la crisis climática que, en efecto, podría poner en serio peligro cultivos milenarios de determinadas zonas de nuestro planea, reduciendo las cosechas y provocando una seria crisis humanitaria.

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