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Operación Alaska: la hora de la verdad sobre el futuro de la relación entre China y EEUU

La decisión de EEUU de imponer sanciones contra 24 funcionarios de China y Hong Kong en la víspera del encuentro hace prever pocos avances en las tensas relaciones entre las dos superpotencias

Mundo Paloma Almoguera. El Confidencial 19 de marzo de 2021
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Joe Biden. (Reuters)

A tenor de las circunstancias, la gélida Alaska no será el escenario más proclive para templar las frías relaciones entre China y Estados Unidos. Durante un 'tour' previo por Japón y Corea del Sur, en el que supone el primer viaje conjunto del secretario de Estado, Anthony Blinken, y su par de Defensa, Lloyd Austin, desde el relevo en la Casa Blanca en enero, ha quedado claro que habrá pocos cambios en la dinámica entre las dos primeras economías mundiales, salvo, tal vez, la forma de comunicarse: aunque los bruscos tuits de Donald Trump han pasado a mejor vida, el mensaje hacia Pekín por parte del presidente Joe Biden y su equipo es igualmente poco amistoso.

 Blinken y Austin han aprovechado su gira por países asiáticos aliados de Estados Unidos para hacer frente común contra China y sentar el tono del encuentro del jueves en Anchorage, Alaska, que el secretario de Estado y el consejero de Seguridad Nacional, Jack Sullivan, mantendrán con el ministro de Exteriores chino, Wang Yi, y el consejero de Estado, Yang Jiechi. Esta es la primera cita de alto nivel entre ambos países desde que Biden se convirtió en presidente. Durante la visita de los estadounidenses a Japón el miércoles, Washington soltó la bomba diplomática, anticipando que la cita con los políticos chinos será de todo menos distendida: la imposición de sanciones sobre 24 funcionarios chinos y hongkoneses debido a la represión de las libertades políticas en la región semiautónoma china por parte de Pekín.

 “Un Hong Kong próspero y estable que respete los derechos humanos, las libertades y el pluralismo político sirve a los intereses de Hong Kong, la China continental y toda la comunidad internacional. Estados Unidos se une a sus aliados para defender los derechos y libertades de la población de Hong Kong y actuaremos cuando la República Popular de China no cumpla con sus obligaciones”, puntualizó Blinken. Las sanciones están amparadas por la ley de autonomía de Hong Kong, que el Congreso estadounidense aprobó durante la Administración Trump.

 Entre los sancionados están Wang Chen, uno de los 25 miembros del Politburó de China —el segundo principal órgano de decisión del país—, y Tam Yiu-chung, el único hongkonés que estuvo en el comité que redactó la ley de seguridad nacional, promulgada el pasado junio. La normativa introduce cambios significativos en el marco legal de Hong Kong desde que regresó a la soberanía china en 1997, y sus críticos aducen que destruye el régimen de libertades que Pekín se comprometió entonces a preservar en esta región hasta 2047. Las sanciones se aprueban, además, cuando se debate una nueva ley para que solo “verdaderos patriotas” puedan ocupar cargos de responsabilidad en los órganos de poder del territorio autónomo, ya sea el Gobierno local o el Parlamento hongkonés, lo que se percibe como una nueva herramienta para prevenir el disenso.

China contraataca
Pekín no tardó en responder al anuncio de Washington, un jarro de agua fría si aún quedaba una mínima esperanza de que hubiese un nuevo comienzo en las relaciones bilaterales más importantes del planeta. “(La imposición de nuevas sanciones) deja totalmente al descubierto la siniestra intención del lado estadounidense de interferir en los asuntos internos chinos, perturbar Hong Kong y obstruir la estabilidad y el desarrollo de China”, dijo el miércoles en una rueda de prensa en Pekín el portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Zhao Lijian. Los intentos de Washington de sentar las bases del encuentro “están destinados a fracasar. China transmitirá su posición a través del diálogo”, añadió.

 De cara a la galería, ambos países han mantenido posturas diferentes frente a la cita diplomática. Si Estados Unidos ha preferido mostrar garra para advertir a Pekín que el Gobierno de Biden no se lo pondrá más fácil que el de su imprevisible predecesor, China había optado por verla como una ocasión de alterar el curso de la deteriorada relación. “Pekín ha estado hablando de su deseo de cambiar el tono de la relación, pero nosotros estamos esperando hechos, no palabras, por ese lado”, aseguró esta semana un funcionario de la Casa Blanca.

 En esta línea, los estadounidenses han ido repasando su lista de “preocupaciones” acerca de la otra superpotencia del Pacífico durante la gira asiática. Un repertorio que no es corto. “China utiliza la coerción y la agresión para erosionar de forma sistemática la autonomía de Hong Kong, limitar la democracia de Taiwán, cometer abusos contra los derechos humanos en Xinjiang (región noroccidental china, hogar de la minoría uigur, víctima de un genocidio por parte de China, según el Gobierno de Trump) y Tíbet, e imponer sus reclamaciones territoriales en el mar de China Meridional, violando la ley internacional”, dijo Blinken en Tokio.

 Uno de los objetivos de Blinken durante sus encuentros con sus homólogos asiáticos ha sido reiterar el compromiso de Estados Unidos con proteger el Indo-Pacífico, el modo elegido por sus predecesores en la Casa Blanca para referirse a la región, incluyendo a India como contrapeso de China. El miércoles, el secretario de Estado denunció desde Tokio la expansión marítima de Pekín alrededor de las islas Senkaku —a las que Pekín llama Diayou, reclamadas por China y Japón y situadas en el mar de China Oriental— y Taiwán. La segunda economía mundial, censuró el secretario de Estado, “está actuando cada vez de modo más represivo, tanto en casa como fuera”.

 “Es importante para nosotros dejar claro que China no puede esperar actuar con impunidad”, añadió, reiterando el compromiso de Estados Unidos de defender Japón, en virtud del tratado de seguridad entre ambos países. “El cual incluye a las Senkaku”, remarcó Blinken desde Tokio. Sus comentarios se producen después de que embarcaciones chinas hayan patrullado recientemente cerca de dichas islas, cuando Pekín acaba de aprobar una ley que otorga a su patrulla costera estatus cuasi militar, lo que les permite disparar contra embarcaciones foráneas.

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Durante su posterior paso por Seúl, la última escala de la gira antes de la reunión de Alaska, Blinken defendió la importancia de la cooperación trilateral entre Estados Unidos, Japón y Corea del Sur para “asegurar un Indo-Pacífico libre y abierto” durante un encuentro con el ministro de Exteriores surcoreano, Chung Eui-yong. No obstante, la ambición de Washington de incorporar a Seúl en su estrategia para restar la influencia de China en una región por cuyas aguas pasa un tercio del comercio mundial choca con las renuencias de Corea del Sur a formar parte clara del tripartito. Seúl ha mantenido una prudente distancia con los planes de su aliado americano para no deteriorar sus lazos con Pekín, mientras su compleja relación con Tokio no pasa por su mejor momento.

 Pero Estados Unidos cuenta con más apoyos. El viernes pasado, los dirigentes del país norteamericano, Japón, India y Australia —los cuatro miembros del Diálogo de Seguridad Cuadrilateral, conocido informalmente como el 'Quad'— mantuvieron su primera cumbre —digital por las circunstancias— en el marco de este grupo, surgido hace casi 15 años. Con el claro objetivo de contrarrestar el creciente poder de China en el “Indo-Pacífico”, los líderes discutieron temas clave para mermar la influencia de Pekín en varias áreas.

 En el lado tecnológico —llamado a ser el gran punto de fricción entre China y Estados Unidos—, las cuatro naciones acordaron buscar formas de colaborar en la producción de tierras raras, material básico para la fabricación desde coches eléctricos a móviles. China produce hoy día casi un 60% de este componente a nivel mundial, generando una gran dependencia hacia el gigante asiático. Las charlas del Quad sucedieron a la aprobación en la víspera del nuevo plan quinquenal chino (diseñado para el periodo 2021-2025), centrado en el desarrollo tecnológico y la autosuficiencia ante la actual volatilidad de las cadenas de suministro.

 El cuarteto también acordó la entrega de 1.000 millones de vacunas contra el coronavirus producidas en India, con la financiación de Estados Unidos y Japón, a países del sureste asiático. Muchas naciones de esta región, entre ellas Indonesia, Filipinas y Singapur, han firmado acuerdos con farmacéuticas chinas, en lo que Blinken denunció desde Tokio como parte de la “diplomacia de las vacunas” de Pekín. “Estos acuerdos vienen con condiciones, algunas ya expresadas y otras que se pueden producir más adelante si los países quieren recibir las vacunas”, dijo el secretario de Estado. Por su parte, el Ministerio de Exteriores chino anunció en febrero que ha planeado suministrar vacunas a un total de 53 países. Esta semana, China anunció la flexibilización de los requisitos de entrada al país para los extranjeros inoculados con dosis chinas.

 La agenda para Alaska se presenta llena, apenas inabarcable para un encuentro dividido en tres sesiones de tres horas cada uno, sin ocasión para la distensión en los interludios —ni siquiera una cena prevista— debido a las restricciones pandémicas. Las probabilidades, por lo tanto, de un deshielo en Alaska son mínimas. Ambas partes tampoco se han puesto de acuerdo en la forma de referirse a la cita: para Pekín es un “diálogo estratégico” que podría dar pie a más y de mayor nivel, mientras Washington rechaza tal descripción y lo considera un encuentro aislado, a expensas de ver un “progreso tangible en los —múltiples— asuntos que nos preocupan de China”, según su departamento de Estado.

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