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Qué puede hacer Europa para evitar una espiral de violencia entre EEUU e Irán

Washington y Teherán están jugando a un peligroso juego de escalada y contraescalada que puede desencadenar enfrentamientos militares a gran escala

Mundo El Confidencial 22 de marzo de 2021
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Muchos estadounidenses y europeos aplaudieron la reciente voluntad del presidente Joe Biden de autorizar ataques militares contra grupos armados respaldados por Irán en Siria. Esta demostración de fuerza era necesaria, argumentan, para establecer la credibilidad de la nueva administración estadounidense y para disuadir futuros ataques contra sus fuerzas y las de la coalición internacional. También hay un sentimiento entre los europeos de que, debido a que Biden no es Donald Trump, ahora Estados Unidos puede llevar a cabo ataques militares de una manera calibrada que evite la escalada. Pero, en los caóticos campos de batalla del Medio Oriente, este argumento es una peligrosa falacia.

 Sin un giro rápido y sustantivo hacia una estrategia diplomática de aproximación hacia Irán, algo de lo que habla la administración Biden, pero sin que haya actuado de manera significativa al respecto, existe un riesgo agudo de escalada militar. Una serie de incidentes recientes en Yemen, Arabia Saudí y el Golfo de Omán indican cuán febril se ha vuelto el entorno regional.

 A pesar de sus reiterados votos de poner fin a las "guerras eternas" de Estados Unidos, la administración Biden no tardó en llevar a cabo sus primeros ataques militares. El 26 de febrero, Estados Unidos atacó a grupos armados iraquíes respaldados por Irán, incluido Kataib Hezbolá, que operaba en la frontera sirio-iraquí. La Casa Blanca y los gobiernos europeos involucrados en la coalición anti-ISIS describieron este movimiento como una respuesta proporcionada a los ataques que estos grupos supuestamente llevaron a cabo en una base en Erbil a principios de ese mes. Algunos comentaristas argumentaron que el ataque definió cuidadosamente nuevas líneas rojas para Irán y las milicias respaldadas por la república islámica. Pero, en solo cinco días, otro ataque con cohetes tuvo como objetivo a las fuerzas de la coalición en la base iraquí de Ain al-Asad.

 Claramente, estos ataques contra las fuerzas estadounidenses y de la coalición merecen ser condenados. Pero también debería estar claro a estas alturas que, sin una estrategia política coherente para resolver las tensiones dentro de Irak y entre Estados Unidos e Irán, los ataques estadounidenses solo acelerarán un ciclo de escalada de ojo por ojo que acerca a Washington y Teherán a un choque militar directo. Este es precisamente el objetivo de las milicias iraquíes, que ven la presión militar como el medio más eficaz de expulsar finalmente a Estados Unidos del país. Para algunos halcones en Irán, el juego de la escalada también resulta útil para dañar las perspectivas de la diplomacia estadounidense-iraní y aumentar la influencia de Teherán de cara a posibles negociaciones nucleares y regionales, incluidas las relacionadas con el conflicto en Yemen.

 La narrativa de que una respuesta militar de Estados Unidos establecerá las reglas del juego en Irak ha demostrado una y otra vez ser falsa. Al igual que el asesinato ordenado por Trump del general iraní Qassem Soleimani, la reciente demostración de fuerza de Biden no ha contribuido a crear una disuasión significativa o a cimentar nuevas reglas.

 A pesar de sus promesas de reajustar la política de Estados Unidos sobre Irán, Biden está continuando, en esencia, la campaña de máxima presión de la era Trump, diseñada para obligar a Teherán a hacer concesiones. Esto puede deberse en gran parte a las presiones internas para que Biden mantenga una posición firme sobre Irán y la priorización de la agenda nacional por parte del presidente, para lo cual necesita el apoyo del Congreso. Pero este es el mismo enfoque que el equipo de Biden criticó durante su candidatura a la presidencia, exponiendo el riesgo de conflicto y afirmando que la máxima presión solo había llevado a Irán a expandir su programa nuclear.

 En el período previo a las elecciones estadounidenses de noviembre y durante varias semanas después de la toma de posesión de Biden, los líderes iraníes aparentemente respondieron con un periodo de calma y los grupos armados iraquíes redujeron sus provocaciones. Pero la última serie de ataques sugiere que Irán y estas milicias están cada vez más frustrados ante las señales de que la política estadounidense se mantendrá prácticamente sin cambios.

 Estados Unidos puede sentir una necesidad legítima de responder a los ataques con la fuerza militar, pero, a menos que también busque una vía para una salida diplomática viable, el país corre el riesgo de verse arrastrado a una mayor escalada. Y, si bien la administración Biden puede afirmar que realmente está ofreciendo a Irán una vía política, sus acciones contradicen sus palabras. Desde que se convirtió en presidente, Biden no ha hecho grandes avances para aliviar la presión sobre Irán, incluso en el frente humanitario. Esto a pesar del reconocimiento generalizado de que la administración Trump, y no Teherán, fue el responsable inicial a la hora de socavar el acuerdo nuclear de 2015.

 La única forma de avanzar es reactivar rápidamente la diplomacia con Irán, una vía en la que los europeos deberían desempeñar un papel importante, dados los impedimentos al compromiso entre Estados Unidos e Irán. Inicialmente, deberían centrarse en presionar tanto a Washington como a Teherán para que tomen medidas para revivir el acuerdo nuclear, sin el cual es imposible imaginar una desescalada regional. El reciente acuerdo entre Irán y la Agencia Internacional de Energía Atómica (OIEA) para permitir que continúe el monitoreo de las instalaciones nucleares iraníes —así como la reciente decisión de la Junta de Gobernadores de la OIEA de no proceder con una resolución de censura liderada por Europa— ha abierto una ventana de tres meses para las conversaciones políticas, tras la cual Irán celebrará elecciones presidenciales.

 Biden necesita con urgencia iniciar medidas serias para fomentar la confianza de cara a la reactivación del acuerdo como parte de un proceso sincronizado, en lugar de seguir insistiendo en que Irán vuelva a cumplir plenamente —o dé el primer paso hacia— el cumplimiento del acuerdo antes de que Estados Unidos haga lo mismo. Los estados europeos deberían ayudar a liderar este proceso en lugar de tomar medidas que compliquen los esfuerzos para llegar a un acuerdo.

 Como miembros de la OTAN y la coalición anti-ISIS, los estados europeos también tienen interés en evitar una escalada más amplia entre Estados Unidos e Irán en Irak, un desarrollo que podría poner en riesgo a las tropas europeas. Aquí, el progreso en el frente nuclear podría servir como una vía hacia la calma, como lo demuestra la aparente voluntad inicial de Irán de presionar a las milicias iraquíes para que reduzcan sus ataques. Pero la determinación de Estados Unidos, Irán y otros actores regionales de demostrar que las conversaciones nucleares no debilitarán su resolución sobre cuestiones regionales podría, a la inversa, aumentar las tensiones entre ellos incluso a medida que avanzan estas discusiones.

 Para evitar este resultado, los europeos deberían ser proactivos a la hora de desescalar la situación en el terreno, utilizando contactos con actores políticos y de seguridad iraquíes —así como recursos como la misión ‘European Maritime Situation Awareness’ en el Estrecho de Ormuz— para evitar los enfrentamientos entre rivales. Los europeos también deberían forjar una asociación estrecha con los estados de Oriente Medio de ideas afines para presionar tanto a Teherán como a Washington para que desistan de una mayor escalada. Estos estados incluyen no solo a Omán y Kuwait, sino también a los Emiratos Árabes Unidos, que recientemente han mostrado un nuevo entusiasmo por la diplomacia. Los europeos también deberían aprovechar al máximo sus contactos con líderes iraníes de alto nivel con el objetivo de ampliar las vías para las negociaciones regionales, incluidas las supervisadas por las Naciones Unidas en Yemen.

 Estados Unidos e Irán pueden creer que son expertos en gestionar el juego de la escalada y la contraescalada, pero ha habido múltiples ocasiones en las que los acontecimientos han estado a punto de salirse de control. Los países ahora tienen una pequeña oportunidad de romper con la destructiva era Trump, pero el camino se está estrechando rápidamente. Los actores occidentales deben responder con inteligencia si quieren evitar una escalada.

 *Análisis publicado en el European Council on Foreign Relations por Julien Barnes-Dacey y Ellie Geranmayeh y titulado 'Force of habit: Why the US risks being sucked into a military showdown with Iran'

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