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El Bitcoin sube, al igual que su masiva huella de carbono

Su intangibilidad puede hacernos creer que no tiene un gran impacto sobre el mundo material, pero nada más lejos de la realidad. Cada año, generar Bitcoins requiere más de la mitad de la electricidad que consumimos en toda España

General El Confidencial 26 de marzo de 2021
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18.663.031,25, ese es el número de bitcoins que hay ahora mismo en circulación en el mundo. Si tenemos en cuenta que, en el momento de escribir estas líneas el valor de cada una de estas criptomonedas ronda los 47.700 €, podemos decir que, en circulación, hay aproximadamente 890.226 millones de Euros. Una cantidad desorbitada.

 Su rápido aumento de valor no ha hecho sino llamar la atención de inversores, grandes y pequeños por igual, así como de 'mineros', peleándose por obtener nuevas monedas. Una inversión segura, dicen. No es de extrañar si tenemos en cuenta que hace justo un año, el precio de esta criptomoneda rondaba los 6.000€.

 "Las energías renovables en el Bitcoin no son una historia de éxito. Solo un 39% de la energía consumida proviene de fuentes renovables"

 Segura e intangible a partes iguales, su aparición marcó el inicio de una nueva era económica, nos guste o no, que está alterando tanto práctica como filosóficamente los cimientos en los que se basaba, hasta ahora, la economía mundial. Pero como toda buena moneda tiene otra cara, en este caso más que mala: para generar Bitcoins se necesita una enorme cantidad de dos recursos clave: poder de computación y energía eléctrica. Y este es el problema: a pesar de la intangibilidad de estas monedas, las consecuencias de la generación de esos recursos que utilizan sí son tangibles, peligrosos y masivos.

 El consumo eléctrico del Bitcoin es increíble. Según algunas estimaciones, como la que llevan a cabo día a día desde el Digiconomist’s Bitcoin Energy Consumption Index, creado por el científico de datos Alex de Vries. En este momento de marzo se ha alcanzado el mayor pico de la historia de esta criptomoneda (a lo que consumo eléctrico se refiere) alcanzando los 87,16 Teravatios-hora al año. Para que nos hagamos una idea, es un consumo eléctrico muy similar al que tiene todo el país de Finlandia, o el 36% del consumo eléctrico español. Pero otras fuentes, como el Cambridge Bitcoin Electricity Consumption Index, elaborado por la prestigiosa universidad británica, considera las anteriores estimaciones bajas, situándola en 136.33 Teravatios-hora al año, el equivalente al consumo eléctrico de Suecia (o el 51% del total del consumo eléctrico español).

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En total, según estas estimaciones, el 'minado' de bitcoins representa entre el 0,3% y el 0,58% del total del consumo eléctrico mundial, una cifra nada desdeñable. Toda esa electricidad tiene un impacto medioambiental. En algunos casos, como la que es generada gracias a la acción del viento, esa 'huella de carbono' es muy pequeña, limitándose a la fabricación de los molinos, su transporte y a la producción de la infraestructura necesaria para llevar esa electricidad a su destino. En otros, como en las grandes plantas de carbón la huella de CO₂ es inmensa.

 El tipo de generación eléctrica varía enormemente entre país y país, con lo que el lugar en el que se ha producido cada bitcoin tiene una gran importancia a la hora de determinar como de 'verde' es cada uno de ellos. A día de hoy, nuestra única herramienta para determinar estos factores es echar mano de los datos que tenemos (dónde se encuentran los principales núcleos de 'minado') y de las subsiguientes estimaciones. Por ejemplo, sabemos que las mayores instalaciones de minado de bitcoin se encuentran en China, un país enormemente dependiente de la energía proveniente del carbón. De hecho, según datos de la Administración de Información de Energía de Estados Unidos (EIA por sus siglas en inglés), el 58% de los 5.225 Teravatios-hora que produce al año el gigante asiático provienen del carbón, seguidos por el 20% generados del petróleo y el 8% sacados del gas natural. De hecho, solo un 13% de la energía China proviene de fuentes renovables, y, si tenemos en cuenta la generación nuclear (que no es que sea buena para el medio ambiente, pero que su huella de carbono es menor que la de los combustibles fósiles) esta cifra solo asciende al 15%.

 En declaraciones a El Confidencial, Alex de Vries explica que "las energías renovables en el Bitcoin no son una historia de éxito a día de hoy. Solo un 39% de la energía consumida proviene de fuentes renovables, y esos datos están facilitados por los propios mineros", con lo que su veracidad puede quedar en entredicho. Y el problema chino no solo ocurre de cara al exterior, sino también en el interior. Como explica De Vries, "los mineros en el país asiático están migrando de norte a sur y viceversa durante todo el año. En invierno se concentran en el norte, donde es más barata la energía debido a las grandes concentraciones de carbón, mientras que en verano y durante el monzón se dirigen al sur, donde la energía hidroeléctrica baja mucho de precio. Hacen esto buscando más rentabilidad".

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Hay que tener en cuenta, además, que las renovables son la fuente de energía menos ideal para la generación de bitcoin, dado que, como explica De Vries: "Si estás minando bitcoin, necesitas energía barata 24 horas al día 7 días a la semana y muy pocas fuentes de energía renovable pueden proveer eso".

 Por poner un contexto a esos datos, si esos mismos Bitcoins se 'minasen' en suelo español, las fuentes energéticas serían muy distintas. Según datos de Red Eléctrica de España, el 43% de la energía que generamos en nuestro país es renovable, y, si a eso le añadimos las fuentes no renovables, pero que si son 'libres' de emisiones de CO2, esa cifra sube hasta el 66,9%. A esto hay que sumarle que nuestra generación de electricidad dependiente del carbón es mínima (poco más del 5% según datos de la Agencia Internacional de la Energía (IEA por sus siglas en inglés).

 Las estimaciones que realizan desde Digiconomist sobre la huella de carbono directa producida por el Bitcoin alcanza los 41,40 millones de toneladas de CO₂, equivalente a algo más del total de dióxido de carbono que Suiza emite a la atmósfera o el 14% de las emisiones españolas. Aproximadamente se minan 900 Bitcoins nuevos cada día, esto sitúa el 'valor en CO₂ emitido' de cada Bitcoin en las 126 toneladas. Una contaminación más que seria.

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Y eso si no tenemos en cuenta la otra (ya es la tercera) cara de la moneda: los residuos tecnológicos. Todo ese poder de computación requiere de materiales nueva tecnología, que va mejorándose año a año, convirtiendo a los recursos de hace 5 años en obsoletos. Esos millones de toneladas de basura tecnológica alcanzan, a día de hoy, las 10.800 toneladas anuales en material, gran parte del cual no es reciclable. La fabricación de estas nuevas tecnologías, además, también tiene una huella de carbono propia, lo que no hace sino aumentar el problema todavía más.

Ineficiente por diseño
El propio concepto del Bitcoin, y de gran parte del resto de criptomonedas (que también tienen huella de carbono) es que sea muy difícil de obtener. Cada ordenador dedicado al minado debe realizar complicadísimas operaciones matemáticas para minar 'bloques' (cada bloque contiene 6,25 Bitcoins). Existe una competición constante para conseguir resolver esas operaciones y obtener así el bitcoin, y no solo eso, sino que la red de computación también es necesaria para realizar las transacciones de esta criptomoneda y añadir nuevos 'bloques' al famoso 'blockchain'. De esto también sacan rentabilidad los 'mineros' (y, por supuesto, también consume energía).

 La parte 'buena' es que existe una cantidad finita de monedas que pueden ser obtenidas: 21 millones (y ya llevamos 18,6). El problema es que cada vez es más difícil obtenerlas: "Cada 4 años la cantidad de bitcoins que se produce se reduce a la mitad", explica Alex de Vries. Esto significa que, a pesar de que hay una cantidad total de Bitcoins (y también de su huella de carbono asociada), este 'minado' no acabará hasta el año 2140, 119 años desde este momento. Al mismo tiempo, la cantidad de recursos que se dedican a este fin aumenta con cada segundo que pasa, por lo que, la huella de carbono no para de crecer.

Las soluciones
Llegados a este punto es de esperar algo así como: "solo es necesario legislar", pero no es posible tal cosa. El bitcoin en general es un mercado exento de regulación gubernamental (porque es prácticamente imposible llevar a cabo tal cosa). "Por ejemplo, Mongolia prohibió hace poco la minería de bitcoin en su territorio debido a la sobrecarga que suponía para su red eléctrica. Lo que ocurrió, al igual que con determinados 'mineros' en el norte de china, es que migraron a Irán, donde pueden tener acceso a electricidad proveniente de petróleo barato y sin regular".

 La única fórmula que nos queda, explica el científico, "es que se pongan de acuerdo tanto los operadores como los mineros para buscar soluciones conjuntas". La gente va a seguir buscando nuevas monedas, como si de un barco español hundido se tratará, porque están ahí, se sabe, solo hay que encontrarlas. Pero si alteramos el sistema de tal modo que el bitcoin, en su totalidad, se vuelva 'verde' es, como explica el investigador, "teóricamente posible".

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