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Annalena Baerbock es la mujer que puede convertirse en la primera canciller verde de Alemania

Ha sido elegida este lunes por la dirección de Los Verdes alemanes como candidata a la Cancillería en las elecciones del 26 de septiembre

Mundo El Confidencial 19 de abril de 2021
Annalena Baerbock (Reuters)
Annalena Baerbock (Reuters)

Annalena Baerbock ha sido elegida este lunes por la dirección de Los Verdes alemanes como candidata a la Cancillería en las elecciones del 26 de septiembre. Su nombre dice poco para muchos en Alemania. Y nada en Europa. Pero muchos coinciden en destacar las virtudes y potencial de esta política pragmática, resuelta y competente de 40 años, aunque sin experiencia de gestión. Los sondeos están dando alas a los sueños y las ganas de poder de Los Verdes ante los comicios más inciertos en años por la pandemia y la marcha de Angela Merkel tras 16 años en el poder. Si hace meses se apostaba por una coalición de conservadores y verdes, ahora la caída de los cristianodemócratas en las encuestas y la popularidad de los ecologistas está acercando otras opciones. Y algunas con Los Verdes liderando la próxima coalición en Berlín.

 Baerbock, copresidenta de Los Verdes desde 2018, desborda energía, competencia y confianza. La falta de experiencia en el ámbito de la gestión, una de sus principales debilidades, la suple con mucha preparación, amor por el detalle y tenacidad. Sorprendió a muchos -entre ellos a la propia Merkel- en las negociaciones para formar gobierno tras las elecciones generales de 2017, cuando se trató de fraguar una coalición de conservadores, verdes y liberales. "Tiene la fuerza interior y la decisión más absoluta para lograr lo que se propone. Muchos en el partido confían en ella para el puesto. La opinón mayoritaria (en Los Verdes) es que Baerbock es asombrosamente competente en lo técnico y una muy buena negociadora", asegura Ulrich Schulte, director de la sección parlamentaria del diario Tageszeitung y autor del libro "El poder verde".

 La líder verde, con dos hijos, ha mamado desde su infancia el ecologismo, la sostenibilidad y el activismo. Nació en una granja cerca de Hannover, en su guardería colgaban carteles de Greenpeace y sus padres la llevaron en alguna ocasión a manifestaciones antinucleares. Luego estudió Ciencias Políticas e hizo un máster en derecho público internacional en la prestigiosa London School of Economics, donde forjó su solidez en el ámbito económico y social. Su trayectoria política es meteórica. Ha pasado por la política regional y el Bundestag -donde ha conseguido algunas mayorías transversales para sacar adelante sus propuestas pese a estar en la oposición- y ejerció durante tres años en Bruselas de jefa de gabinete de la eurodiputada verde Elisabeth Schroedter.

 Segura de sí misma y convincente, es buena en las distancias cortas y una oradora combativa y apasionada, que sabe llegar combinando argumentos y emoción. "Soy del tipo pragmático", aseguró en una ocasión. En otra, ante los delegados de su partido, se definió como una "realista radical". Preguntada si se atrevía a ser canciller, respondió "sí" sin dudarlo. Nadie ha caído del cielo al puesto, agregó: "Todos tuvieron que aprender" al llegar. A su juicio, un buen jefe de gobierno debe "tener los pies en el suelo", además de "tener perspectiva" y un "conocimiento profundo" de la realidad. "La política no sólo se hace con la cabeza, también con el corazón. La capacidad de reflexionar una y otra vez y, a la vez, afrontar con valentía los grandes retos", afirmó.

 Su nominación, que debe ratificar -por puro trámite- el partido en un congreso previsto para el 12 y 13 de junio, se ha producido de forma ejemplar, pues no ha trascendido ningún desencuentro con el otro postulante, el otro copresidente del partido, Robert Habeck. La negociación interna ha sido impecable y contrasta fuertemente con el proceso descarnado y a tumba abierta que se está viviendo en el bloque conservador, donde los líderes de los dos partidos que la conforman, Armin Laschet y Markus Söder, están peleándose por la nominación sin cuartel, hasta infringir un daño aún difícil de cuantificar en el bloque. Este domingo se sobrepasó el plazo que se dieron para anunciar un candidato sin lograr un acuerdo. Una reunión nocturna en Berlín entre los dos concluyó sin un consenso.

El reflexivo, en segundo plano
Habeck, de 51 años, es el reflexivo del dúo al frente de Los Verdes. Doctor en filosofía, vegetariano y autor -junto a su mujer- de cuentos para niños, novelas (una se ha llevado a la televisión) y una obra de teatro, es conocido por su encanto natural, su telegenia, su permanente apariencia relajada y segura. Padre de cuatro hijos, entró en política por casualidad. Acudió a una reunión de una delegación local de Los Verdes porque quería un carril bici seguro por el que sus hijos pudieran ir al colegio. Y salió elegido ese mismo día portavoz del grupo. De ahí, a la presidencia del partido, pasando por el Ejecutivo del estado federado de Schleswig-Holstein, donde fue responsable de Medioambiente.

 Su carácter pausado y hasta melancólico, junto a su apariencia relajada, no le han librado, sin embargo, de deslices y polémicas al defender sus posiciones. Se ha convertido en objetivo recurrente de la ultraderecha por haber asegurado, en un libro titulado "Patriotismo: un alegado de izquierdas" que "el amor a la madre patria" le hace "vomitar". En 2019, además, abandonó Twitter tras dar a entender que el estado federado de Turingia no era un Land "abierto, libre, liberal y democrático", quizá sólo por la ambigüedad con que lo redactó. En Instagram, sin embargo, sigue colgando fotos con frecuencia.

Primer candidato verde
La nominación de Baerbock es mucho más que poner el foco sobre una persona. Por primera vez en 40 años de vida Los Verdes nominan a un candidato a la Cancillería. Este paso lo daban hasta ahora solamente el bloque conservador y el Partido Socialdemócrata (SPD). Estas dos formaciones eran las únicas con opciones de encabezar un Ejecutivo de coalición en Alemania. Pero la situación ha cambiado en los últimos años. Eso dicen de forma consistente las encuestas de intención de voto, que sitúan a Los Verdes como segunda fuerza política de Alemania, tan sólo por detrás de los conservadores de Merkel y por delante de los socialdemócratas, desde finales de 2018.

 Según los últimos sondeos recogidos por la consultoría política Pollytix, la CDU/CSU obtendría entre el 27 y el 31 por ciento de los votos (frente a los 32,9 por ciento de las elecciones de 2017) si se celebrasen elecciones generales este domingo. Los Verdes, por su parte, quedarían segundos, al hacerse con entre el 20,5 y el 23 por ciento (8,9 por ciento en 2017). Les seguirían el SPD, con entre el 14 y el 17 por ciento (20,5 por ciento en 2017), el ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), con entre el 10 y el 12 por ciento (12,6 por ciento en 2017), el Partido Liberal (FDP), con entre el 9 y el 11 por ciento (10,7 por ciento en 2017), y La Izquierda, con entre el 7 y el 9 por ciento (9,2 por ciento en 2017).

 Con estas cifras, y teniendo en cuenta el "cordón sanitario" a la ultraderecha, los números darían para que pudiera fraguarse -como apuntan muchos expertos en Berlín- la primera coalición de conservadores y verdes a nivel federal. Pero la caída de diez puntos porcentuales de la CDU/CSU en lo que va de año -principalmente por la mala gestión de la pandemia- está abriendo la puerta a otras combinaciones, como una nueva reedición del gobierno actual de conservadores y socialdemócratas. Pero también a otras alianzas sin la CDU/CSU (y por tanto con Los Verdes como cabeza), lo que supondría un terremoto en Berlín y Bruselas. La alternativa más factible -desde el punto de vista aritmético, al menos, porque su negociación sería difícil- sería una alianza "semáforo", con verdes, socialdemócratas (rojo) y liberales (amarillo). Algunos especulan incluso con que llegue a sumar un tripartito de izquierdas en el que al SPD y Los Verdes se sumen los postcomunistas de La Izquierda.

Camino hacia la moderación
Por encima del candidato, sin embargo, está el programa. Y Los Verdes ya han estado mandando indicaciones en los últimos meses de cuáles son sus propósitos -ambiciosos, pero pragmáticos- si acceden al gobierno en septiembre. El pasado noviembre el partido aprobó un manifiesto de cara a las elecciones generales que le sitúa en un centro-izquierda amable y optimista, apelando al votante moderado -también a los desencantados con los socialdemócratas y los conservadores- y a las clases medias no ideologizadas, apostando por una reconversión sostenible de la economía, por una mayor justicia social y por Europa, y también dispuestos a flexibilizar los límites de endeudamiento para superar la crisis del coronavirus y la emergencia climática. Su propuesta es invertir 500.000 millones de euros en una década para ayudar a financiar la transición hacia una economía baja en carbono. Eso implicaría, por lo menos, modificar el "freno de la deuda" incluido en la Constitución en 2009.

 Como Baerbock y Habeck explicaron en una tribuna en el diario conservador 'Frankfurter Allgemeine Zeitung', su objetivo para esta década es una recuperación económica basada en la sostenibilidad y la protección del medio ambiente, en la justicia social y la equidad. Pero su mirada política va mucho más allá de lo que sería un partido nicho ecologista, rezumando sin embargo pragmatismo. Los líderes verdes abogan por colaborar estrechamente con el nuevo presidente de Estados Unidos, Joe Biden, en la constitución de una alianza de democracias. No obstante, aplauden de forma paralela la apuesta del presidente francés, Emmanuel Macron, por lograr una mayor "soberanía estratégica" para Europa. Consideran que la UE "debe asumir más responsabilidad" en política exterior y defensa, "especialmente en nuestro vecindario", defendiendo siempre unos "criterios duros" como la democracia, los derechos humanos, el Estado de derecho y la sostenibilidad, especialmente frente a "sistemas iliberales y represivos".

 Poco queda del radicalismo de sus orígenes, del "partido antipartidos" fundado en 1980. La formación ha ido virando hacia el centro, especialmente en los últimos años. El rápido éxito electoral de los primeros años les hizo integrarse en el sistema parlamentario. Los gobiernos rojiverdes encabezados por el canciller Gerhard Schröder les forzaron a cabalgar contradicciones (la más famosa, la participación alemana en la guerra de Kosovo). Todo esto se tradujo en los enfrentamientos internos entre sus dos grandes corrientes, los 'fundis' (de fundamentalistas), los más ideológicos y radicales, y los 'realos' (realistas), con tesis muchos más pragmáticas y reformistas. Y casi siempre acabaron imponiéndose estos últimos. De hecho sus dos actuales copresidentes, Baerbock y Habeck, son realos. Un reciente informe del think tank Brookings los denominada los "nuevos centristas".

 El éxito les ha sonreído ya en el sur rico y conservador (Baviera, Baden-Württemberg y Hesse) y en los grandes núcleos, como Hamburgo, Fráncfort y Berlín. Ahora les falta lograr lo más difícil, que las urnas en septiembre revaliden lo que apuntan desde hace meses las encuestas.

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