497547075dj

Revolución industrial y educación

Columnista invitado Hernán Alejandro Olano García 27 de abril de 2021

La revolución Industrial es originaria del siglo XVIII, momento en el cual no se podía hablar de una democratización de la educación, pues estaba reservada para la oligarquía; el significado de esa Primera Revolución Industrial: la era de la producción mecanizada. Después vino la Segunda Revolución Industrial, conocida como la era de la ciencia y la producción masiva, comenzó con la electricidad alrededor de 1850. Posteriormente, la Tercera Revolución Industrial o revolución digital, a mediados del siglo XX, con la llegada de la electrónica y la tecnología de la información y las telecomunicaciones y, actualmente la Cuarta Revolución Industrial, conocida como la automatización total de la manufactura, que apareció en 2013.

Una de las premisas más controvertidas de la cuarta revolución es que acabó con millones de empleos en los países más industrializados del mundo, sin contar lo que ha ocurrido en los países pobres. Así, tiene el potencial de elevar los niveles de ingreso globales y mejorar la calidad de vida de poblaciones enteras, pero, sólo beneficiará a quienes sean capaces de innovar y adaptarse y ahí entramos las Instituciones Universitarias a servir como mediadores del cambio, prescindiendo de algunas carreras que han dejado de ser parte de la demanda laboral, y transformando o creando otras, sin embargo: ¿Podemos decidir cómo vivir, regular y poner bajo dominio moral los previsibles excesos de la robótica?, ¿Cómo se enfocará el currículo en una economía post-humana y con grandes brechas de desigualdad?

Las universidades en Colombia podrían contribuir y aportar de mejor manera a la IV revolución industrial, siguiendo, particularmente, los documentos CONPES de Política Nacional de Desarrollo Productivo y de Innovación, la Estrategia para una Nueva Industrialización de la ANDI, el Programa de Transformación Productiva del MinCIT y la Visión 2032 del Consejo Privado de Competitividad, deben ser analizados por el sector, para poder incrementar nuestro capital del conocimiento, apoyar al emprendimiento e incluir un módulo de gerencia de su propia carrera en todos los programas, pues, por ejemplo, muchos abogados no saben ni cómo cobrar sus honorarios y, a su vez, incentivar el empoderamiento femenino, pues si bien, las mujeres son cerca del 60% de la población de estudiantes universitarios, debe cerrarse la brecha que les permita ejercer su liderazgo natural.

A la pregunta: ¿En qué se ha rajado la educación superior frente a la IV revolución industrial? Podríamos contestar que, en la democratización de datos e información inteligente; por eso, la Misión de Sabios, presentó recientemente unas “Propuestas del Foco de Tecnologías Convergentes e Industrias 4.0”, donde se expresa que estamos aún lejos de ser eficientes en la intensificación de la Educación online en colegios y universidades, por lo cual, deben promoverse más las  plataformas “Aprender Digital”, evidenciándose otros desafíos de inclusión para la niñez que no tiene acceso a conectividad y dispositivos para ese propósito. Nos “rajamos” en la meta de conectividad y educación universal como derecho básico para una Colombia equitativa.

Nuestro compromiso es con la educación, derecho sinigual, que posee la relevancia de ser uno de los más afectados por la pandemia del Covid-19.

Te puede interesar