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Secretos del contacto ocular entre el ser humano y el perro

General El Mundo Al Instante 04 de mayo de 2021
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Ejemplo de contacto ocular entre un perro y su dueña.

El contacto ocular desempeña un papel fundamental en la comunicación y las relaciones humanas. Cuando nos miramos a los ojos, demostramos que nos estamos prestando atención. Y también podemos transmitir sentimientos. Pero no solo nos miramos entre nosotros, sino también a nuestros compañeros de cuatro patas.

Los perros se han adaptado especialmente bien a la convivencia con los humanos, y la comunicación desempeña un papel fundamental en este sentido.

Son sensibles a la dirección de la mirada del humano, lo que les ayuda a decidir si el mensaje que este emite va dirigido a ellos.

Al establecerse un contacto ocular entre un perro y su dueño, se elevan los niveles de oxitocina en ambos, lo que ayuda a fortalecer el vínculo social entre el humano y el perro. Informalmente conocida como “la hormona del amor”, la oxitocina desempeña en el ser humano un papel importante promoviendo el altruismo, la generosidad, las interacciones sociales, el amor romántico en la pareja, el apego de las madres hacia sus bebés y la cooperación entre individuos. En animales superiores, ejerce efectos parecidos.

El equipo de Zsófia Bognár, de la Universidad Eotvos Lorand en Hungría, ha completado una investigación en la que se ha determinado que al menos cuatro rasgos independientes afectan a la capacidad de los perros para establecer contacto ocular con humanos. Algunos rasgos dependen más de la biología y otros de la crianza o de la propia personalidad del perro como individuo.

Como era previsible, los perros más acostumbrados a interactuar con humanos son más propensos a establecer contacto ocular con ellos que los menos acostumbrados. Lo mismo ocurre con los perros con más ganas de jugar en comparación con los que raramente se muestran juguetones. Los perros jóvenes también tienden más al contacto ocular con humanos que los perros viejos; en este caso, es probable que en ello influya mucho la pérdida de capacidad visual derivada del envejecimiento y otros achaques de la vejez.

El cuarto rasgo que determina la propensión del perro a mirar a los ojos de las personas llama mucho más la atención, aunque su explicación es mayormente anatómica. Cuanto más corto es el hocico del perro, más fácil es que haga contacto ocular con humanos.

Los perros con hocico corto tienen, en general, un campo de visión que les permite reaccionar más fácilmente a los estímulos en la parte central, lo que puede facilitarles el contacto ocular con humanos. En cambio, los perros con hocico largo ven una imagen panorámica amplia porque sus células nerviosas que procesan la información visual se distribuyen más uniformemente en su retina. Por lo tanto, cuando enfocan su atención en el centro de su campo visual, pueden distraerse más fácilmente con los estímulos visuales de la periferia.

En los experimentos del estudio se comprobó que cuanto más corto era el hocico del perro, más rápido hacía contacto ocular con la experimentadora. “Es probable que vean más nítidamente el rostro humano debido a su retina especial, pero también es posible que sus dueños los miren más a menudo a los ojos, ya que sus rasgos faciales se asemejan a los de un niño pequeño, un estímulo afectivo potente para los humanos. Por ello, es posible que los perros con hocicos más cortos tengan más experiencia en establecer contacto ocular con humanos”, explica Bognár.

El tipo de actividad que el perro realiza en colaboración con humanos también puede influir en su propensión a mirar a los ojos a una persona. Si su dueño se comunica con él con miradas y gestos, es más probable que a menudo le mire a los ojos. Si, por el contrario, lo hace mayormente con órdenes acústicas (palabras y silbidos) sin estar muy cerca, para el perro no será tan prioritario mirar a los ojos a su dueño.

También llamó la atención la gran tendencia a mirar a los ojos humanos que mostraron los perros que habían sido adoptados por sus dueños de refugios de animales. Tal vez eso no sea una consecuencia de su relación con sus actuales dueños. Puede que la propensión a mirar a los ojos de cada humano que intentaba decidir cuál sería el mejor perro para adoptar, les ayudase a conmoverle y a ser adoptados.

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