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Los gases que protegen la capa de ozono agravan el cambio climático

Estados Unidos declara la guerra a los hidroclorofluorocarbonos (HFC), unos gases fluorados con efecto invernadero presentes en los aparatos de aire acondicionado

Planeta  Marta Montojo. El Confidencial 08 de mayo de 2021
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Seguimiento de la capa de ozono desde la Antártida. (EFE)

La Agencia de Protección Ambiental estadounidense (EPA, por su siglas en inglés) ha anunciado esta semana su primera medida en materia de clima: en 15 años deberá haber reducido en un 85% la producción y uso de hidroclorofluorocarbonos (HFC), unos gases de efecto invernadero que emiten aparatos de refrigeración como los que enfrían los productos en los supermercados o los sistemas de aire acondicionado de casas y automóviles.

 Se trata de un compuesto químico que, aunque no permanece largo tiempo en la atmósfera, a corto plazo es más dañino que el CO₂ para la estabilidad climática del planeta, por lo que mitigar sus emisiones ahora, según los científicos, es clave si queremos contener a tiempo el calentamiento global. Erradicar estos gases, dicen, puede ahorrar un calentamiento extra de 0,6 °C respecto a los niveles industriales.

 Los científicos del IPCC piden una reducción total de la producción y uso de estos gases en los próximos años

 “Al eliminar los HFC, que pueden ser cientos o miles de veces más potentes que el dióxido de carbono a la hora de calentar el planeta, la EPA está llevando a cabo una acción importante para mantener el aumento de la temperatura global bajo control”, alegó en un comunicado Michael Reagan, el nuevo director de esta agencia de protección ambiental estadounidense.

 La medida, que entrará en vigor en 2022, busca cumplir con el acuerdo global al que llegaron 197 Estados en 2016 para reducir drásticamente el uso de estos compuestos, una enmienda al Protocolo de Montreal que fue adoptada en Kigali (Ruanda) y por la que los países industrializados se comprometieron a reducir la producción y consumo de HFC en más de un 80% para 2036.

car-air-conditioningLos sistemas de refrigeración de los coches liberan HFC. (EFE)

Es un paso decisivo, porque es el resultado de más de una década de esfuerzos encaminados en esta dirección: se plantearon por primera vez en los dos mil, bajo la Administración de George W. Bush, cobraron fuerza sobre todo en la etapa Obama, se materializaron en una ley general aprobada en diciembre de 2020 —aún durante el mandato de Donald Trump— y este lunes, en pleno impulso de Biden contra la crisis climática, por fin se han traducido en una medida concreta.

 La norma no afectará al precio de los productos, ni implica que los estadounidenses deban cambiar de nevera o aire acondicionado. Sí se traducirá, sin embargo, en un cambio en la industria, aunque en algunos casos esta ya había empezado a reemplazar los HFC por alternativas más ecológicas.

 De hecho, los fabricantes han apoyado masivamente la decisión de la EPA, pues llevaban tiempo pidiendo una estandarización a nivel federal para agilizar la transición. “Si sale a comprar un coche nuevo hoy, lo más probable es que su coche utilice un refrigerante mucho mejor para el clima”, explicó a la cadena pública PBS la experta en cambio climático Kristen Taddonio, asesora del Instituto de Gobernanza y Desarrollo Sostenible.

Peor el remedio que la enfermedad

Los HFC se empezaron a emplear de forma masiva en sistemas de refrigeración desde la década de 1980, cuando a la comunidad internacional le preocupaba por otro asunto ambiental urgente: el agujero de la capa de ozono. Los compuestos químicos que utilizaban entonces neveras y sistemas de aire acondicionado —así como aerosoles— eran los clorofluorocarbonos (CFC), muy dañinos para la capa de ozono. El problema es que sus sustitutos, aunque no suponen una amenaza para el ozono, sí agravan la crisis climática.

epa7401-moscu-rusia-29-11-2018-columnas-de-humo-emergen-de-chimeneas-de-la-caldera-de-gas-de-una-vivienda-durante-un-dia-a-14-grados-bajo-cero-en-moscu-rusia-hoy-29-de-noviembre-de-2018-segun-un-informe-de-la-onu-dLas emisiones de gases con efecto invernadero siguen aumentando. (EFE)

La EPA calcula que, con la medida propuesta, en 2050 se podrá haber evitado el equivalente en CO₂ de 4.700 millones de toneladas métricas, equivalente más o menos a las emisiones anuales de uno de cada siete vehículos registrados en EEUU. Los especialistas prevén además un ahorro de 284.000 millones de dólares a lo largo de las próximas tres décadas.

 El Panel Intergubenamental del Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) alertó en un informe de que para finales de este siglo el mundo deberá haber logrado una reducción total —a cero— de los gases HFC o, de lo contrario, “es muy posible que tengamos serios problemas para cultivar nuestros propios alimentos”.

 En España, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico reconoce que, “desde el año 1990, las emisiones de los gases fluorados de efecto invernadero se han incrementado sustancialmente”, también como consecuencia de la sustitución de los gases que agotan la capa de ozono. Pero existen acciones para reducir las emisiones de HFC, como un impuesto de los gases fluorados de efecto invernadero, creado a través del artículo 5 de la Ley 16/2013, o el Reglamento 517/2014, que busca la “reducción progresiva” en hasta un 79% de la cantidad de gases comercializados en el conjunto de la Unión Europea "en términos de CO₂-eq y respecto de niveles de 2009-2012", precisa el Miteco en su web.

 Sin embargo, que EEUU haya tomado esta iniciativa es significativo, pues se trata de un gran consumidor de aire acondicionado a nivel mundial. Compite con Japón por el primer puesto en cuanto a penetración de aparatos de aire acondicionado. Un 75% de los hogares estadounidenses cuenta con sistemas de refrigeración para soportar las altas temperaturas.

 Los aparatos de aire acondicionado en EEUU consumen aproximadamente el 6% de toda la electricidad producida en el país, con un coste anual de unos 29.000 millones de dólares para los propietarios de viviendas, según los datos que maneja el Gobierno, que indican asimismo el elevado coste climático de mantener los hogares frescos: además de los HFC, cada año liberan a la atmósfera unos 117 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono.

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