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Llevamos emitiendo grandes cantidades de CO2 desde hace más de 1.000 años

Las turberas drenadas en el hemisferio norte en el último milenio para convertirlas en terrenos de cultivo han emitido, según un nuevo estudio, más de 72.000 millones de toneladas de CO₂

Planeta El Confidencial 10 de junio de 2021
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Las Pentland Hills en Escocia, una de las turberas más famosas del mundo. (Unsplash/@seanpaulkinnear)

La mayor parte de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que están provocando la crisis climática han sido asociadas a la quema de combustibles fósiles en la industria durante los últimos 240 años, principalmente en sectores como el del transporte o la generación de energía.

 Sin embargo ahora, un estudio elaborado por investigadores de la Universidad de París-Saclay en Francia y de la de Exeter en el Reino Unido ha desvelado que, en realidad, llevamos emitiendo grandes cantidades de dióxido de carbono (el GEI más común) más de 1.000 años debido a la conversión en terrenos agrícolas de una gran cantidad de turberas situadas en el hemisferio norte

 El impacto de la alteración de las turberas se suele omitir de los objetivos de emisiones de cada país

Las turberas son humedales en los que a lo largo de miles de años se ha almacenado una gran cantidad de material vegetal en estado de semidescomposición. La 'turba' (el compuesto que forma las turberas) es un material extraordinariamente rico en carbono que durante siglos se ha utilizado como combustible y como abono. Mientras no se alteren, las turberas tienen la capacidad de ayudar en contra de la crisis climática, pues dada su naturaleza, almacenan grandes cantidades de carbono.

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Una turbera en la localidad de Gorodishche, en Bielorrusia. Reuters

Pero en el momento, explican los investigadores, en que esas turberas son drenadas de forma artificial por el ser humano para generar terrenos de cultivo viables, la turba empieza a descomponerse rápidamente, liberando ese carbono que tenía atrapado en su interior en forma de CO₂.

Los resultados

El nuevo estudio ha sido el primero que ha cuantificado la cantidad de emisiones de carbono debidas a la adaptación de turberas (para que estas sean aptas para la agricultura) en el hemisferio norte entre los años 850 y 2010.

 Según los investigadores, con la destrucción de las turberas del hemisferio norte llevada a cabo entre los años 850 y 2010 se liberaron un total de 72.000 millones de toneladas de CO₂ y, entre 1750 y 2010 la cifra se situó en 40.000 millones, lo que sugiere, explican los investigadores, que "el proceso se aceleró en los últimos siglos del anterior milenio".

 Phillipe Clais, uno de lis autores principales del estudio, explica que "las emisiones de carbono debidas al secado de las turberas deben ser una preocupación para las administraciones nacionales y para los objetivos de emisiones. Por desgracia, solo tenemos unas pocas observaciones (las que nosotros hemos llevado a cabo), lo que supone que es improbable que su impacto se añada a las hojas de ruta diseñadas para establecer los 'presupuestos de carbono' de cada país".

 Esto ocurre, explican los investigadores, porque las administraciones de los países con turberas, omiten su impacto medioambiental en lo que a liberar o retener carbono se refiere. Por eso, explica Phillipe Clais, "nuestro estudio aporta nuevas herramientas para poder llevar a cabo presupuestos de carbono globales de mejor calidad".

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