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EEUU afronta una temporada de huracanes especialmente agitada

El gobierno federal impulsa un ambicioso programa de adaptación y hace un llamamiento a la colaboración ciudadana para prevenir daños en los estados más vulnerables

Planeta El Confidencial 15 de junio de 2021
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EEUU teme un incremento de la potencia y la recurrencia de los huracanes (EFE)

El estado de Florida acaba de terminar su periodo de vacaciones fiscales por huracanes, una exención de impuestos sobre las ventas que suele aplicarse por estas fechas para favorecer que los ciudadanos se aprovisionen de productos que puedan necesitar en caso de emergencia por tormentas tropicales. Si normalmente este pequeño descanso fiscal suele durar una semana, este año se ha extendido 10 días, al inicio de una temporada de huracanes que se anuncia especialmente intensa y que arrancó oficialmente el 1 de junio.

 En mayo, la Oficina Nacional de Administración Nacional y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) avisó de que la temporada de huracanes en 2021 estaría, de nuevo —y por sexto año consecutivo—, “por encima de la media” en cuanto a nivel de actividad. Si 2020 marcó un récord histórico en el número de tormentas severas, con 30 de estos fenómenos lo suficientemente intensos como para recibir un nombre de pila, las predicciones científicas indican que el 2021 no quedará lejos.

En los últimos 20 años las inundaciones han aumentado un 233% por la subida del nivel del mar, debida a la crisis climática

El centro de predicción climático de NOAA advirtió de que esta temporada —entre junio y noviembre— podrá haber en el Atlántico entre 13 y 20 tormentas con nombre de persona: aquellas con vientos que superan los 62 kilómetros por hora. De éstas, se espera que al menos 10 se conviertan en huracanes (vientos de al menos 119 km/h) y que entre tres y cinco sean potencialmente destructivos, con vientos de 179 km/h o más.

En estas circunstancias, el presidente estadounidense Joe Biden decidió duplicar los fondos para ayudar a los estados a prepararse para los huracanes y para otras emergencias climáticas como los incendios forestales que tienen en vilo a California, donde la temporada de fuegos se ha prolongado a 75 días a causa del calentamiento global, según han reconocido las autoridades estatales.

El presupuesto para prevenir estas amenazas a través del programa Building Resilient Infrastructure and Communities ahora asciende a mil millones de dólares, una cifra igual o inferior a la de las pérdidas que ocasionaron, por separado, cada uno de los 22 fenómenos extremos relacionados con el clima que azotaron al país en 2020. Estos costosos desastres fueron, en concreto, siete ciclones tropicales, 13 tormentas severas, una sequía y un incendio. En total, la factura de daños fue de 95 mil millones, según los datos oficiales.

Así, los estados de la costa este y el golfo de México, más expuestos a los impactos de las tormentas tropicales del Atlántico, comienzan los preparativos: lanzan comunicados en los que piden precaución e incluyen recomendaciones para los residentes, invierten en medidas de adaptación y difunden mapas de riesgo con advertencias en relación a la zona en que viven los ciudadanos, que deberán abandonar o no según el nivel de peligro.

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Melissa Leonard sólo recuerda haber sido evacuada de su hogar en Miami durante el huracán Andrew, en 1992. Esta residente de Florida, ahora asentada en Palm Beach Gardens, al norte de Miami, cuenta que este año no ha aprovechado las vacaciones fiscales ofrecidas en el estado, pero que otros años suele comprar productos como linternas, interruptores o camping gas, entre otros. “La pregunta que me hago a mí misma es: ¿qué necesitaría si me fuera de acampada?”, explica.

Entre las precauciones que suele tomar, abastece el coche de gasolina, carga móviles y otros aparatos electrónicos y llena la bañera de agua para, en caso de cortes, tener suficiente para asearse y poder al menos tirar de la cadena. Sus ventanas, por suerte, están diseñadas para resistir huracanes. Sin embargo, lamenta que muchos vecinos suyos no tienen estos cristales, y tienen que recurrir a paneles de madera contrachapada, un material que este año afronta una crisis en EEUU. Los precios de la madera se han disparado más de un 300% desde abril de 2020, según la Asociación Nacional de Constructores de Viviendas. Las causas más citadas por los expertos son los cortes por la pandemia, que frenaron la producción, y el simultáneo incremento en la demanda. “No sé qué van a hacer estas personas, sobre todo las que tienen menos ingresos, para proteger sus casas”, dice.

El aeropuerto de La Guardia, en Nueva York, completamente inundado tras el paso del huracán Sandy (EFE)
Por otro lado, asoma el riesgo de inundaciones, que en los últimos 20 años se han producido un 233% más en el país, según la organización Sea Level Rise, un grupo de especialistas independientes que relaciona esta tendencia de cada vez más inundaciones al aumento del nivel del mar, consecuencia de la crisis climática. En Miami, las entidades locales plantean levantar muros para protegerse de las inundaciones. En Louisiana, un estado históricamente muy dependiente de la industria de los combustibles fósiles y a la vez uno de los más vulnerables ante los huracanes y la subida del nivel del mar, el gobierno destinará 61,6 millones a programas de mitigación de estos riesgos.

Un problema añadido a las amenazas climáticas crecientes y la falta de provisiones es la crisis que atraviesa en estos momentos la Agencia Federal para la Gestión de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés), sobrepasada por la carga de trabajo que le ha supuesto la pandemia todavía en curso y los fenómenos meteorológicos extremos que no han dado tregua: entre ellos, los incendios que arrasaron California en septiembre y el temporal inaudito que en febrero dejó sin energía al estado de Texas. En 2020, más trabajadores de FEMA fueron transferidos a otras agencias que ningún otro año de la década, según los datos de acceso público que muestran que el total de personas que abandonaron FEMA en 2020 duplicó el de cualquier otro año.

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