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EEUU suspende las autorizaciones para extraer petróleo y gas en un área salvaje del Ártico

Después de que Donald Trump permitiera en 2017 la explotación petrolífera de esta zona costera protegida de EEUU, el presidente Biden ha emitido una orden para anular las concesiones en la zona

Planeta El Confidencial 16 de junio de 2021
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Instalaciones de almacenamiento de crudo en Alaska. Reuters

El gobierno de Joe Biden ha suspendido las autorizaciones para extraer hidrocarburos en el Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico, una zona biodiversa y prácticamente virgen en el noreste de Alaska abierta a las petroleras y compañías gasísticas bajo la legislatura de Donald Trump.

El Departamento de Interior, liderado por primera vez por una mujer Nativa Americana —la secretaria Deb Haaland— ha emitido este martes una orden con la que paraliza los permisos para explotar las reservas de crudo y gas de este enclave natural de Alaska. El documento argumenta que los análisis sobre el impacto ambiental de estas actividades son “insuficientes” y apunta a las “múltiples deficiencias legales en el registro subyacente que apoya los arrendamientos”.

 El Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico se extiende por casi 8 millones de hectáreas de tundra y montañas escarpadas

Sin embargo, los derechos de perforación ya adjudicados, donde el nuevo gobierno encuentra que se aprovecharon lagunas legales, no se han cancelado sino que simplemente se han puesto en pausa hasta que se evalúen con mayor precisión los posibles daños ecológicos de cada proyecto.

El Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico se extiende por casi 8 millones de hectáreas de tundra y montañas escarpadas. La zona está ligeramente poblada por algunas comunidades nativas de Gwich’in, y es también el hogar de búhos nivales, renos —aquí llamados caribúes— y osos polares, entre otras especies. Además, sirve de asentamiento temporal, esencial en época reproductora, para 160 aves migratorias procedentes de cuatro continentes distintos.

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Pero esta reserva de la biosfera, reconocido como la última gran área salvaje del país, alberga otro tesoro natural: más de 10.000 millones de barriles de crudo, según estima el Servicio Geológico de EEUU, y por eso el Refugio del Ártico ha sido un foco de tensión para la política estadounidense durante décadas.

En 1995, EEUU estuvo cerca de abrir este espacio a subasta de la industria de los combustibles fósiles. Pero el entonces presidente, el demócrata Bill Clinton, vetó el plan presentado por los congresistas republicanos. En 2017, con Donald Trump en la Casa Blanca, el Congreso —de mayoría republicana en ambas cámaras— aprobó una norma para permitir perforar la llanura costera del Refugio, justificándolo como una forma de recaudar dinero para compensar los recortes de ese año. Pero no fue hasta enero de 2021, en el último día de gobierno de Trump, que se hizo efectiva la primera licitación, de más de 160.000 hectáreas.

Biden, sin embargo, ya había expuesto en campaña electoral sus intenciones de revertir esta medida y de pausar todas las nuevas concesiones de explotación de petróleo y gas en tierras públicas, algo que hizo nada más inaugurar su legislatura. Y esta semana, tras unos días inmerso en polémicas con los ecologistas por defender iniciativas de extracción de combustibles fósiles como el proyecto Willow —planteado en otra región de Alaska—, el equipo de Biden ha publicado la orden de paralizar las concesiones en el Refugio.

La decisión ha sido aplaudida por líderes tribales y oenegés conservacionistas, aunque estas últimas también han criticado el baile de políticas medioambientales según el color político del gobierno, y piden la prohibición permanente de explotación de hidrocarburos en el Ártico.

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La industria, por su parte, ha respondido con escepticismo sobre la efectividad de la orden. “El Departamento de Interior aún no ha proporcionado a la Autoridad de Exportación y Desarrollo Industrial de Alaska documentación sobre las deficiencias que justificarían la suspensión de los arrendamientos”, señalaron desde esta entidad, la empresa estatal que se hizo con la mayoría de los derechos de explotación en la subasta, en un comunicado. “Estamos muy decepcionados por el esfuerzo de la administración Biden para impedir que Alaska desarrolle sus recursos naturales de forma legal y responsable”, agregaron.

Sin embargo, el éxito de la licitación de enero fue limitado: recaudó 15 millones de dólares, mucho menos de lo esperado, y grandes petroleras como ExxonMobil o Chevron no se interesaron.

Más allá de la poca confianza en la gestión política de esta reserva de la biosfera de Alaska, la opinión pública cada vez más inclinada hacia la lucha contra la crisis climática (y el consecuente abandono de los combustibles fósiles) también pudo influir en el resultado de la licitación. Algunos grandes bancos, como Goldman Sachs y JPMorgan Chase, ya se habían comprometido a no financiar proyectos de perforación en el Ártico.

Las críticas a la nueva orden de Biden se han concentrado sobre todo en el partido republicano. La senadora Lisa Murkowski, una de las esperanzas para los demócratas en el Capitolio al estar entre los republicanos moderados susceptibles de apoyar propuestas demócratas —votó a favor, por ejemplo, de la nominación de Deb Haaland para dirigir el Departamento de Interior— , calificó las acciones del gobierno de Biden como “no inesperadas” pero aun así “indignantes”. La medida, aseveró en un comunicado, “no tiene otro propósito que el de obstruir la economía de Alaska y poner en gran riesgo nuestra seguridad energética”.

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Entrevistado en la cadena de televisión Fox News, el gobernador del estado más septentrional de EEUU, Mike Dunleavy, también criticó la decisión del Departamento de Interior: “Eso es lo que parece que pretende esta administración [de Biden]: cancelar las oportunidades (…). Cancelar los arrendamientos petrolíferos en el Ártico, cancelar los arrendamientos en alta mar... esto va a elevar el coste... y va a empujar estas oportunidades al extranjero”.

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