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 “¡El Papa necesita sus oraciones!”, dice Francisco

General Guillermo Romero Salamanca 27 de junio de 2021
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Luego de la oración del Ángelus, el Pontífice, ante un gran número de personas en la Plaza de San Pedro en Roma, comenzó diciendo: “Hoy, cerca de la fiesta de los santos Pedro y Pablo, les pido que oren por el Papa, oren de manera especial: ¡el Papa necesita sus oraciones! Gracias. Sé que lo harás”.

Al finalizar sus palabras reiteró su pedido: “Les deseo a todos un feliz domingo. Y por favor, no olvides orar por mí. ¡Buen almuerzo y adiós! ¡Bien hecho los muchachos de la Inmaculada Concepción!”.

El Papa Francisco cumple hoy 29 años de su consagración como Obispo Auxiliar de Buenos Aires, conferida por el Cardenal Antonio Quarracino, arzobispo de la capital argentina, el 27 de junio de 1992.

En el momento de los saludos tras rezar el Ángelus, el Santo Padre se unió en oración a la Jornada por la Paz en Oriente que se celebra hoy y también expresó su cercanía a los habitantes del sureste de la República Checa, que han sido golpeados por un fuerte huracán: "Rezo por los muertos y los heridos, por todos los que han tenido que abandonar sus casas y han sufrido graves daños".

A la hora del rezo del rezo del Ángelus el Papa Francisco reflexionó sobre dos momentos que presenta el Evangelio de hoy y que muestran a Jesús venciendo la muerte y la enfermedad mediante el amor, que es capaz de sanar la vida. El Santo Padre recordó que la peor enfermedad no es la pandemia, sino la falta de amor. Por ello, exhortó a todos a dejar que Jesús "mire nuestros corazones y lo sane", abandonando las apariencias y los prejuicios, saliendo al encuentro de los hermanos marginados.

MEDITACIÓN DEL PARA SOBRE EL EVANGELIO DE ESTE DOMINGO

Hoy en el Evangelio (cf. Mc 5, 21-43) Jesús se encuentra con nuestras dos situaciones más dramáticas, la muerte y la enfermedad. De ellos libera a dos personas: una niña, que muere justo cuando su padre iba a pedir ayuda a Jesús; y una mujer que ha estado sangrando durante muchos años. Jesús se deja tocar por nuestro dolor y nuestra muerte, y obra dos signos de curación para decirnos que ni el dolor ni la muerte tienen la última palabra. Nos dice que la muerte no es el final. Él vence a este enemigo del que no podemos liberarnos.

Concentrémonos, sin embargo, en este período en el que la enfermedad sigue siendo el centro de la noticia, en el otro signo, la curación de la mujer. Más que su salud, fueron sus afectos los que se vieron comprometidos. ¿Por qué? Estaba sangrando y por eso, según la mentalidad de la época, se la consideraba impura. Era una mujer marginada, no podía tener relaciones estables, no podía tener cónyuge, no podía tener una familia y no podía tener relaciones sociales normales porque era "impura", enfermedad que la hacía "impura". Vivía sola, con el corazón herido. La mayor enfermedad de la vida, ¿cuál es? ¿El cáncer? ¿Tuberculosis? ¿La pandemia? No. La mayor enfermedad de la vida es la falta de amor, es no poder amar. Esta pobre mujer estaba enferma de pérdida de sangre, pero, en consecuencia, de desamor, porque no podía estar socialmente con otros. Y la curación que más importa es la de los afectos. Pero, ¿cómo encontrarlo? Podemos pensar en nuestros afectos: ¿están enfermos o gozan de buena salud? ¿Ellos están enfermos? Jesús puede curarlos.

La historia de esta mujer sin nombre, la llamamos "la mujer sin nombre", en la que todos podemos vernos, es ejemplar. El texto dice que se había cuidado mucho, "gastando todas sus posesiones sin ninguna ventaja, más bien empeorando" (v. 26). ¿Cuántas veces también nosotros nos lanzamos a remedios equivocados para saciar nuestra falta de amor? Creemos que el éxito y el dinero nos hacen felices, pero el amor no se compra, es gratis. 

Nos refugiamos en lo virtual, pero el amor es concreto. No nos aceptamos como somos y nos escondemos detrás de los trucos de la exterioridad, pero el amor no es una apariencia. Buscamos soluciones como magos, como gurús, solo para encontrarnos sin dinero y sin paz, como esa mujer. Finalmente, elige a Jesús y se lanza entre la multitud para tocar el manto, el manto de Jesús.

Esa mujer, es decir, Buscamos el contacto directo, el contacto físico con Jesús Sobre todo en este tiempo, hemos entendido lo importante que es el contacto, las relaciones. Lo mismo ocurre con Jesús: a veces nos contentamos con observar algunos preceptos y repetir oraciones, tantas veces como loros, pero el Señor espera que lo encontremos, que le abramos el corazón, que toquemos su manto como una mujer para curar. 

Porque, al entrar en intimidad con Jesús, somos sanados en nuestros afectos. tocamos su manto para curar. Porque, al entrar en intimidad con Jesús, somos sanados en nuestros afectos. tocamos su manto para curar. Porque, al entrar en intimidad con Jesús, somos sanados en nuestros afectos.

Esto es lo que quiere Jesús. Leemos, de hecho, que, aunque presionado por la multitud, mira a su alrededor para encontrar a quien lo haya tocado. Los discípulos decían: “Pero mira la multitud que te sostiene…”. No: "¿Quién me tocó?". 

Es la mirada de Jesús: hay tanta gente, pero va en busca de un rostro y un corazón lleno de fe. Jesús no mira el todo, como nosotros, sino que mira a la persona. No se detiene ante las heridas y errores del pasado, sino que va más allá de los pecados y los prejuicios. Todos tenemos una historia, y cada uno de nosotros, en su secreto, conoce bien las cosas malas de su propia historia. Pero Jesús los mira para sanarlos. En cambio, nos gusta mirar las cosas malas de los demás. Cuántas veces, cuando hablamos, nos ponemos a parlotear, que es chismorrear sobre otros, "despellejar" a otros. Pero mira: ¿qué horizonte de vida es este? No como Jesús Quien siempre mira la forma de salvarnos, mira hoy, la buena voluntad y no la mala historia que tenemos. 

Jesús va más allá de los pecados. Jesús va más allá de los prejuicios, no se detiene en las apariencias, llega al corazón de Jesús y la sana solo a ella, que fue rechazada por todos, una persona impura. Con ternura la llama "hija" (v. 34) - el estilo de Jesús fue cercanía, compasión y ternura: "Hija ..." - y alaba su fe, devolviéndole la confianza en sí misma.

Hermana, hermano, estás aquí, deja que Jesús mire y sane tu corazón. Yo también debo hacer esto: que Jesús mire mi corazón y lo sane. Y si ya has probado su tierna mirada en ti, imítalo, y hazlo como él. Mira a tu alrededor: verás que muchas personas que viven cerca de ti se sienten heridas y solas, necesitan sentirse amadas: da el paso. 

Jesús te pide una mirada que no se detenga en el exterior, sino que vaya al corazón; una mirada que no juzga - terminemos de juzgar a los demás - Jesús nos pide una mirada que no juzgue, pero acogedora. Abrimos nuestro corazón para recibir a los demás. Porque solo el amor cura la vida, solo el amor cura la vida. Que Nuestra Señora, Consoladora de los Afligidos, nos ayude a llevar una caricia a los heridos en el corazón que encontremos en nuestro camino. Y no juzgues, no juzgues la realidad social y personal de los demás. ¡Dios ama a todos! No juzgues, deja que los demás vivan y trata de acercarte con amor.

DESPUÉS DEL ÁNGELUS

¡Queridos hermanos y hermanas!

Hoy, cerca de la fiesta de los santos Pedro y Pablo, les pido que oren por el Papa, oren de manera especial: ¡el Papa necesita sus oraciones! Gracias. Sé que lo harás.

Con motivo del Día de la Paz en Oriente de hoy, invito a todos a implorar la misericordia y la paz de Dios para esa región. Que el Señor apoye los esfuerzos de quienes trabajan por el diálogo y la convivencia fraterna en Oriente Medio, donde nació y vive la fe cristiana, a pesar del sufrimiento. Que Dios siempre concede fuerza, perseverancia y coraje a esos queridos pueblos.

Aseguro mi cercanía a la gente del sureste de la República Checa azotada por un fuerte huracán. Rezo por los muertos y los heridos y por los que tuvieron que abandonar sus hogares, que sufrieron graves daños.

Les doy una cordial bienvenida a todos ustedes desde Roma, Italia y otros países. Veo polacos, españoles… Muchos están ahí y allá… Visitar las tumbas de los santos Pedro y Pablo puede fortalecer en ustedes su amor por Cristo y por la Iglesia.

Les deseo a todos un feliz domingo. Y por favor, no olvides orar por mí. ¡Buen almuerzo y adiós! ¡Bien hecho los muchachos de la Inmaculada Concepción!

OBISPOS PERUANOS Y LA DELICADA SITUACIÓN POLÍTICA DEL PAÍS

El presidente de la Conferencia de Obispos de Perú y presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), Monseñor Miguel Cabrejos, arzobispo de Trujillo, ha enviado un mensaje de aliento al pueblo en el actual contexto de incertidumbre política.

En el mensaje se subraya que “en el contexto actual del proceso electoral que ha creado un clima de incertidumbre y en fidelidad a la misión de la Iglesia, que es evangelizar y humanizar los contextos sociales, creando puentes por la paz y la concordia”.

La situación política en Perú sigue siendo tensa tras la segunda vuelta electoral celebrada el 6 de junio. El recuento de votos, de hecho, dio como ganador, con algo más del 50% de los votos, a Pedro Castillo, exponente del partido de izquierdas "Perú Libre". Pero su contrincante, Keiko Fujimori, representante del partido conservador "Fuerza Popular", con cerca del 48%, ha presentado casi mil recursos para que se anule la votación, mientras que en varias ciudades del país multitudes salieron a las calles para apoyar a uno u otro candidato.

En este contexto de incertidumbre, la presidencia de la Conferencia Episcopal Peruana (CEP) ha emitido una nota en la que lanza un llamamiento para "fortalecer la democracia", pidiendo la creación de "puentes para la paz y la armonía en el país".  "La Iglesia cree en la democracia -escriben los obispos- porque es el sistema que mejor protege y promueve los derechos y la participación de los ciudadanos." Por ello, "la Iglesia defiende el sistema democrático, alienta los esfuerzos que se realizan para perfeccionarlo" y "apoya los resultados indicados por los organismos electorales".

FALLECE LA FUNDADORA DE LAS HIJAS DEL FIAT POR COMPLICACIONES DEL COVID-19

La Diócesis de Sonsón Rionegro (Colombia) lamentó el fallecimiento de la madre Alicia Echeverri Calle, fundadora de la comunidad Hijas del Fiat, que partió a la Casa del Padre el viernes 25 de junio a causa del COVID-19.

“Como iglesia diocesana, en cabeza de Monseñor Fidel León Cadavid Marín, lamentamos la muerte de la madre Alicia Echeverri Calle, fundadora de la comunidad Hijas del Fiat”, indicó la diócesis en un comunicado compartido en sus redes sociales.

“Reconocemos su dedicación en la propagación del Evangelio y su entrega total a la misión que Dios le encomendó. Oramos por su eterno descanso y pedimos al Creador que brinde consuelo a quienes entristece su partida, confiando en la esperanza de la Resurrección”, añadió la publicación.

ARZOBISPO DE BOGOTÁ RECHAZA ATENTADO AL PRESIDENTE IVÁN DUQUE

El señor arzobispo de Bogotá y Primado de Colombia, Luis José Rueda Aparicio, ante la noticia del atentado del que fue víctima el señor presidente de la República, doctor Iván Duque Márquez y algunos miembros de su equipo de gobierno, manifestó su solidaridad y rechaza todo signo de violencia y de irrespeto a la vida y a la institucionalidad”.

Al conocer este desafortunado acontecimiento, el señor Arzobispo, hizo un llamado a todos aquellos que optan por la violencia como camino de transformación social, para que se dejan tocar por el amor de Dios y entiendan que no es el camino de la violencia como fruto del odio lo que nos lleva a construcción una sociedad más justa y equitativa, sino que son las vías del diálogo, de la reconciliación y de la humildad las que van a permitir llegar a verdaderos consensos, buscando el bien común y la justicia para todos.

Recordó el llamado que el Papa Francisco nos hizo a todos los colombianos en su visita a Villavicencio, en la jornada dedicada a las víctimas del conflicto armado para desactivar los odios y buscar alternativas válidas y duraderas de convivencia. Monseñor Rueda Aparicio ora por la vida y salud del señor presidente y le pide a Dios que todos los colombianos volvamos nuestra mirada a la Paz que es necesaria para la construcción y desarrollo de nuestro país.

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