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Deforestación y pérdida de biodiversidad

Impactos sobre el agua, el suelo, la atmósfera, el clima y la salud

Columnista invitado Ing. Oscar Rivera Luna 07 de julio de 2021

El Día Internacional de la Conservación del Suelo, se celebra cada 7 de julio desde 1963 Se eligió el día en honor al científico Hugh Hammond Bennett, quién dedicó su vida a demostrar que el cuidado del suelo influye directamente en la capacidad productiva de los mismos o como el mismo decía: “La tierra productiva es nuestra base, porque cada cosa que nosotros hacemos comienza y se mantiene con la sostenida productividad de nuestras tierras agrícolas”

El suelo es una alfombra viva de espesor variable que recubre la corteza del planeta Se calcula que contiene; minerales 5% derivados de las rocas, arenas, limos y arcillas, aire 25%, agua 25% y materia orgánica 5%, que resulta de la descomposición de residuos vegetales, animales y microbianos. La formación del suelo es producto de cinco factores:  el clima, los organismos vivos visibles e invisibles, el relieve, el tiempo y  la roca madre original. Un suelo presenta gran actividad biológica, resultado de millones de microorganismos que lo habitan: bacterias, hongos, algas, protozoarios, anélidos. que se cuentan por cientos de miles en un gramo de suelo. Su población aumenta cerca de la zona radicular inmediata o rizosfera. Se estima que un metro cuadrado de suelo vivo contiene 10 millones de nematodos, unas 500 mil bacterias, 400 mil hongos, 50 mil algas y 30 mil protozoarios aproximadamente. Un gramo de suelo vivo puede contener más o menos 10 millones de bacterias.

 Los mapas satelitales de la tierra demuestran vertiginoso cambio de color en muchas regiones debido a la aridez, erosión acelerada e impactos sobre la red hidrológica global. 

La conservación de los suelos y la regulación del agua dependen de frenar la pérdida de biodiversidad de especies de flora y fauna; la sexta extinción masiva de especies y la vulnerabilidad de otras, bien explicada por el decano de la biología global Eduard Osborne Wilson. El exterminio de especies que causamos en selvas, bosques, manglares, arrecifes, taigas, páramos, contribuye en alto grado a la erosión del suelo, las fallas de los mecanismos reguladores de la biosfera y fenómenos como los domos de calor. A la alteración de los vientos, la menor calidad del agua corriente en cauces fluviales, en océanos y mares. Tormentas de polvo. Mala calidad del aire en grandes ciudades y aumento de las enfermedades respiratorias. Proliferación de microbios patógenos; bacterias resistentes a fármacos antibióticos, reproducción de virus mutantes agresivos y hongos, letales ante el debilitamiento progresivo del sistema inmunológico de los seres vivientes.

Desde antes del año 2000, pensadores del mundo entero advirtieron sobre el peligro inminente del ataque de nuevos virus ligados a la deforestación global, la erosión y deterioro de los ecosistemas e interacciones entre las especies de flora y fauna. Debido a la liberación de microbios patógenos que habitan en los animales como en sus reservorios naturales y de los organismos causales de enfermedades trasmisibles a los seres humanos.

El Instituto Von Humboldt realizó una evaluación nacional sobre pérdida de biodiversidad y concluyeron que “el grave deterioro de la biodiversidad nacional pone en riesgo la vida en Colombia”. Que el 40% de la superficie terrestre del país presenta algún grado de degradación de suelos por la erosión, con un total de 34 grandes focos. La pérdida del horizonte A de los   suelos se transforma en sedimentos que descienden con las aguas, escurren por las vertientes de las cuencas hidrográficas y fluyen por la red hidrológica, reduciendo el contenido de oxígeno de las aguas corrientes superficiales de quebradas y ríos, colmatan las ciénagas, vasos y lagunas de humedales, sedimentan las bahías, asfixian los arrecifes coralinos, causan cambios de pH en las aguas marinas y van tejiendo un légamo fumígeno en el mar.

La evaluación del Instituto Von Humboldt demuestra que las áreas de mayor conservación de selvas lluviosas y su biodiversidad coinciden con territorios propios de comunidades indígenas y actores locales; como los resguardos y zonas de reserva campesinas o afro descendientes. Confirma que Colombia debe detener la intervención minera y agrícola en páramos, la deforestación en selvas lluviosas amortiguadoras de páramos y fuentes de agua, en selvas de niebla protectoras de la red hidrológica nacional y en las selvas secas y enclaves sub xerofíticos del territorio nacional. Frenar la deforestación y la erosión del suelo en zonas hídricas protectoras de cada municipio, cómo un instrumento obligatorio para la adaptación al agresivo calentamiento global y la acción urgente para evitar agudización de la crisis biológica. Hoy día mundial de la conservación del suelo recordemos que debemos evitar acciones que conduzcan a la erosión, estimular la vida de los suelos, fuente de alimentos, nutrición y felicidad.

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