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El ejercicio físico en la vejez ayuda a conservar las facultades mentales

Cada vez hay más pruebas de que el ejercicio físico puede ayudar a retrasar o a prevenir la aparición de la enfermedad de Alzheimer.

Salud El Mundo Al Instante 08 de julio de 2021
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En los seres humanos que envejecen, el ejercicio físico aeróbico aumenta el volumen de materia gris y blanca, incrementa el flujo sanguíneo y mejora la función de la memoria. La capacidad de medir los efectos del ejercicio sobre los biomarcadores sistémicos asociados con el riesgo de sufrir la enfermedad de Alzheimer y relacionarlos con las alteraciones metabolómicas clave puede ser de gran ayuda para los esfuerzos orientados a la prevención, el seguimiento de la enfermedad y el tratamiento. Sin embargo, se ha venido careciendo de biomarcadores sistémicos que puedan medir los efectos del ejercicio físico sobre la función cerebral y que se relacionen con respuestas metabólicas relevantes.

Con el propósito de resolver este problema, un equipo que incluye a Henriette van Praag, de la Universidad Atlántica de Florida (FAU), y Ozioma Okonkwo, de la Universidad de Wisconsin-Madison, ambas instituciones en Estados Unidos, puso a prueba la hipótesis de que tres biomarcadores específicos, implicados en el aprendizaje y la memoria, aumentarían en personas de edad avanzada a raíz de la práctica habitual de ejercicio físico y se correlacionarían con la cognición y los marcadores metabolómicos de la salud cerebral. Concretamente, examinaron el CTSB (mioquina catepsina B), el BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro) y el klotho.

Los investigadores realizaron un análisis metabolómico en muestras de sangre de 23 adultos asintomáticos de mediana edad tardía, con riesgo familiar y genético de padecer la enfermedad de Alzheimer (edad media de 65 años, con un 50% de mujeres). Se dividió a los participantes en dos grupos: uno con actividad física usual y otro con actividad física reforzada. Los integrantes de este último grupo se sometieron a 26 semanas con sesiones periódicas de ejercicio físico supervisado en cinta móvil. Se tomaron muestras de sangre a los miembros de ambos grupos al inicio y después de 26 semanas.

Los resultados del estudio, publicado en la revista Frontiers in Endocrinology, indican que los niveles de CTSB en plasma aumentaron tras este entrenamiento de ejercicio aeróbico estructurado de 26 semanas en adultos mayores con riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer. El aprendizaje verbal y la memoria se correlacionaron positivamente con el cambio en CTSB, pero no se relacionó con BDNF ni con klotho. La presente correlación del CTSB con el aprendizaje verbal y con la memoria sugiere que el CTSB puede ser útil como marcador de los cambios cognitivos relevantes para la función del hipocampo después del ejercicio físico en una población con riesgo de demencia.

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