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Microalgas son analizadas para crear biocombustibles

Ciencia tecnología e innovación Lizette Abril. El Comercio 18 de julio de 2021
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El proceso de cultivo se realiza en un laboratorio y luego pasa a un fotorreactor para el análisis.  

Obtener biodiésel a partir del cultivo de algas en aguas residuales es una tendencia que crece en el mundo como medida para la disminución del calentamiento global.

En Ecuador, un grupo de investigadores de la Facultad de Ingeniería en Ciencias Aplicadas de la Universidad Internacional SEK, liderados por la docente Johana Medrano, se encuentra cultivando microalgas en aguas residuales para, más adelante, analizar si son aptas para obtener biodiésel.

Los biocombustibles se obtienen de biomasas de diferentes generaciones. Por ejemplo, las de primera generación son las que provienen de plantas oleaginosas como el maíz, el piñón, la caña de azúcar, etc.

Las microalgas, al igual que los hongos y levaduras, son consideradas como biomasas de tercera generación y también son aptas para la obtención de biocombustible.

Los investigadores decidieron utilizar las microalgas para este estudio debido a la diversidad que tiene el país, pues más adelante se espera trabajar con las que se producen en la laguna de Limoncocha, en la Amazonía ecuatoriana, donde la universidad cuenta con un centro de investigación.

Por ahora, la investigación, que se inició en el 2019, se realiza con microalgas que son ajenas al Ecuador y tienen origen español. Estas biomasas tienen en su composición proteínas, carbohidratos y lípidos. Estos últimos son los que originan el aceite del cual se extraen los biocombustibles.

Según explica la docente, las microalgas se cultivan en aguas residuales de origen industrial y pecuario que provienen de empresas que fabrican alimentos y bebidas. Están compuestas de nutrientes de carácter orgánico e inorgánico que pueden ser utilizados por las biomasas para su crecimiento y proceso de fotosíntesis, al ser expuestas a la luz solar o artificial.

Estas microalgas se cultivan con aguas residuales específicas, por lo que los investigadores deben lidiar con situaciones como la contaminación de los cultivos con otros microorganismos en el proceso de traslado del laboratorio a los fotorreactores.

Para evitar la contaminación, el equipo de investigación mantiene medidas estrictas de bioseguridad. Así se aseguran de que sus cultivos no se afecten con otros microorganismos.

Pese a que ya han transcurrido dos años desde el inicio de la investigación, Medrano explica que apenas se están optimizando los procesos de cultivo, debido a que las microalgas son sensibles a algunas condiciones ambientales específicas como luz, nutrientes, temperatura, etc., por lo que cada una se comporta diferente.

En el proceso normal para la obtención de biodiésel, después de obtener la biomasa, se realizan las extracciones de diferentes clases de lípidos que se analizan para saber cuáles especies de estas microalgas pueden tener potencial para la obtención del biocombustible a mayor escala.

Sin embargo, la experta indica que, al tratarse de microorganismos, aún existen muchas barreras científico-técnicas para la obtención de este tipo de biocombustibles. Debido a su tamaño, se debería cultivar “muchísima” cantidad de biomasa para obtener el equivalente a un litro de biocombustible a partir de microalgas.

En ese contexto, la obtención de biodiésel, en comparación con la obtención de diésel de origen fósil, sería mucho más costosa y poco rentable económicamente.

La idea de la investigación, dice Medrano, nació por un convenio entre la universidad SEK y la Universidad Rey Juan Carlos, en España, donde ya se realiza este tipo de cultivos.

Estas redes de investigación permitieron que la investigación se desarrolle en el país, con las condiciones específicas de Quito, con radiación elevada durante casi todo el año, lo que facilita el crecimiento de las microalgas que fueron analizadas en esta ocasión.

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