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El deporte de élite y la salud mental

General El Mundo Al Instante 02 de agosto de 2021
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Naomi Osaka es una superestrella del deporte. A sus 23 años, la tenista japonesa es la deportista mejor pagada del mundo con 34,3 millones de euros entre premios y patrocinios, según la revista especializada Forbes.

Sin embargo, sus cuatro títulos de Grand Slam (Abierto de Australia 2019 y 2021, y Abierto de Estados Unidos 2018 y 2020) y su segunda posición en el ranking del WTA no han evitado su depresión. En junio de 2021, Osaka anunció su retirada de Roland Garros por salud mental. La japonesa reconoció que había sufrido largos episodios de depresión y ansiedad desde el Open de Estados Unidos de 2018, cuando consiguió su primer título de Grand Slam tras derrotar a la estadounidense Serena Williams. Una ansiedad que le ha acompañado a los Juegos Olímpicos de Tokio, que se pueden seguir a través de Roja directa, donde ha caído eliminada en los octavos de final.

La dura revelación de Osaka sobre su depresión y ansiedad, así como la decisión de renunciar a la oportunidad de ganar otro título de Gran Slam para tomar un descanso y preservar su salud mental, ha ayudado a normalizar y naturalizar este tipo de problemas mentales que también afectan a los deportistas de élite, que muchas veces callan por miedo a las críticas por parte de la opinión pública. Deportistas como la tenista japonesa o Michael Phelps, el mejor nadador de todos los tiempos y ganador de 23 medallas de oro olímpicas, han ayudado a desestigmatizar las conversaciones en torno a la salud mental, ya que, compartiendo sus historias, han desafiado las viejas convenciones deportivas para mostrar signos de vulnerabilidad. Como dice Phelps, “no importa si eres el número uno en el mundo o una persona normal, cualquiera puede pasar por esto. Es real”.

La tenista japonesa se ha unido a otros atletas notables para sacar a la luz un tema que alguna vez fue tabú en el mundo del deporte. Todos estos atletas de élite han desafiado la noción ancestral de que son, y deben ser, tan inigualables en mente como en cuerpo, sin problemas mentales.  La experiencia de Osaka describe la narrativa del rendimiento del deporte de élite, ya que parece que el único trabajo de un atleta es ganar. El problema es que muchos atletas corren el riesgo de desarrollar identidades basadas únicamente en el éxito deportivo. De esta forma, cuando sufren lesiones o pierden, se sienten perdidos o fracasados. Al fin y al cabo, el deporte de élite aplaude la fuerza física y mental, y se espera que los atletas puedan hacer frente a las presiones y seguir adelante sin importar cómo se sientan.

La sociedad asume que atletas exitosos como Osaka o Phelps deben poseer una capacidad sobrehumana para lidiar con la presión del deporte de élite y todo lo que lo acompaña. Sin embargo, este énfasis en la fortaleza mental y el rendimiento deportivo a menudo está en contra de la salud mental y el bienestar personal de los atletas. La presión que sienten los deportistas para tener éxito es enorme, por lo que el desarrollo de una buena salud mental y el bienestar queda en un segundo plano, ya que no son una prioridad para los atletas. Esto se debe a que todavía existe la percepción de que los deportistas deben sacrificarse por el deporte, buscar el éxito y desafiar los límites. De esta forma, todavía hay muchas cosas por hacer para apoyar la salud mental de los atletas.

La importancia de la psicología deportiva

La psicología deportiva es una rama de la psicología que utiliza el conocimiento y las habilidades psicológicas para comprender el rendimiento, los procesos mentales y el bienestar de las personas en entornos deportivos. Aunque es una rama relativamente nueva, la psicología deportiva es ampliamente aceptada por ofrecer una ventaja crucial sobre los competidores, siendo esencial en el alto rendimiento de los atletas de élite. Los deportistas compiten bajo una presión extrema y en situaciones que se perciben como importantes, pueden rendir peor de lo esperado, debido principalmente a la ansiedad. Dicha ansiedad puede tener resultados cognitivos (pensamiento errático), físicos (sudoración o respiración excesiva) y conductuales (ritmo o tensión). Si bien es cierto que el deportista necesita cierto grado de presión para rendir al máximo nivel, demasiada presión puede hacer que fracase.

Hoy en día, la psicología deportiva es más importante que nunca, debido a que uno de cada tres deportistas de élite sufre problemas psicológicos. Los psicólogos deportivos trabajan con los deportistas de élite para que comprendan mejor la presión y sepan controlarla. Para ello, utilizan diferentes técnicas: desarrollar la confianza en uno mismo, cambiar pensamientos negativos, visualización, relajación o encontrar distracciones, principalmente cumpliendo las rutinas previas a la actuación, para reducir el enfoque en la ansiedad. Aprender este tipo de técnicas es fundamental para que los atletas puedan mantener la calma y rendir al máximo en cualquier tipo de situación.

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