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'Goodnight, Kabul': Biden cierra un ciclo histórico y abandona a los afganos a su suerte

Con el final de la anárquica evacuación afgana, Biden buscará volver a poner el foco en la agenda doméstica y pasar la página del peor momento de su mandato

Mundo El Confidencial 30 de agosto de 2021
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El presidente de EEUU, Joe Biden. (Reuters)

Este martes, Joe Biden tenía ante sí el día más largo y difícil desde que llegó a la Casa Blanca; puede que de su presidencia. Así que decidió terminarlo a media tarde del lunes. A las 15:29 en Washington, el Pentágono anunciaba la salida definitiva de las últimas tropas estadounidenses de Afganistán. Un abrupto último vuelo 24 horas antes de la fecha límite que corona dos semanas de anárquica evacuación y 20 años de una guerra que no parece haber cambiado nada. Biden deja el país en manos de los talibanes y abandona a su suerte a miles de afganos que colaboraron con la intervención occidental, poniendo fin a una era de intervencionismo militar en nombre de la democracia.

"Estoy aquí para anunciar el final de nuestra retirada de Afganistán", declaró el general Kenneth McKenzie, jefe del Comando Central estadounidense, cuando faltaba un minuto para el inicio del 31 de agosto en Kabul. "La retirada de esta noche significa tanto el final del componente militar de la evacuación como el final de la misión de casi 20 años que comenzó en Afganistán poco después del 11 de septiembre de 2001", agregó. La Casa Blanca informó que el presidente Biden se dirigirá a la nación el martes para explicar su decisión de no extender la fecha de salida más allá del 31.

El presidente de Estados Unidos ha tratado de ocultar el fiasco histórico en Afganistán con una masiva operación de evacuación que ha sacado a más de 120.000 personas del país en apenas 15 días. Aun así, en su cálculo ha pesado más poner fin a una aventura militar en la que nunca creyó que los cerca de 250.000 afganos que colaboraron con las fuerzas de la OTAN, así como unos 200 ciudadanos estadounidenses que se han quedado atrapados en el país a merced del nuevo poder talibán, según medios. "No sacamos a todos los que queríamos sacar", se limitó a reconocer McKenzie.

El aeropuerto de Kabul, que desde el 15 de agosto ha sido escenario de los dramáticos esfuerzos de evacuación internacional, está ahora bajo control de los talibanes. Cuando el último avión estadounidense despegaba, los combatientes islamistas lo han celebrado con salvas de disparos al aire. "El último soldado estadounidense ha salido del aeropuerto de Kabul esta noche y nuestro país ha obtenido la independencia total. Alá es grande", dijo el portavoz talibán Zabihulá Muhajid.

Cianuro electoral

Los esfuerzos occidentales de rescate continuarán, pero en un segundo plano. Justo lo que desea el presidente, consciente de que a cada minuto aumenta el riesgo de atentados como el de Estado Islámico de la provincia del Khorasan que segó las vidas de 13 militares estadounidenses y más de 170 civiles en los aledaños del aeropuerto de Kabul. El domingo, mientras recibía con la mano en el corazón en la base aérea de Dover los féretros de los caídos, Biden tenía probablemente en mente que esas son las imágenes que los votantes no perdonan. Esos mismos votantes que pondrán a examen su presidencia en poco más de un año en las elecciones de mitad de mandato, en las que se renovará gran parte del Congreso.

Las 'midterm elections', como se las conoce en Estados Unidos, son clave para decidir si el presidente sigue contando con el respaldo legislativo necesario para llevar a cabo su programa. Tradicionalmente, el partido que ocupa la Casa Blanca no suele salir bien parado en estos comicios. Y aunque aún falta más de un año, el equipo del presidente no oculta su disgusto ante el traspié afgano, el cual ha ensombrecido, quién sabe si de manera irreversible, una gestión hasta entonces valorada como positiva en las encuestas y en los medios. Un posible cianuro electoral que Biden no ha tenido otra opción que tragarse.

"Biden rompe su promesa de 'quedarse' en Afganistán hasta que todos los americanos fueran evacuados", titulaba una de las piezas de la cobertura de Fox News, en la que fuentes militares confirmaban que todavía quedan "unos 250" estadounidenses en el país. Además, la cadena destaca que la salida definitiva se produce casi un día antes de que se cumpliera la fecha límite dada por los talibanes, que eran las 15:29 hora del este (EST) del martes o las 23.59 hora local en Kabul.

Mientras, la tensión en la capital afgana no hacía más que aumentar según se acercaba la fecha límite. En las últimas 24 horas, los militares estadounidenses han evacuado unas 1.200 personas de Kabul en 26 vuelos C-17, mientras que dos vuelos de la coalición sacaron a otras 50, según datos la Casa Blanca. En total, Estados Unidos y el resto de países occidentales han evacuado a 123.000 personas de Afganistán en una de las operaciones más masivas de evacuación de la historia reciente.

El presidente buscará ahora recuperar la narrativa previa al 15 de agosto, cuando el inesperado colapso del Ejército y el Gobierno afganos dejó Kabul en manos de los talibanes. Ese giro de los acontecimientos llevó a que los logros de la Administración Biden, como la recuperación de la economía estadounidense y la rapidez de la vacunación contra el covid, pasaran a un segundo plano. Las encuestas le daban una popularidad superior al 50% y el presidente parecía beneficiarse de la sensación generalizada de que en la Casa Blanca volvía a haber alguien sensato después de los cuatro años estrambóticos de Donald Trump. “En general, el Gobierno de Biden había tomado todas las decisiones estratégicas adecuadas”, dijo a la CNN el asesor demócrata David Shor.

Un Biden desconocido

Pero el trágico cierre afgano ha mostrado a un líder hasta ahora desconocido. Irritable y a la defensiva frente a quienes cuestionaban sus decisiones, el presidente no respondió a las preguntas de los periodistas en sus comparecencias en los primeros días de la crisis. El mandatario afable que había hecho de la empatía su seña de identidad parecía haber mutado en otro malhumorado porque su gran decisión estratégica no había salido como había previsto.

Con el paso de los días, sin embargo, la Casa Blanca recuperó el control de la comunicación y Biden el tono humano que lo caracteriza, como cuando mencionó a su hijo fallecido de un cáncer cerebral a los pocos meses de servir en Irak al referirse a los marines muertos en el atentado de Kabul. Quizás el viraje, completado con el ataque con drones contra Estado Islámico como respuesta a la matanza del aeropuerto, haya llegado a tiempo para minimizar daños. También es posible que suceda todo lo contrario si se confirman las informaciones de que 10 civiles, incluidos seis niños, podrían haber muerto a raíz del susodicho bombardeo estadounidense —algo que el Ejército del país no ha podido desmentir—.

Al fin y al cabo, las encuestas muestran que los estadounidenses están mayoritariamente a favor de la retirada, aunque haya críticas razonables a la manera en que se ha llevado a cabo, con detalles tan cuestionables como la entrega a los talibanes de una lista con los nombres de los colaboradores afganos del despliegue estadounidense.

En realidad, como apuntan muchos comentaristas estos días, no había salida fácil de la ratonera afgana y el presidente no ha hecho sino honrar el acuerdo de Doha firmado con los talibanes en 2020 por el Gobierno de Trump. Fue ese pacto el que permitió la liberación de hasta 5.000 presos yihadistas y fijó un calendario para la retirada definitiva de las tropas, como se ha ocupado de recordar Biden en alguna de sus comparecencias.

Los republicanos han mantenido un tono en general moderado en sus críticas al presidente por su manejo del cierre de la misión

Quizá conscientes de ello, los republicanos han mantenido un tono en general moderado en sus críticas al presidente por su manejo del cierre de la misión. Los republicanos también eran partidarios de concluir “la guerra más larga" y su líder hizo bandera de ello, por lo que será un poco embarazoso para ellos buscarle las cosquillas a Biden por este tema.

Quemar crédito internacional

Biden intentará ahora que el foco regrese a partir del 31 de agosto a la política doméstica, en la que el país enfrenta el repunte de la pandemia por la variante delta del coronavirus y una inquietante subida de la inflación que podría poner en peligro los frutos de la tan anhelada recuperación económica. Con la salida de los últimos marines de Kabul, y con ellos los últimos reporteros occidentales, será difícil que Afganistán vuelva a copar titulares.

Los talibanes se enfrentan ahora al difícil reto de gobernar el país y obtener reconocimiento por parte de la comunidad internacional, algo que no obtuvieron entre 1996 y 2001, cuando controlaron Afganistán por primera vez. Pese a que han prometido una amnistía general y que respetarán los derechos fundamentales de mujeres y niñas, de momento los países occidentales apuestan por establecer vías de comunicación prácticas. Como reconocía el Alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad Josep Borrell: "Los talibanes han ganado la guerra, así que tenemos que hablar con ellos”.

También será difícil que la Administración Biden recupere el crédito perdido en la comunidad internacional, especialmente entre sus aliados. El presidente que prometía la restauración del multilateralismo desoyó todas las peticiones de prolongar la misión de evacuación de los países amigos, lo que ha agravado la sensación de orfandad europea y la impresión de que la OTAN es ya un vestigio inservible al que la Unión Europea tiene que encontrar un sustituto.

La rápida caída del país —del gobierno y el ejército que Washington había formado— pone en evidencia la misión democratizadora con la que Estados Unidos había tratado de vender a la opinión pública internacional sus intervenciones militares —el propio Biden llegó a reconocer que la misión en Afganistán nunca fue "construir un país"—. La retirada estadounidense aumenta el peso político y la influencia de China y Rusia en la región, aunque también asumen los riesgos que conllevarían que la nación centroasiática vuelva a convertirse en un refugio para el terrorismo internacional.

Los europeos tienen ahora más motivos para desconfiar de Biden y dudar de su promesa al mundo de que “Estados Unidos ha vuelto”. Pero él sabe que no son los europeos quienes votarán en las 'midterm'.

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