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El nuevo Internet de Zuckerberg

Ciencia tecnología e innovación Pablo Escandón Montenegro. El Comercio 05 de septiembre de 2021
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Los personajes de Star Trek, al leer Sherlock Holmes, viven la experiencia lectora.

En Star Trek New Generation, los tripulantes de la nave Enterprise tienen un sustituto a la sala de cine y a la biblioteca. No. En esa nave hibridaron aquellas dos formas de entretenimiento y conocimiento en una sola: la holocubierta.

Allí, el capitán y su tripulación solían ser parte de los libros que leían, pero el señor Data, aquel robot humanoide elegía siempre las aventuras de Sherlock Holmes, y él se ponía en el personaje del investigador. La holocubierta reproducía, sin necesidad de cascos de realidad virtual ni controles remotos, los escenarios donde la historia transcurría; la voz del usuario controlaba esa realidad creada siglos atrás por Conan Doyle en esa interfaz que nunca perderá su vigencia: el libro.

Y es en la creación literaria donde se origina el término del metaverso, popularizado por Marvel y los multiversos en las sagas de los Avengers y principalmente con la serie Loki; ahora se concreta con la propuesta de Realidad Virtual para reuniones de trabajo que Facebook está desarrollando.

El término del metaverso lo acuñó Neal Stephenson, escritor adscrito al ciberpunk y, claro está, a la ciencia ficción fundamentada en temas computacionales e informáticos. El metaverso es ese espacio virtual en donde los avatares modifican la realidad. Ya la propia película ‘Avatar’ (James Cameron) trató esto de la realidad virtual y la creación de ‘otros yo’ en espacios digitales. Mucho tiempo antes, autores como Jorge Luis Borges ya hablaba del otro Borges y realidades paralelas o destinos bifurcados al hablar de múltiples finales paralelos en otros mundos.

El metaverso de Facebook está orientado a que creemos nuestros avatares en espacios virtuales de reunión, para ir más allá de las plataformas que hemos estado utilizando hasta ahora, como Zoom o Google Meets, en donde la conexión no necesariamente indica participación. La experiencia de una simulación indica que se puede tener mayor compromiso de los participantes, como en un juego de realidad virtual.

Zuckerberg quiere expandir el trabajo mediante la simulación de diversos entornos laborales, académicos y hasta políticos, pues el metaverso es una plataforma que alberga varias plataformas y espacios virtuales en donde los avatares pueden estar e ir indistintamente, sin necesidad de cerrar sesiones.

La lógica inmersiva del videojuego de realidad virtual se expande a la realidad laboral y es allí donde los avatares pueden negociar, cerrar contratos e ir a diferentes reuniones, como si tuviéramos al Señor Data, de Star Trek New Generation, saltando entre una historia de Sherlock Holmes hacia una de Hércules Poirot, como sucede en la novela Azogue de Neal Stephenson, en donde el mismo personaje hace saltos temporales para conocer al niño y al viejo Benjamin Franklin.

La interfaz de la realidad virtual, con sus cascos, visores y controles, es más eficiente que la que ofrecen actualmente las plataformas digitales de reuniones en línea, pues está pensada en el propio entorno, que no es real, pero se realizan acciones y actividades del mundo físico y tienen la misma función, con el detalle de que el usuario tiene mayor emocionalidad en este entorno que en el reproducido en la cuadrícula de la pantalla con su imagen.

Participar mediante una proyección personal es lo que hacen los jugadores en línea y así sus avatares son los que socializan, investigan, descubren, es decir, participan en la narrativa de un mundo creado para que el usuario no sea una imagen fija, sino un carácter que hace progresar a la historia, aunque no sea el personaje principal, pero su función va más allá de la conexión y de la obligada presencial, sino que sus actos pueden definir una nueva línea dramática.

Pensemos en cuántas reuniones de Zoom han sido atacadas por participantes que se sienten aburridos o que reclaman con las propias herramientas de la plataforma: comparten pornografía, usan el puntero para dibujar falos y vulvas o bien escriben insultos en el chat y en la pantalla. Eso es muestra de que la plataforma no es inclusiva, sigue presentando una jerarquía autoritaria donde los demás “oyen”.

El metaverso es la ruptura de esa linealidad de las reuniones y charlas magistrales de la presencialidad llevada a las pantallas en línea.

Los nuevos usuarios no quieren ser más imágenes en la cuadrícula. Más o menos como lo que Pink Floyd inmortalizó con su “another brick in the wall”. La educación no debe reproducir ni recrear continuamente estos errores.

El metaverso de la ficción siempre ha cuestionado la realidad y muestra ucronías y mundos paralelos en donde la hibridación de géneros, discursos, personajes y sus contextos son las respuestas al caos, al uso inadecuado de plataformas y, principalmente, a la búsqueda de la libertad, pues es en los mundos alternos donde encontramos los triunfos de quienes son derrotados en la presencialidad, por ello es que los escritores inventan mundos y realidades, para modificar las propias.

Zuckerberg está probando interfaces. Está claro que las plataformas actuales para reuniones llegaron a su fin y que los usuarios nos estamos convirtiendo en asistentes fantasmas a todo y las clases, reuniones, conferencias, encuentros y seminarios por Zoom o Webex suenan, en muchos casos, como ruido de fondo mientras hacemos lo que nos importa: jugar en línea, cocinar, leer.

Para el creador de Facebook, el metaverso es el futuro de la Red porque sabe lo que quieren los usuarios actuales: una verdadera simulación de participación, en donde el control del otro avatar pueda funcionar de manera más efectiva mediante el control remoto y no mediante la anulación del sonido o apagar la cámara de la reunión.

La holocubierta sale de la nave Enterprise y regresamos a los mundos simulados como SimCity, pero para modificar la realidad desde la virtualidad con nuestros avatares que pueden ser nuestras identidades del metaverso, tan válidas como una firma digital.

Pero ¿quién es el dueño del entorno digital y cuánto cuestan los aparatos? Y lo más importante. ¿En dónde radica la seguridad de la información de todo lo que haremos o diremos en esos espacios virtuales en línea y cómo los usara el señor Zuckerberg? 

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