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El último sacerdote en salir de Kabul: "No hay cristianos afganos, la conversión es la muerte"

Al padre Giovanni Scalese le acompañaban en su salida del país 14 niños discapacitados, cinco monjas misioneras y dos religiosas de la ONG Pro Bambini di Kabul

General El Confidencial 18 de septiembre de 2021
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Talibanes en Kabul. (Reuters)

“Id por todo el mundo y anunciad el Evangelio” fue el mandato de Jesucristo a sus apóstoles. Pero Corea del Norte, Somalia, Arabia Saudí, Yemen o Eritrea son ejemplos de países en los que es prácticamente imposible para los cristianos vivir y difundir su fe. Incluso hay lugares, como Afganistán, en los que, desde la salida de los últimos occidentales, el número de cristianos es, oficialmente, cero.

Hace unos días, el padre Giovanni Scalese fue el último sacerdote en salir de Afganistán. Le acompañaban 14 niños discapacitados, las cinco monjas misioneras de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta que los cuidaban y dos religiosas que trabajaban para la ONG Pro Bambini di Kabul. “No me habría ido sin ellas”, afirma con contundencia a El Confidencial el padre Scalese, que ahora se encuentra “recuperando fuerzas” en Roma y dispuesto a retornar a Kabul “si se dan las condiciones mínimas y la Santa Sede lo decide”. El sacerdote revive la complejidad de los últimos momentos en el país hasta que pudieron llegar al aeropuerto de Kabul. “Estaba especialmente preocupado por las monjas de la Caridad y los niños que cuidaban, que seguían viviendo en sus casas, expuestos al peligro y asustados”.

"Estaba preocupado por las monjas de la Caridad y los niños que cuidaban, que seguían viviendo en sus casas, expuestos al peligro y asustados"

Eran la última presencia católica en el país. Scalese estaba al frente de la misión 'sui uiris' —una fórmula de presencia de la Iglesia católica en los territorios en los que no ha penetrado oficialmente— pactada en 1921 por el papa Pío XI con las autoridades locales y que permitía la presencia de una pequeña capilla católica dentro de la Embajada italiana, destinada a la atención espiritual de los fieles católicos. Desde entonces, ha sido la única iglesia de Kabul. “Tras nuestra salida permanece cerrada”, señala el sacerdote, que desconoce en qué condiciones puede encontrar el templo tras el control talibán de la ciudad.

Con la salida de Kabul se cerraba un siglo de presencia católica en el que no ha existido una “evangelización directa”. "Está prohibida por los acuerdos de hace un siglo —explica Scalese—, que excluyen cualquier forma de proselitismo, por lo que podemos hablar de una evangelización indirecta por el testimonio de los religiosos y sacerdotes". Así, los creyentes a los que atendía Scalese eran miembros del cuerpo diplomático o ciudadanos extranjeros, que también han abandonado el país. “No existen cristianos afganos, puesto que la conversión supone para ellos un pecado de apostasía y la condena a muerte”, afirma el sacerdote. Una situación que desmienten, en cierta manera, desde Open Doors —la entidad de las iglesias evangélicas que analiza la libertad religiosa en el mundo—, que sí reconocen la presencia de algunos conversos en el país, pero no concretan ni su número ni su posible ubicación por miedo a las represalias.

Open Doors elabora todos los años un 'ranking' de la persecución religiosa en el mundo. En el de 2021, antes de los acontecimientos que precipitaron el control del país por parte de los talibanes, Afganistán ocupaba el segundo lugar. “Allí es imposible para un cristiano vivir abiertamente su fe, porque los conversos se enfrentan a graves consecuencias si son descubiertos”, explica Ted Blake, director en España de la organización. “La primera represión comienza por sus propias familias, para quienes es una deshonra que uno de sus miembros se haya convertido”, añade. Esta misma semana, Open Doors difundía el testimonio de un cristiano afgano como una muestra de esperanza. “El día que cayó Kabul nació una niña. Dios nos dio una nueva vida ese día. Fue como si Dios nos dijera: 'Hijos míos, yo me encargo de esto”. Sin embargo, nadie se declara cristiano en Afganistán, por lo que la estadística sigue reflejando la ausencia total de esta creencia.

Además, en la situación actual, la vuelta de misioneros al país parece imposible. Afganistán —junto con China, Arabia Saudí, Corea del Norte, Somalia, Omán, Bután, Laos y Vietnam— es uno de los pocos países con los que el Vaticano no mantiene relaciones diplomáticas. “No han existido con anterioridad, puesto que normalmente se inician cuando existe una pequeña comunidad católica en el país. Ahora, sin ninguna presencia, será difícil que se establezca ese diálogo”, señala el padre Scalese.

Pero la persecución a los cristianos no viene siempre por motivos religiosos. Por delante de Afganistán, en el informe de Open Doors, el primer puesto lo ocupa Corea del Norte, donde la represión hacia los creyentes viene del mismo Gobierno. En 1945, tras la división del país, la mayor parte de los cristianos huyeron a Corea del Sur y en la actualidad los creyentes de esta religión no alcanzan ni el 2% de la población. Tras una intensa represión en los primeros años de la república comunista, unos tímidos signos de apertura permitieron la construcción de cinco iglesias cristianas, tres evangélicas, una católica y otra ortodoxa en la capital, que sirven al culto de ciudadanos extranjeros. Sin embargo, para los locales, ser descubierto como cristiano “es una sentencia de muerte” según el informe de Open Doors. “Si no es asesinado en el momento, será llevado a un campo de trabajos forzosos como preso político”, explican.

Similares condiciones se encuentran los pocos cristianos que todavía viven en Somalia, que ocupa el tercer lugar en el 'ranking' de persecución. El último obispo de Mogadiscio, Salvatore Colombo, fue asesinado en 1989 en la catedral mientras presidía la misa. Hoy, el edificio en ruinas es un símbolo de la situación de la comunidad cristiana de la ciudad. La última vez que el Vaticano logró ponerse en contacto con ellos fue en 2018. Eran apenas 30 personas, la mayoría ancianas, que vivían ocultas por miedo a las represalias de los fundamentalistas islámicos.

Libia, Pakistán, Eritrea, Yemen, Irán, Nigeria e India completan, en ese orden, los 10 primeros puestos del 'ranking' de persecución a los cristianos, según Open Doors. Le siguen, más adelante, países como Arabia Saudí, el país natal de Mahoma, donde la presencia de más de un millón de cristianos —la mayoría de origen asiático dedicados al servicio del hogar o la construcción— es consentida, pero tiene prohibido el culto público, la posesión de biblias o de cualquier simbología cristiana. También es llamativa la situación en países como Siria o Irak, donde la presencia de cristianos está documentada desde el siglo I, pero la influencia del ISIS en los últimos años les ha puesto al borde la desaparición.

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