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Dieta mediterránea e insectos: la nueva opción para limitar el cambio climático

Con el aumento de la población mundial, y la característica insostenibilidad de algunas prácticas agrarias, una nueva forma de alimentación es esencial para que los seres humanos puedan seguir habitando este planeta

Planeta El Confidencial 08 de noviembre de 2021
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Diversos insectos fritos en un mercado de Bangkok, Tailandia. (EFE/Narong Sangnak)

La dieta mediterránea tiene beneficios contrastados para la salud, que han sido alabados por la Organización Mundial de la Salud y están reconocidos como uno de los elementos de la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO. Ahora tiene otro valor añadido: su capacidad para combatir el cambio climático.

La profesora del área de nutrición de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya, Ana Bach ha puesto cifra al beneficio que puede generar la dieta mediterránea tradicional a la acción climática. Así, calcula que solo en el contexto español puede facilitar una reducción de hasta el 72% de los gases de efecto invernadero; un 58% el uso del suelo; un 52% del uso de la energía y un 33% menos consumo de agua.

 Una de las soluciones para cubrir las necesidades alimentarias de la población pasa por el consumo de insectos

Además, la investigación expone que hasta el 60% de la generación ‘milenial’ está dispuesta a seguir un cambio hacia una alimentación sostenible. “Ya podemos hablar de una alimentación saludable, también nos interesa que sea sostenible”, ha defendido la profesora y vocal de alimentación y nutrición del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Barcelona en el marco de la celebración de las jornadas de Diálogos Agroalimentarios.

La investigadora recuerda que hasta un 22% de las muertes que se producen en todo el mundo son atribuibles a causas alimentarias a consecuencia de un consumo elevado de sal, bajo consumo de cereales integrales y fruta, de acuerdo con las conclusiones de un informe científico publicado en 2017 ‘Global health effects of dietary risks’. Por ello, advierte de que sustituir fruta, verdura y cereales integrales por productos procesados o con alto contenido de azúcar provoca efectos nocivos para la salud y eleva la huella ecológica de la alimentación.

https___f.elconfidencial.com_original_f54_75a_022_f5475a0223d55a7a654162b363d23177Cientos de culturas alrededor del mundo consumen insectos desde hace milenios. Foto: EFE

Bach forma parte del grupo Food Lab de la institución académica, un grupo interdisciplinar que estudia la evolución de patrones de alimentación y su relación con la sociedad y la salud, que alerta de que la transición alimentaria hacia un aumento de proteínas de origen animal, que generan un impacto ecológico mayor, se ha producido sobre todo en poblaciones urbanas y entre los jóvenes de nivel socioeconómico bajo. Este aumento del consumo de “calorías vacías” a base de cereales refinados, alcohol y grasas condiciona la salud. “Lo que ponemos en el plato es importante tanto para la salud como también por cuestiones ambientales”, asegura la investigadora que califica como “insostenible” el modelo actual porque está “superando los límites planetarios”.

En ese sentido, insiste en que las personas no pueden desligar su salud de la del planeta porque la sostenibilidad alimentaria es “un problema de primer orden” para que la especie humana continúe habitando el planeta.

https___f.elconfidencial.com_original_d95_8ee_116_d958ee116e50d1637e35cc16d39460bcGranja de grillos en Kyrgyzstan. (EFE/ Igor Kovalenko)

‘The Lancet’ apuntó ya en 2013 en el artículo GBD Risk Factor Collaborators que el 30 de las emisiones de gases de efecto invernadero tienen que ver con un sistema alimentario ajeno al concepto de sostenibilidad. Por ello, la investigación de la UOC defiende que la dieta debe tener en cuenta tanto la salud como el medio ambiente. “Nos interesa tomar en consideración no solo la producción, sino también el consumo”, valora la investigadora.

Uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible pasa por reducir a la mitad el derroche de alimentos que termina en la basura (en torno a un tercio de la producción alimentaria mundial). “Sabemos que los productos animales gastan muchos más recursos y energía que los de origen vegetal en lo que respecta a uso del suelo, agua, gases de efecto invernadero. Veinte platos de verdura equivalen a un plato de carne en cuanto a emisiones”, precisa.

Dieta flexitariana e insectos

La investigadora apuesta por “reeducar al consumidor” para que adopte otros hábitos alimentarios que se centren en vegetales, con una dieta mediterránea, flexitariana, vegana o vegetariana porque ese tipo de alimentación conducirá a “un ahorro de muchos recursos” frente a un patrón “más occidental y americanizado” que conlleva un incremento de los indicadores ambientales.

En definitiva, Bach pide “guiar” al consumidor para que aumente su ingesta de vegetales, reduzca el exceso del consumo de carne roja y procesada, consuma pescado y productos de temporada. Asimismo, plantea como otra de las soluciones para cubrir las necesidades alimentarias de la población pasa por el consumo de insectos, a los que describe como una “proteína alternativa, segura, saludable y sostenible”. Para el grupo investigador FoodLab la entomofagia en el futuro puede ayudar a garantizar el suministro de proteína, ya que permitiría disminuir la huella ecológica frente a otras proteínas animales y conseguir que “todo el planeta” tenga acceso a alimentos “asequibles, sanos y sostenibles”.

Del millón de especies de insectos que hay en el mundo, 2.000 son consumidas por millones de personas en todo el mundo. Los expertos del FoodLab estiman que estos pueden ser un instrumento para combatir el cambio climático. En este grupo participa también la doctoranda de la UOC Marta Ros que recuerda que en algunos países asiáticos el consumo de insectos es un comportamiento histórico en su dieta. Por ejemplo, en China se remonta a hace 2.000 años y también ingieren insectos en otras áreas de África, Sudamérica o Australia.

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