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Hay esperanza: los tres desastres climáticos que hemos conseguido frenar (por ahora)

El calentamiento global es una amenaza de carácter mundial. Pero tenemos experiencias en el pasado que demuestran que, con trabajo de todos, se pueden buscar soluciones para frenar el cambio climático

Planeta El Confidencial 14 de noviembre de 2021
Manifestación por el cambio climático en Ginebra, Suiza. (EFE)
Manifestación por el cambio climático en Ginebra, Suiza. (EFE)

No dejamos de escucharlo: el cambio climático es imparable, y después de la pandemia del covid-19 no parece haberse frenado. La principal amenaza climática a día de hoy es el calentamiento global: uno de los objetivos a nivel mundial era reducirlo, evitar que la temperatura del planeta se eleve en 1,5 grados por encima de los niveles de mediados del siglo XIX y, con ello, frenar sus efectos; sin embargo, las medidas adoptadas hasta la fecha no han conseguido nada de esto. No obstante, no es la primera amenaza climática a la que hace frente la humanidad, y muchas otras que en el pasado fueron clave a la hora de establecer y aplicar políticas públicas parecen ahora superadas. ¿Se pueden aprender lecciones del pasado?

1. La lluvia ácida

Hace mucho tiempo que se dejó de hablar de lluvia ácida. En España, solo en la actualidad se ha vuelto a colocar este concepto sobre la mesa, derivado de la erupción del volcán de La Palma, pero no como algo generalizado. "En los años 80, el mensaje era que este era el mayor problema ambiental de todos los tiempos", relata a la BBC el científico sueco Peringe Grennfelt. Lo cierto es que el aumento de la acidez de la atmósfera altera el equilibrio ecológico de los océanos y afecta, por consiguiente, a la productividad de los mismos y a su capacidad para absorber COâ‚‚. Sin embargo, cuando la lluvia ácida era el principal problema climático, se tomaron decisiones que tuvieron efecto de manera casi inmediata en la vida.

Por ejemplo, en Estados Unidos se aprobaron una serie de incentivos a las empresas para la reducción de emisiones de azufre y nitrógeno, con la posibilidad de comerciar cualquier exceso. Año a año, estos límites se fueron reduciendo hasta que las emisiones cayeron drásticamente en esta región, si bien es cierto que este sigue siendo un problema en otras zonas como Asia. Para el científico canadiense John Smol la de la lluvia ácida puede considerarse una historia de éxito, que demuestra que los países pueden unirse y abordar un problema a nivel internacional. "Si no se le pone precio a la contaminación, la gente contaminará. Esto es algo que sí hemos aprendido".

2. El agujero de la capa de ozono

Casi en la misma época, a mediados de los años 80, otro de los grandes problemas medioambientales era el agujero de la capa de ozono sobre la Antártida, provocado por los clorofluorocarbonos, gases de efecto invernadero más conocidos como CFC, que se usaban en aerosoles y refrigerantes. "De repente, hace 'boom' y cae muy rápido", explica a la cadena británica la científica Anna Jones, de la British Antarctic Survey (BAS), haciendo referencia al rápido 'adelgazamiento' de la capa de ozono, que protege al planeta de los rayos ultravioleta.

Desde los años 70, esta capa había ido perdiendo grosor, pero la advertencia de la BAS de que el agujero cubría gran parte de la zona antártica encendió las alarmas. Ahora bien, en 1987 se firmó uno de los tratados medioambientales más exitosos de la historia, el Protocolo de Montreal: los productos químicos que 'incrementaban' este agujero se eliminaron de manera gradual y la industria cambió los aerosoles con CFC a otros sin clorofluorocarbonos. "Era un problema mundial, pero la industria, los científicos y los políticos se unieron [para frenarlo]", señala la doctora Jones. Gracias a una "rápida" actuación, y al mecanismo establecido para ajustar continuamente este protocolo, se consiguió frenar el agujero y sirve, a día de hoy, como ejemplo de cómo hacer que las cosas funcionen.

Todo esto consiguió que en 2019 el agujero de la capa de ozono se encontrara en su menor tamaño desde 1982. Ahora bien, a pesar de los éxitos del Protocolo de Montreal, ha habido algún retroceso en los últimos años: se descubrió que los hidrofluorocarbonos (HFC), desarrollados como alternativas a aquellos químicos que se sabía que agotaban la capa de ozono, eran potentes gases de efecto invernadero. Y también hubo un aumento de CFC relacionados con China; aunque en ambos casos también se reaccionó de manera ágil. Ahora bien, mientras el agujero de la capa de ozono se va recuperando, los químicos que lo 'agotan' permanecen en la atmósfera durante bastante tiempo, lo que significa que la reparación de la capa de ozono es un proceso largo y lento.

3. Gasolina con plomo

Hace años que la gasolina se consume sin plomo. Los más jóvenes no entenderán por qué muchos siguen diciendo "95 sin plomo, por favor" cuando van a la gasolinera, pero lo cierto es que hasta agosto de 2001 era un combustible legal en España. El último país en retirarla fue Argelia, el pasado mes de septiembre, marcando un hito en la historia. Al combustible se le añadía plomo (de hecho, algunos recordarán añadir directamente plomo a la gasolina) para facilitar que se quemara de manera más eficiente. No obstante, este proceso libera partículas de plomo por el tubo de escape de los vehículos, partículas que, al respirar, pueden provocar diversos problemas de salud, que van desde ataques al corazón hasta accidentes cerebrovasculares, pasando por el deterioro del desarrollo mental de los niños.

El 95% de los coches nuevos vendidos en España son de gasolina o diésel.

Tras una batalla entre científicos, reguladores y la industria, se llegó a un consenso en torno a los riesgos para la salud de la gasolina con plomo, y los países ricos la empezaron a prohibir desde los años 80. En España no fue ilegal hasta 2001. Sin embargo, su uso en países en vías de desarrollo persistió por causas económicas: era más barata de producir que otro tipo de combustibles sin plomo... hasta 2021: gracias a una larga campaña de ONG, grupos industriales y gobiernos, de la mano del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la última gota de gasolina con plomo se bombeó en septiembre de este año. Aun así, la contaminación por plomo aún persiste, en el polvo y en el suelo, donde se mantiene durante muchos años.

¿Hemos aprendido algo?

Según el científico canadiense John Smol, el debate sobre la lluvia ácida fue una avanzadilla de problemas más complejos sobre el cambio climático. "La primera lección que aprendí fue que teníamos que comunicar de manera eficaz los resultados de nuestros estudios, no solo a otros científicos, sino también a los encargados de formular políticas públicas, y a la sociedad en general", señala. "Si hay un vacío de información, este se llenará de manera inmediata en función de los intereses de algunos", añade. En lo que a la eliminación de la gasolina con plomo se refiere, el responsable de la unidad de movilidad sostenible del PNUMA, Rob de Jong, asegura que una lección clave fue el valor de tener un enfoque armonizado. "Toda la campaña contra la gasolina con plomo fue una inversión en la conciencia pública, en la acción social y en la comunitaria, en concentrarse en el impacto que, en este caso, la gasolina con plomo tenía en los niños", señala.

En cuanto a las medidas adoptadas por la comunidad internacional para reducir las sustancias químicas que 'adelgazan' la capa de ozono se muestra, aunque en menor escala, el tipo de cooperación necesaria para abordar el calentamiento global. "El problema del cambio climático es mucho más difícil de resolver que el de la capa de ozono, porque no tenemos alternativas inmediatas a los combustibles fósiles del mismo modo que teníamos alternativas a los CFC", apunta la científica Jones. "Pero esto no es razón para no hacer nada: el problema es demasiado importante, demasiado grande, y hay que seguir adelante", añade. "Cuando la industria y los gobiernos se unieron, en el pasado, fueron capaces de resolver un problema ambiental que amenazaba a todo el mundo. Ahora deben demostrar que se puede hacer de nuevo".

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