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2021, un año de altas expectativas climáticas que no fueron cumplidas

El impulso a la acción climática con el que arrancó el año se fue ralentizando a lo largo de los meses, hasta desembocar en una cumbre climática en la que no se alcanzaron los acuerdos necesarios

Mundo El Confidencial 04 de enero de 2022
f.elconfidencial.com_original_e40_549_86d_e4054986dce42a98261f9508e8baa1d6
Manifestantes durante la COP26 en Glasgow. (REUTERS/Yves Herman)

El año inició con la reincorporación de Estados Unidos al Acuerdo del Clima de París un mes después de que Joe Biden asumiera la Presidencia del país norteamericano y terminó con una XXVI Cumbre de Cambio Climático de la ONU de Glasgow (Reino Unido) de resultados descafeinados y un nuevo repunte de las emisiones de gases de efecto invernadero, que convierten en difícil el brete de cumplir el objetivo de limitar el calentamiento del planeta en 1,5ºC de aquí a final de siglo.

Pero lejos de pensar que todo ha sido un fracaso, 2021 deja importantes pequeños avances a pesar de que la ONU y la ciencia aseguren que, de momento, estos pasos no son suficientes para evitar los peores efectos del cambio climático a medio y largo plazo, ni mucho menos para dejar de observar como se incrementan ya sus efectos en el día a día. Temperaturas récord, nevadas extremas, inundaciones y huracanes destructivos elevan la factura de los desastres meteorológicos a cientos de miles de millones y apenas son la punta del iceberg de lo que está por llegar.

 España llegó a la Cumbre de Glasgow con los deberes hechos, una vez aprobada la Ley de Cambio Climático y Transición Ecológica

Solo los diez mayores eventos climáticos extremos de este año le han costado 170.000 millones de dólares de gasto, según un análisis de la ONG Christian Aid, que señala que los mayores costes económicos ocurrieron en países desarrollados como Estados Unidos, Canadá o Australia, mientras que los mayores impactos humanos y pérdida de vidas se centró en África y América Latina.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha confirmado a final de 2021 como nueva efeméride la temperatura de 38 grados centígrados (ºC) en la localidad rusa de Verkhoyansk, en el Ártico. Este valor es más propio del verano en países mediterráneos como España, pero, en este caso, fue Siberia el escenario de la excepcional y prolongada ola de calor que provocó una pérdida masiva de hielo marino en el verano de 2020, uno de los tres años más cálidos jamás registrados.

f.elconfidencial.com_original_463_618_e2a_463618e2a193e0133ca6b347a490b518  Señal de peligro por calor extremo en Death Valley, California. (REUTERS /Bridget Bennett)

Mientras tanto, la OMM sigue tratando de verificar los 54,4ºC registrados en el valle de la Muerte, en California en 2021 así como un posible récord de temperatura máxima en Europa, 48,8ºC alcanzados este verano en la isla de Sicilia. España también superó su anterior máximo de calor, con 47,2ºC alcanzados en Montoro (Córdoba) el 14 de agosto. En el punto opuesto, el frío extremo deja esta misma semana valores cercanos a -50ºC en Canadá mientras enero comenzó en España con el mercurio llegando a -26,5ºC registrados en Torremocha de Jiloca (Teruel) durante la histórica ‘Filomena’. En definitiva, las advertencias de las que los científicos llevan ya décadas avisando se van cumpliendo casi al dedillo. Precisamente, el 9 de agosto el Grupo de Expertos de Cambio Climático de la ONU (IPCC, por sus siglas en inglés) publicó su Sexto Informe elaborado por 234 científicos de 66 países que analizaron más de 14.000 artículos.

"Código rojo para la humanidad"

El estudio concluye que de manera “inequívoca” el cambio climático está provocado por la acción humana y que, independientemente de las acciones que se acometan para enfrentar la emergencia, las temperaturas del planeta seguirán subiendo hasta mitad de este siglo. De hecho, asegura que de mantenerse el ritmo de emisiones de gases de efecto invernadero la temperatura global a final de siglo aumentará 2,7ºC, muy lejos del objetivo de 1,5ºC del Acuerdo de París, mantenido finalmente en la COP26 de Glasgow. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, calificó el informe del grupo de trabajo 1 del IPCC como “un código rojo para la humanidad”, con cambios “irreversibles” y urgió a “combinar fuerzas ahora” para evitar una catástrofe climática. El informe refleja con claridad el escenario catastrófico que puede suponer no atajar esta emergencia global.

f.elconfidencial.com_original_99e_9d6_76c_99e9d676cad524b0b0412c9338905e44  Antonio Guterres en la COP26. (EFE/Robert Perry)

“No hay tiempo para demoras ni lugar para excusas. Cuento con los líderes gubernamentales y todas las partes interesadas para garantizar que la COP26 sea un éxito”, alentó Guterres.

A lo largo del año los tribunales empezaron a condenar la “inacción climática” de los Gobiernos, como por ejemplo en Francia donde la justicia ha responsabilizado al Estado de la crisis climática y califica ilegal que se incumplan los compromisos de reducción de gases de efecto invernadero, al tiempo que le culpa de “daños ecológicos”. En Alemania la Justicia declaró inconstitucional la ley del clima lo que movió a la canciller Angela Merkel a adelantar el objetivo de neutralidad climática a 2045 y a comprometerse a reducir un 65% las emisiones en 2030. En Holanda un tribunal condenó a la compañía Shell a reducir “radicalmente” sus emisiones, mientras en España la demanda de Greenpeace, Ecologistas en Acción y Oxfam Internacional contra el Estado por falta de acción climática sigue su curso.

f.elconfidencial.com_original_e9b_1d4_d29_e9b1d4d299985151c19652913e3144b5  Manifestantes durante la COP26 en Glasgow. (EFE/Robert Perry)

Y así llegó en noviembre la COP26 de Glasgow, que estaba llamada a ser la Cumbre de la ambición pero que quedó en una cumbre calificada de “decepcionante” por la propia ONU y las ONG, que ven Glasgow como un mero trámite, con acuerdos mínimos y que aplaza los compromisos reales a 2022. El acuerdo final incluye algunos tímidos avances que, sin embargo, supondrán grandes cambios. El pequeño gran éxito ha sido lograr mantener vivo el objetivo de limitar el aumento global de temperatura de aquí a final de siglo en 1,5ºC, que estuvo en la cuerda floja, a punto de caerse del texto aprobado por unanimidad.

Por primera vez se incorpora al texto climático la importancia de mantener en buen estado la biodiversidad y reconoce el papel de la naturaleza y los ecosistemas para cumplir con el Acuerdo de París al tiempo que subraya la importancia de preservar los océanos. El texto expresa con un lenguaje tímido que los países deben empezar a reducir los combustibles fósiles. Así, Glasgow supone el principio de la fase de salida del carbón y pone punto final a los subsidios a los combustibles fósiles. En materia de “ambición” el paquete de la COP26 reconoce la urgencia de acelerar la reducción de emisiones globales hasta el 45 por ciento en 2030 aunque aplaza a la COP27 --que se celebrará en Egipto-- la obligación de que los países presenten sus compromisos concretos para tratar de lograr que la comunidad internacional se adhiera al reto de la neutralidad climática a mitad de siglo.

No obstante, las promesas se topan con la realidad, puesto que el informe de ‘Brecha de emisiones’ del Programa de Medio Ambiente de la ONU señala que la suma de compromisos de reducción situará a final de siglo la temperatura global del planeta en 2,7ºC, lo que supone 1,2ºC más del objetivo. Glasgow ha puesto también sobre la mesa la diferencia entre la financiación prometida para facilitar la transición ecológica en los países en desarrollo a la que los desarrollados deben contribuir con 100.000 millones de dólares anuales: faltan unos 20.000 millones para llegar a esta cifra de financiación y la ONU insta a los países a cerrar esta diferencia. Uno de los flecos que se ha podido cerrar en Glasgow es el artículo 6 del Acuerdo de París, relativo a los mercados de COâ‚‚.

En Glasgow España se sumó a la Coalición de la Alianza por la Ambición, a la Declaración de los Bosques así como a llamamientos sectoriales para avanzar en acción climática en áreas como energía, industria, la aviación o el hidrógeno y se ha comprometido a iniciar acciones para reducir el metano y ha expresado su apoyo a una transición energética limpia y justa. No obstante, España llegó con sus deberes hechos a la cita internacional una vez que en mayo quedó aprobada la Ley de Cambio Climático y Transición Ecológica que se compromete a lograr cero emisiones en 2050 e incluye una senda de reducción con acciones intermedias a 2030.

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