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Boris Johnson estrecha vínculos con China en el peor momento posible

El 'premier' quiere reiniciar las negociaciones comerciales con Pekín, congeladas desde 2018, un polémico movimiento que podría acelerar su salida de Downing Street

Mundo El Confidencial 21 de febrero de 2022
El primer ministro británico, Boris Johnson, durante su visita a la Royal Air Force Station en Waddington. (Reuters-Carl Recine)
El primer ministro británico, Boris Johnson, durante su visita a la Royal Air Force Station en Waddington. (Reuters/Carl Recine)

No está precisamente Boris Johnson en un momento en el que se pueda permitir órdagos. Mientras Scotland Yard investiga el escándalo del 'partygate', su posición pende de un hilo. Pero parece que ha optado por aquello de que "si se ha de morir, que sea matando". Cuando menos se esperaba, y teniendo todo (y a casi todos) en contra, quiere acercar posturas con China, un movimiento que podría acelerar (aún más) su salida de Downing Street.

El 'premier' está buscando estrechar los lazos económicos con el gigante asiático, reiniciando unas negociaciones que llevan tiempo congeladas. En concreto, su Gobierno quiere reanudar el Comité Económico y Comercial Conjunto Reino Unido-China, que no se ha reunido en cuatro años por las crecientes tensiones entre ambos países. Y el responsable del Tesoro, Rishi Sunak, ha dado también luz verde para recuperar el Diálogo Económico y Financiero entre el Reino Unido y China, una cumbre anual que tuvo su última edición en 2019.

Desde hace décadas, Pekín se ha convertido en un actor lleno de peculiaridades en el tablero geopolítico. Es un "ni contigo, ni sin ti". En definitiva, "no me fío, pero tampoco puedo excluirte". Y todo ante la mirada de Estados Unidos, preocupada por cómo le va robando poco a poco influencia.

Es un tira y afloja, pero la decisión de Boris de estrechar lazos precisamente ahora, cuando China se enfrenta a un mayor escrutinio sobre su historial de derechos humanos con los Juegos Olímpicos de Invierno; cuando Xi Jinping se ha jactado de su estrecha relación con Vladimir Putin en plenas tensiones en la frontera de Rusia con Ucrania; cuando Pekín se ha enfrentado con el Gobierno británico por su decisión de acoger a los refugiados que huyen de Hong Kong; cuando la embajada de China en Londres dice que “respalda firmemente” los reclamos de Argentina sobre las Malvinas … Pues quizá para la comunidad internacional no sea el momento más adecuado.

A nivel interno, la decisión también está cargada de altos riesgos. Los rebeldes 'tories' llevan semanas organizándose para forzar un desafío al liderazgo del primer ministro y uno de los grupos con más poder es, precisamente, el que quiere marcar distancias con Pekín. Su cabecilla, Tom Tugendhat, presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de los Comunes, ya ha dicho públicamente que presentará su candidatura para liderar el Partido Conservador si finalmente hay primarias.

¿Qué ha llevado entonces a Boris a dar este paso? El problema para su Gobierno es que, tras el Brexit, el Reino Unido depende ahora más que nunca de China para el comercio. Los datos más recientes de la Oficina Nacional de Estadística muestran que una séptima parte de todos los bienes que ingresaron al Reino Unido el año pasado provinieron del gigante asiático, una tendencia impulsada en parte por la necesidad de asegurar grandes entregas de equipos de protección personal para sanitarios durante la pandemia.

El año de “comercio récord” con China se produjo a expensas de la UE, ya que el Reino Unido intercambió más bienes con el resto del mundo que con el bloque por primera vez en 2021, un escenario impulsado por el Brexit y la demanda de combustible. A día de hoy, China es el tercer mayor socio comercial del Reino Unido. El valor del comercio bilateral entre los dos países fue de 94.500 millones de libras en los doce meses previos a septiembre de 2021.

El ex 'premier' David Cameron (el caballero que se puso a silbar cuando presentó su dimisión tras la victoria del Brexit), ya buscó una “nueva era dorada” en 2015, cuando invitó a Xi Jinping a tomar una cerveza en el pub local cerca de Chequers. Pero las relaciones se enfriaron bajo su sucesora, la sufridora Theresa May (¿se acuerdan de ella?).

Con la llegada de Boris, se ha ido dando bandazos, su 'modus operandi' para todo. De ahí que abriera en un principio las puertas al gigante chino Huawei para luego excluirle de la red 5G por “cuestiones de seguridad”. Por cierto, un pequeño apunte, Guto Harri, que acaba ahora de ser fichado como nuevo jefe comunicación de Downing Street, estuvo haciendo, en su día, 'lobby' a favor de la compañía china.

Dicen que el primer ministro siempre ha querido estrechar lazos con Pekín, pero que con Huawei tuvo que dar marcha atrás por las presiones de sus propias filas y, ante todo, de Estados Unidos. Por mucho que a Londres le moleste cuando le dicen que siempre acaba haciendo lo que diga Washington, los hechos hablan por sí solos.

En el propio Gabinete, la decisión de estrechar vínculos comerciales con Xi Jinping genera divisiones entre las dos personas que tienen más posibilidades de suceder a Boris. Mientras Liz Truss —responsable de la diplomacia británica— quiere aplicar mano dura, Rishi Sunak —ministro del Tesoro— apuesta por acercar posturas. Y, de momento, parece que éste último es el que va ganando. En todo. Es más, está tomando tanta influencia que son muchos los que consideran que Boris seguirá en el Número 10 el tiempo que Rishi quiera. El día que decida mover ficha, podría ponerse la cosa interesante. De momento, está en contacto con Dominic Cummings, el que fuera todopoderoso asesor del `premier´ convertido ahora en su peor enemigo. Campañas `crueles´ para intentar derribos. De qué me sonará esto.

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