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En este singular hotel marroquí se puede vivir una auténtica vida de reyes

El Royal Mansour, que pertenece al soberano marroquí, se ha erigido como un templo del lujo y del bienestar que rinde tributo a su artesanía y a su cultura en cada detalle

Turismo El Mundo Al Instante 24 de febrero de 2022
Hotel marroquí
‘Lobby’ del hotel Royal Mansour, en Marrakech.

Entrar en el Royal Mansour de Marrakech es franquear las puertas de una verdadera medina del lujo, en la que la experiencia está conformada por cientos de detalles enhebrados por una cultura de la hospitalidad y el buen gusto que busca ofrecer siempre lo mejor de sí misma. El hotel propone a sus visitantes vivir una auténtica vida de Rey. Y no se trata de una figura literaria. El establecimiento es propiedad del soberano marroquí, Mohamed VI, quien quiso reunir allí lo mejor de su tierra y de su pueblo para ofrecérselo al mundo y deleitar a sus ocupantes.

Su cometido se consigue nada más traspasar sus muros. Arropados por un exuberante jardín de dos hectáreas –con el sello español del paisajista Luis Vallejo-, sus 53 riads conforman una oferta de alojamiento difícil de superar.

Una habitación en un riad.Una habitación en un Riad.

Y es que en el Royal Mansour no hay habitaciones o ‘penthouses’ sino casas privadas, que se distribuyen en un entramado rosa de callejuelas, fuentes y palmeras a la manera de una pequeña y selecta ciudad. Cada riad tiene tres plantas, todas las comodidades, máxima privacidad, diversas dependencias, su propio patio tradicional y, arriba de todo, una terraza con piscina, tumbonas y el escenario perfecto para –cuando cae la tarde y se encienden farolas y velas-, vivir allí momentos mágicos.

Todo en el Royal Mansour es amplio y espacioso (hay riads de entre 140 y 1.800 metros cuadrados, con un precio por noche que parte de los 1.200 €) y se sustenta en un servicio impecable que combina máxima atención al viajero, casi anticipándose a sus deseos, con la garantía de privacidad que tiene su culmen en el entramado de túneles subterráneos y las puertas secundarias por los que se mueven los trabajadores para resguardar este ambiente de retiro y exclusividad.

Terraza de un riad.Terraza de un Riad.

En la construcción del hotel participaron 1.500 artesanos y su legado es visible a cada paso, con magníficos artesanados, suelos, azulejos, puertas de madera, alfombras, muebles a medida y textiles que permiten una inmersión total en su rica y ancestral cultura. Uno de los puntos obligados de visita es su spa, de 2.500 metros cuadrados decorados con celosías ornamentales de metal y con uno de los baños ‘Hamam’ más valorados del mundo, además de los últimos tratamientos de estética.

Vista de parte del spa del hotel.Vista de parte del spa del hotel.

También destaca su oferta gastronómica, bajo la dirección del chef parisino y poseedor de dos restaurantes con tres estrellas Michelin Yannck Alléno, quien se luce con los sabores de la exquisita cocina marroquí en Le Grande Table Marocaine y con la más informal con toques asiáticos de Le Jardin. El hotel también ofrece alta cocina italiana en Sésamo, del chef ‘triestrellado’ Massimiliano Alajmo, y una muy original comida privada en la copa de los árboles gracias a su espacio The Nest. Todo ello tanto para sus huéspedes como para visitantes externos que quieran disfrutar por un rato de este lugar único y su comida.

Piscina del Royal Mansour.Piscina del Royal Mansour.

La visita a Royal Mansur se puede complementar, por supuesto, con pasar un rato en las tumbonas o nadar en su gran piscina, dar paseos por el jardín, entrenar en su gimnasio, tomar sus clases de yoga impartidas por un auténtico maestro indio o de arte en el exquisito invernadero de cristal, pedir una cenas privada en el propio riad -en su gran salón o en la encantadora terraza- y más planes idílicos en este oasis en el que el tiempo se detiene y los sueños se hacen realidad.

Qué hacer

Royal Mansour Marrakech está situado a solo unos pasos de la animada Medina de la ciudad y de la conocida plaza Jemaa El Fna, y ambas merecen un largo paseo. También están cerca el Museo de Yves Saint Laurent, un enamorado de este destino marroquí, y sus Jardines de Majorelle. El hotel organiza para sus huéspedes visitas guiadas por estos y otros puntos de la ciudad, paseos en globo, cenas en el Atlas bajo las estrellas y divertidos tours en ‘sidecar’ de época (y de película) con un chófer que también hace las veces de guía privado.

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