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El bicarbonato de sodio es una promesa para la medicina

El bicarbonato de sodio ha sido un ingrediente esencial en las cocinas desde tiempos inmemoriales. Interactúa con componentes ácidos como la mantequilla y la harina cuando se prepara una torta, para hacer que la mezcla se expanda y con el calor del horno crezca el pastel que se hornea. También es parte de los antiácidos y puede ayudar en la limpieza de los dientes.

General El Mundo Al Instante 17 de marzo de 2022
Bicarbonato

Ahora, científicos de la Universidad de Augusta, en el departamento de fisiología, anuncian que una dosis diaria de bicarbonato de sodio podrá ayudar a reducir la inflamación destructiva causada por las enfermedades autoinmunes, la artritis reumatoide una de ellas.

Los investigadores afirman tener la primera evidencia de que ese antiácido barato podría hacer que el bazo produjera un efecto anti-inflamatorio. Ellos informan que cuando ratones o personas sanas toman una solución de bicarbonato, se dispara una reacción que hace que el estómago fabrique más ácido para digerir la próxima comida y que les cuenten a las células del bazo que no hay necesidad de montar una respuesta inmunológica protectora.

“Es más probable que sea comida y no una infección bacteriana, parece ser en esencia el mensaje que se envía”, dice Paul O´Connor, fisiólogo renal de la Universidad de Augusta.

Las células mesoteliales en las cavidades del cuerpo, como las de nuestro aparato digestivo, las forran y cubren el exterior de nuestros órganos para evitar, literalmente, que ellos se rocen. Desde hace una década, se encontró que esas células también proveen otro nivel de protección. Tienen pequeños dedos, unos micro-vellos que a manera de proyecciones sienten el ambiente, y que le comunican al órgano que cubren, cuándo un invasor anda rondando y se hace necesaria una respuesta inmunológica.

Tomar bicarbonato, dicen los investigadores, le dice al bazo, quien es parte del sistema inmunológico, —donde actúa como un enorme filtro de la sangre y guarda algunas células como los macrófagos (las grandes comedoras de desechos y de invasores)— que no se pase en su respuesta inmunológica.

“Darle al cuerpo bicarbonato modifica el funcionamiento del bazo y lo hace vía las células mesoteliales”, dice O’Connor. La conversión que ocurre, mediada por otras moléculas mensajeras, parece ayudar a no disparar la inflamación.

En el bazo, al igual que en la sangre y los riñones, después de dos semanas tomando bicarbonato, la población de células inmunológicas, los macrófagos, cambian de su papel primario que es promover la inflamación, los M1, a los que la reduce, los M2. Los macrófagos, quizá más conocidos por su habilidad para “comerse” la basura del cuerpo, los restos de células heridas o muertas, células cancerosas, son los primeros en llegar cuando se produce una llamada de ayuda al sistema inmunológico.

Una de las muchas funciones de los riñones es establecer un balance entre compuestos importantes como el potasio y el sodio. Cuando los riñones no funcionan bien uno de los resultados es que la sangre se vuelve muy ácida. Las consecuencias pueden ser un incremento de la enfermedad cardiovascular y la osteoporosis.

“Se dispara una falla casi completa del sistema”, dice O´Connor. Los ensayos clínicos han mostrado que la dosis diaria de bicarbonato no solo reduce la acidez, sino que actúa disminuyendo el avance de la enfermedad renal, algo que ha llevado a ofrecerla como terapia a los pacientes.

¿Pero cómo el bicarbonato disminuye ese avance?

La respuesta puede estar en la reducción de la población de M1s y el aumento de los M2s, observada en el modelo que usaron los investigadores, después de consumir el bicarbonato.

Cuando observaron un modelo animal sin daño renal, encontraron la misma respuesta. Lo que hicieron luego fue darles a beber a estudiantes de medicina sanos, el bicarbonato diluido en agua y tuvieron la misma respuesta.

“El cambio de una respuesta inflamatoria a una anti-inflamatoria estaba ocurriendo en todas partes”, dice O´Connor. “Lo vimos en los riñones, lo vimos en el bazo, ahora lo vemos en sangre periférica”. Y ese cambio lo hace la existencia de una población mayor de macrófagos anti-inflamatorios.

Los científicos también observaron un cambio en otros tipos de células inmunológicas, las células T, éstas con una función más reguladora, que controlan la respuesta inmunológica “exagerada” que eventualmente lleva al ataque de los propios tejidos y de ahí a enfermedades autoinmunes.

Los investigadores tienen evidencias de que las señales que dirigen esa respuesta anti-inflamatoria vienen de las células mesoteliales que se conectan con el bazo, y no de otras vías. Cuando cortaron el nervio vago, el gran nervio craneano que controla la constancia del ritmo cardíaco y la digestión, no encontraron cambios en el comportamiento de las células mesoteliales. Señalan que estas células mesoteliales habían asumido un papel similar al de las neuronas.

Cuando ellos removieron o tan solo movieron el bazo, por ser necesario en intervenciones quirúrgicas, se rompieron las frágiles conexiones mesoteliales y se perdió el efecto anti-inflamatorio.

El tratamiento también atenúa la inflamación y la severidad de la artritis reumatoide, informaron otros investigadores en el año 2016 en la revista PNAS.

O’Connor tiene mucha esperanza en que el tomar bicarbonato a diario, un día próximo pueda producir resultados similares en las personas afectadas de enfermedades autoinmunes.

“En realidad no se está apagando o encendiendo algo, solo se lo está empujando hacia un lado dándole un estímulo anti-inflamatorio”, en este caso alejándolo de una inflamación peligrosa. “Es en potencia una manera segura de tratar la enfermedad inflamatoria”, dice O’Connor.

El bazo también aumentó en tamaño con el consumo de bicarbonato, debido, según los científicos, al estímulo anti-inflamatorio que él produce. Claro que la infección también tiene ese efecto, por eso los médicos lo palpan en casos de sospecha.

El que el bicarbonato medie en el control de la inflamación, convierte una sustancia barata y que se puede comprar en la farmacia de la esquina, en un muy buen candidato a remediar dolencias graves que aquejan a millones de personas.

Esta es información basada en los hallazgos científicos y no podemos hacer ningún tipo de recomendaciones médicas por obvias razones. Sí lo podrán hacer los médicos, claro, si están al día de los últimos resultados de la investigación científica.

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