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Boris Johnson se baja del tren de la COP26 cinco meses después

Una nueva estrategia del Gobierno británico planea aumentar la explotación petrolífera en el mar del Norte y facilitar la inversión en nuevos reactores nucleares. Estas medidas chocan con las promesas de la cumbre del clima de Glasgow

Planeta El Confidencial 08 de abril de 2022
El Primer Ministro británico Boris Johnson. (EFE-EPA-Neil Hall)
El Primer Ministro británico Boris Johnson. (EFE/EPA/Neil Hall)

En el pasado mes de noviembre todo eran arcoíris y florecillas silvestres. Los británicos estaban muy orgullosos de celebrar en Glasgow la vigesimosexta Conferencia para el Clima de las Naciones Unidas (COP26) que, a priori, nos la vendieron como que en ella se iban a alcanzar resoluciones más importantes, incluso, que el Acuerdo de París. Ahora, cinco meses después, han decidido que no, que lo que van a hacer es taladrar en busca de más gas y petróleo en el Mar del Norte.

Pocos meses antes, en mayo de 2021 el presidente de la COP26, Alok Sharma, escribía un artículo publicado en la web del Gobierno del Reino Unido (desde, según él, la granja de aerogeneradores de Whitelee, en Escocia). En él explicaba la importancia de llevar a cabo una transición ecológica; avisaba de los riesgos que tiene la actividad humana, que daña la tierra; que los gases de efecto invernadero que llevamos desde la Revolución Industrial "bombeando a la atmósfera" están alterando el "precioso equilibrio de la naturaleza".

 "En 2050 seguiremos conduciendo coches, volando en aviones y calentando nuestras casas"

A continuación, recordaba las palabras que la Primera Ministra británica Margaret Thatcher pronunció en 1989: "No somos los señores, sino que somos las criaturas del señor, a los que ha confiado el planeta y a los que ha encargado con la tarea de proteger la vida misma, con todo su misterio. Seamos todos iguales en esa tarea", uniendo estas declaraciones a que ahora (hace un año) es "nuestra última oportunidad de mantener la esperanza de los 1,5 ºC viva".

El Primer Ministro británico, Boris Johnson, también se subió al carro climático (y de qué manera). Su aparente 'epifanía medioambiental' lo colocó, antes, durante y después de la celebración de la COP26 como uno de los grandes paladines del medioambientalismo global. Tras presentar su 'Estrategia del Reino Unido Hacia el Cero Neto de Emisiones' Johnson explicó que "esta estrategia nos muestra como podemos reconstruir de forma más ecológica sin despeinarnos. En 2050 seguiremos conduciendo coches, volando en aviones y calentando nuestras casas; pero los coches serán eléctricos, deslizándose silenciosamente [sic] por nuestras ciudades; nuestros aviones no tendrán emisiones, por lo que nos permitirán volar libres de culpabilidad y nuestros hogares se calentarán gracias a la energía muy barata generada por los vientos del Mar del Norte".

 Plataforma petrolífera en el Mar del Norte. (iStock) Plataforma petrolífera en el Mar del Norte. (iStock)

Entonces, ¿por qué Kwasi Kwarteng, el Secretario de Estado para Negocios, Energía y Estrategia Industrial del Reino Unido, ha anunciado una nueva estrategia que aumentará los límites a la explotación petrolífera en el Mar del Norte y, además, permitirá la apertura de nuevos pozos? Según el gobierno británico, estas medidas tienen el objetivo de reducir la factura energética que soportan los ciudadanos (en una situación relativamente similar a la nuestra). Esto es especialmente extraño, dado que en el pasado, como se explica en este artículo, Kwasi Kwarteng se ha mostrado claramente a favor de las energías renovables, por lo que estas medidas responden a peticiones del ala más conservadora del Gobierno Británico.

Además, la estrategia tiene otros puntos clave que han puesto a la comunidad medioambientalista un ojo a la virulé:

  • Una revisión científica de los impactos y viabilidad del 'fracking' en el Reino Unido (práctica, hasta ahora, no permitida). De todos modos, el gobierno sigue siendo muy escéptico con su implantación, pero el hecho de que se haya comprometido a valorar las opciones ya es preocupante.
  • Doblar los objetivos de generación y utilización de hidrógeno como fuente de energía (de 5 GW a 10GW). de los cuales, al menos la mitad, será 'azul', generado gracias a los combustibles fósiles, lo que se ha demostrado que tiene una mayor huella de carbono que el carbón.
  • Un aumento de la inversión en la generación de energía eólica marina, con la expansión de las granjas ya existentes y la creación de nuevas plataformas flotantes en aguas más profundas. (La única medida realmente sostenible).
  • Hacer más fácil el acceso a la financiación de nuevos reactores nucleares.

Este cambio de rumbo choca directamente con lo que el propio embajador británico en España, Hugh Elliot, expuso en el mes de noviembre en una tribuna en Planeta A: "Desde que asumimos la presidencia de la COP26, la lucha contra el cambio climático ha sido una prioridad máxima para el Gobierno británico. Reiteramos la necesidad de tomar más medidas para reducir las emisiones".

A pesar de esto, el Gobierno Británico no ha alterado lo más mínimo sus objetivos climáticos (alcanzar la neutralidad de carbono en el año 2050, al igual que EEUU y la Unión Europea), por lo que muchos expertos esperan que estas medidas se compensen con otras verdaderamente positivas para la lucha climática.

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