Con el burka y en casa, la nueva realidad de las afganas

Cubiertas de pies a cabeza por el burka y advertidas de que solo salgan de casa por un buen motivo, las últimas restricciones de los talibanes a los derechos de las mujeres.
Esto se basa en su fundamentalista interpretación del islam y ya ha desatado la indignación en Afganistán y entre la comunidad internacional.
La imposición del burka promovida por el todopoderoso Ministerio de Propagación de la Virtud y Prevención del Vicio es la última de una serie de restricciones desde la llegada de los talibanes al poder en agosto.
Imposición del código Talibán
Los talibanes han impuesto su restrictiva visión del velo islámico, pero la orden del Ministerio de la Virtud fue publicada el sábado 7 de mayo de 2022.
Esta nueva orden se emite en el país en el que “el 99 % de las mujeres ya usan hiyab”, según los propios fundamentalistas. El velo islámico que cubre el cabello y deja a descubierto el rostro no parece bastante para los nuevos gobernantes de Afganistán.
“Durante el anterior Gobierno el hiyab era necesario pero lo hacíamos según el islam y no el código de los talibanes”, explicó a Efe la activista afgana Zarlasht Mayar.
“Los talibanes mismos han dicho que el 99 % de las mujeres afganas utilizan el hiyab, así que ¿por qué quieren restringir a las mujeres más y más?”, dijo.
La joven afgana Sonia Bahaduri lamentó también que “como mujer musulmana estoy obligada a llevar un hiyab, pero no me voy a meter en una bolsa”.
Mujeres excluidas de la sociedad
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El problema no solo está en la imposición del burka, sino también en la forma en la que los talibanes han decidido castigar a las infractoras: haciendo caer la responsabilidad sobre los hombres.
Si las afganas no siguen la norma, que en el caso de las funcionarias implica despido, las fuerzas de seguridad deben informar a un miembro masculino del hogar.
Si persisten, éste será llamado a declarar, podrá “ser detenido por tres días” y “entregado a los tribunales para recibir su castigo” como última instancia.
Los talibanes “son solo un grupo de extremistas sin legitimidad en el país o en el ámbito internacional, y están excluyendo a las mujeres de la sociedad con sus restricciones”, explicó a Efe la activista Arifa Fatimi.
La exclusión de las mujeres en la vida diaria va más allá de la imposición del velo. Los talibanes han prohibido a las adolescentes asistir a las escuelas, han impuesto la segregación por sexos en lugares públicos y vetado que las mujeres viajen sin acompañante masculino en trayectos largos.
Protestas lideradas por mujeres
La imposición del burka ha desatado algunas protestas en Kabul, a pesar de la intolerancia de los talibanes frente a manifestaciones en su contra.
“No toméis a las mujeres rehenes” o “mi hiyab, mi elección, dejadnos respirar” fueron algunos de los eslóganes coreados en la capital afgana este martes, por segundo día consecutivo, por varias manifestantes.
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También las estudiantes universitarias han criticado la orden que impone el burka, el tipo preferido de hiyab para los tailbanes.
“Llevamos el hiyab, está bien. Pero es nuestro derecho decidir el tipo de hiyab o el color”, señaló a Efe Samira Noorzai, una estudiante.
Falta de consenso religioso
En la multiétnica sociedad afgana, las mujeres han utilizado tradicionalmente vestimentas diversas que también varían en función de la edad, aunque los integristas propugnan el uso del burka en base a su interpretación del islam, aunque la prenda causa debate incluso entre los religiosos.
“Según la ley islámica, las mujeres pueden mostrar su cara, las manos hasta las muñecas y los pies, llevando un hiyab en público”, dijo ayer en un comunicado el jurista religioso Abdul Baqi Misbaha.
La fuente también advirtió que el Gobierno interino de los talibanes no debería “usar el islam para sus ganancias e intereses personales”.
Hasta ahora la elección del burka recaía sobre las mujeres, explicó a Efe un vendedor de estas prendas en Kabul, Haris Ahmad.
“Antes el burka lo compraban las mujeres de mayor edad por decisión propia, pero desde hace unos meses las jóvenes también han empezado a comprarlo”, explicó, aunque en su opinión no se trata de una elección libre sino forzada.
Desde que los talibanes llegaron al poder, las patrullas antivicio vigilan la vestimenta de las mujeres y que éstas estén acompañadas de “guardianes” hombres en la capital afgana.
La imposición y el reguero de restricciones impuestos a las afganas han causado críticas de organizaciones internacionales como Amnistía Internacional (AI).
“La comunidad internacional debe tomar medidas inmediatamente para que las autoridades de hecho de los talibanes sean juzgados por su fracaso a la hora de mantener las promesas”, señaló AI en un comunicado.