497547075dj

¿El fin de la fortaleza nipona? La guerra de Ucrania cambia al país más cerrado del mundo

La política de asilo japonesa da un volantazo después de décadas de puertas casi cerradas, acoge a cientos de refugiados ucranianos y plantea la reforma de la ley de control migratorio y el estatus de refugiado

General El Confidencial 13 de mayo de 2022
Manifestación contra la invasión rusa de Ucrania en Tokio. (EFE-Kimimasa Mayama)
Manifestación contra la invasión rusa de Ucrania en Tokio. (EFE/Kimimasa Mayama)

La guerra abierta entre Ucrania y Rusia ha provocado en Japón el inicio de uno de los cambios más grandes desde la Segunda Guerra Mundial. A sabiendas de que el país del sol naciente está aún, formalmente, en guerra con Rusia, el Gobierno japonés ha dado un giro de 180 grados en sus políticas de asilo y ha permitido la llegada de un número de refugiados ucranianos sin precedentes en su historia reciente.

Casi medio millar de personas han llegado a Japón desde Ucrania tras el inicio de la invasión rusa, tal y como reveló el ministro de Asuntos Extranjeros nipón, Yoshimasa Hayashi, en su reciente visita a Polonia para mostrar su apoyo total a Ucrania y los aliados occidentales. Los ucranianos que han llegado a Japón no se han librado, no obstante, de las draconianas medidas anticovid aún vigentes en el país y han tenido que pasar no menos de dos semanas de cuarentena en un hotel administrado por el Gobierno, donde han recibido una ayuda de 1.000 yenes diarios (unos 7,5 euros) por persona adulta y 500 a los menores de 11 años.

Una vez que abandonan estos recintos después de dar negativo en los test, los ucranianos reciben para sus gastos de manutención 2.400 yenes por persona. Si hay familia, los adultos a partir de la segunda persona de la casa obtienen 1.600 yenes y 1.200 yenes diarios por cada menor, así como los gastos médicos que correrán por cuenta del Gobierno. Además, cada adulto recibe 160.000 yenes para la compra de artículos de primera necesidad y los menores de 15 años, la mitad.

Solo si no te han invitado

"Ahora Nippon Foundation ha creado un programa de ayudas al que me he acogido, pero acabo de hacer la solicitud y quizás tenga que esperar un tiempo para recibir la ayuda que necesito, ya que debo pagar este apartamento en Tokio. A pesar de todo, lo más importante es que los niños estén seguros y se sienten más felices", afirma Olha, que tiene tres hijos de 21, 13 y 7 años.

Olha durante la entrevista en Tokio. (J.S.)
  Olha durante la entrevista en Tokio. (J.S.)

"Todo empezó cuando los rusos empezaron a bombardear centrales nucleares. Nuestros padres estaban asustados por nuestros hijos, especialmente cuando empezaron a atacar también lugares cercanos a estaciones de ferrocarril y otros donde había civiles; en ese momento comprendí que Ucrania no era un lugar seguro. Mi madre me dijo que debía irme con mis hijos al extranjero y decidí con mi marido que salir era lo mejor para los niños, a pesar de que habíamos siempre permanecido juntos y él no podía salir", recuerda.

"Cuando el Gobierno japonés abrió la puerta para acoger a refugiados de Ucrania, contactamos con unos amigos que viven en Japón y ellos nos abrieron las puertas para venir. Entonces decidimos salir del país y venir a Japón", relata. "No teníamos amigos o conocidos en otros países que nos pudieran acoger o bien había problemas con los visados", continúa. "Estamos muy agradecidos a nuestros amigos por darnos esta oportunidad de estar a salvo y con las autoridades por lo rápido que nos han tramitado los visados para mí y los niños, en tan solo una semana después de llegar".

Olha cuenta que se comunica regularmente con su marido, sus padres y suegros a pesar de la diferencia horaria. "Sigo muy de cerca lo que está pasando, ya que mis padres y mis suegros están en Kiev, así como mi marido, que está aún en casa haciendo su propia guerra, trabajando en el ejército en el ámbito de la tecnología informática. No puedo hablar mucho de lo que hace".

A pesar de la distancia, Olha y su familia ya habían visitado este país y muchas cosas no le han cogido por sorpresa: "Ya conocíamos Japón porque habíamos venido en 2014 y empezamos a descubrir que es un lugar donde hay muchas normas y son muy diferentes a las que tenemos en Europa. Entonces fue una gran sorpresa, pero ahora ya no lo es", cuenta. "Antes de venir a Japón teníamos un poco de miedo, especialmente por los niños y el idioma en la escuela, pero los maestros son muy amables y ellos han sido muy bien recibidos y les ayudan mucho y eso me hace muy feliz", confiesa.

Preguntada por el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, esta ucraniana rusófona no duda un ápice: "Zelenski es el mejor presidente que ha tenido Ucrania: soy seguidora suya, lo creo y confío en él y en su equipo. Pienso que hacen todo lo que pueden y más y yo, personalmente, estoy muy contenta de que sea nuestro presidente", asegura.

Sobre el final del conflicto bélico, Olha también es meridianamente clara: "Espero y deseo que la guerra acabe lo más pronto posible, pero con una victoria de Ucrania, que está protegiendo al resto de mundo libre. No es fácil empezar una nueva vida fuera de tu país y si supiéramos que la guerra iba a durar unos meses, probablemente nos hubiéramos quedado en Polonia o en otro país europeo, pero pienso que la guerra durará años y por eso decidimos venir aquí".

Un debate ignorado hasta la guerra de Ucrania

Las políticas de asilo y el trato a refugiados e inmigrantes en general han sido fuente de numerosos debates públicos y mediáticos que los líderes japoneses han querido ignorar hasta hace poco. La muerte de Wishma Sandamali —una profesora de inglés de Sri Lanka de 33 años, a quien se le venció el visado temporal—, en un centro de detención japonés en marzo del año pasado, provocó un fuerte debate sobre el tratamiento de los 1.500 solicitantes de asilo actualmente detenidos en Japón.

Según la Red de Abogados Japoneses para los Refugiados, han muerto al menos 27 inmigrantes detenidos y bajo tutela policial desde 1997. Según datos del Ministerio de Justicia nipón, de los 3.936 solicitantes de asilo en 2020, Japón otorgó el estatus de refugiado solo a 47, mientras que países como Francia, cuya población es más de la mitad, ha acogido a más de 24.000. El caso de Sandamali también puso de manifiesto la falta de transparencia de un sistema en el que las personas pueden languidecer durante años sin expectativas de ser liberadas y contra el que tanto familiares como ONG nacionales y extranjeras están haciendo campaña para cambiarlo.

Nuevo sistema de "casi-refugiados"

El Gobierno japonés está planeando acelerar un nuevo sistema de "casi-refugiados" en el que las personas que huyen de conflictos y que no llegan a ser considerados como refugiados en el país puedan estar protegidas por la ley japonesa. La medida se incluyó el mes pasado en un proyecto de ley para modificar el control migratorio y reconocimiento de refugiados después de este verano.

Según Naciones Unidas, un refugiado es una persona extranjera que pueda ser perseguida "por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social en particular u opinión política". El Gobierno japonés considera que aquellos que escapan de países en conflicto no califican como refugiados y quienes han escapado de los combates en Ucrania son descritos como "evacuados".

El nuevo proyecto de ley designa a esas personas como sujetas a "protección complementaria", lo que les permite recibir el mismo trato que se otorga a los refugiados, incluido el derecho a residir permanentemente en el país. No obstante, para evitar la detención prolongada de ciudadanos extranjeros que se encuentran ilegalmente en Japón, también se plantea la devolución forzosa de los solicitantes de asilo a su país de origen si no han conseguido el estatuto de "refugiado" o de "evacuado" tras solicitarlo tres veces o más.

Te puede interesar