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El veto al petróleo deja sin apetito a la UE para sancionar el gas ruso

La dificultad para aprobar el embargo al petróleo ruso ha sido un aperitivo de la enorme complejidad de un veto al gas. Algunos líderes piden ahora algo más de tiempo

Actualidad y economía El Confidencial 05 de junio de 2022
El presidente francés Emmanuel Macron charla con el presidente del Consejo Europeo y el primer ministro italiano. (EFE)
El presidente francés Emmanuel Macron charla con el presidente del Consejo Europeo y el primer ministro italiano. (EFE)

El martes 3 de mayo, a última hora, la Comisión Europea envió a los embajadores representantes permanentes de los Veintisiete ante la UE su propuesta para un sexto paquete de sanciones contra Rusia. No fue hasta el jueves 2 de junio cuando todos los socios llegaron finalmente a un acuerdo sobre la nueva tanda de medidas contra Moscú por la invasión de Ucrania. Ha sido sin lugar a dudas la ronda más complicada de negociar desdeque Vladímir Putin decidió iniciar la agresión contra su vecino occidental.

¿La razón? El paquete incluía la medida más ambiciosa propuesta hasta el momento: un veto total al petróleo que se empezaría a aplicar en los meses siguientes y estaría ya totalmente establecido a finales de año. Desde el primer momento, Hungría mostró su oposición, el primer ministro Viktor Orbán calificó el paquete de "bomba atómica" para la seguridad energética del país y comenzaron unas complicadas negociaciones para ofrecer cesiones tanto a Hungría como a República Checa y Eslovaquia, tres países muy dependientes del crudo ruso, con refinerías adaptadas específicamente para ese petróleo, y que no tienen salida al mar, lo que complica su capacidad de conseguir suministros alternativos.

Las conversaciones han sido tan complejas que, tras un mes, han terminado con una excepción para el oleoducto de Druzhba que llega a Hungría, República Checa y Eslovaquia. Y eso que el embargo al petróleo no es de lo que más se ha estado hablando desde el inicio de la guerra. Lo que ha centrado la mayoría de la atención ha sido la importación del gas ruso, que representa el 40% del gas importado consumido en la Unión Europea en el último año. La realidad es que el impacto de un veto al petróleo ruso es mucho mayor que sobre el gas: en 2021 la Unión pagó unos 80.000 millones de euros por importar crudo desde Rusia, cuatro veces más de lo que pagó por gas.

Las dificultades a la hora de aprobar el embargo al petróleo han servido de antídoto contra la idea de avanzar rápidamente con más sanciones sobre el gas ruso. Porque cuando se empezó a hablar del inicio de las sanciones a la energía, fuentes diplomáticas y europeas insistieron en una idea: había que empezar por el petróleo porque era mucho más fácil de vetar al ser más sencillo encontrar suministros alternativos.

Tras un mes de negociaciones para sacar adelante la opción "sencilla" que ha provocado ya algunos roces entre algunos Estados miembros, el apetito por adentrarse en una operación muchísimo más compleja y divisiva es casi nulo. Distintas fuentes diplomáticas admiten que ahora hay que dejar reposar las cosas y esperar un tiempo antes de hablar de más sanciones. Y los líderes, muchos de los cuales hablaron tras el acuerdo político sobre el veto al petróleo, están dejando claro que no es el momento de hablar del gas.

Reunión de jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea. (Reuters)Reunión de jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea. (Reuters)

Andrej Plenkovic, primer ministro de Croacia, ha señalado que si bien la UE se está dirigiendo en esa dirección, toca ser pacientes: "Por el momento no hay una cadena de suministro alternativa" a Rusia. Karl Nehammer, canciller austriaco, señaló en la misma dirección. "Es mucho más fácil compensar el petróleo. El embargo del gas no se discutirá en el próximo paquete de sanciones", señaló el líder austriaco en los márgenes del Consejo Europeo.

Emmanuel Macron, presidente francés, apostó por otro discurso: el de que la respuesta europea se debe adaptar a lo que ocurra sobre el terreno, y que un empeoramiento de la situación en Ucrania puede obligar a tomar cartas en el asunto, como ya ha obligado en el pasado. "Creo que no se debe descartar nada porque nadie puede decir cómo evolucionarán las cosas, cómo evolucionará la guerra", señaló el presidente.

Sin embargo, hay líderes que siguen defendiendo que hay que seguir adelante y avanzar hacia las sanciones contra el gas cuanto antes. Arturs Krisjanis Karins, primer ministro letón, subrayó que "cuanto más fuertes sean las sanciones, más rápido terminará la guerra", e insistió en la necesidad de sancionar a toda la energía rusa, incluido el gas, de forma "inmediata y total". Pero la posición de Alexander De Croo, primer ministro belga, es bastante más compartida: "Este es el final del camino, especialmente en el área de las sanciones energéticas".

Kaja Kallas, primera ministra de Estonia y una de las defensoras de una línea dura contra Rusia, querría que hubiera un embargo total al gas, pero es realista: eso no va a pasar por lo pronto. "Discutimos de ello brevemente ayer (por el lunes), pero el gas es, obviamente, mucho más difícil de lo que ya ha sido el petróleo", explicó Kallas. "Creo que el gas debería estar en el séptimo paquete, pero también soy realista. No creo que vaya a estar", admitió.

Sala de reuniones del Consejo Europeo. (EFE)Sala de reuniones del Consejo Europeo. (EFE)

Pero en Bruselas seguirá habiendo voces que piden no relajarse ante el Kremlin. Poco después de que los embajadores representantes permanentes aprobaran el sexto paquete, del que tuvieron que dejar fuera al patriarca Kirill por exigencias de Hungría, el embajador lituano, Arnoldas Pranckevicius, empezó a hablar del séptimo paquete, al que bautizó como "paquete KGB": "Kirill, gas y bancos", escribió en redes sociales.

 Por lo pronto, de lo que se trata es de seguir trabajando en dos planos. Por un lado, en el plan llamado 'RepowerEU', que consiste en conseguir recortar la dependencia de la energía rusa un 65% este año y por completo en 2027 a base de suministros alternativos, reducción de consumo e inversiones en energías limpias, y por el otro aumentar las reservas de gas de cara al invierno, que por el momento se encuentran por el 41%, relativamente por encima del punto en el que se encontraban hace un año, cuando estaban en el 36%. El objetivo es que se encuentren alrededor del 80% cuando empiece la temporada de invierno ante el riesgo de que Rusia corte el suministro antes de que la UE se decide a ser ella la que corte el grifo. Gazprom ya ha cortado el suministro a Polonia, Bulgaria y recientemente a las principales operadoras de Dinamarca y Países Bajos.

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