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Un nuevo estudio ha determinado que el cerebro tiene una temperatura superior a la que pensábamos

Nuestros cerebros están formados por unas células llamadas neuronas y, hasta hace relativamente poco, pensábamos que eran especialmente sensibles a la temperatura y que, por lo tanto, sufrían cuando la temperatura corporal subía demasiado.

Salud El Mundo Al Instante 13 de junio de 2022
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Resonancia magnética donde se muestran distintas temperaturas medidas en el cerebro de mujeres justo antes de ovular (arriba), hombres (abajo) y, por columnas de izquierda a derecha, en función de si fueron analizados por la mañana, por la tarde o ya al anochecer. FOTO: ANONIMO CREATIVE COMMONS

Ahora, un nuevo estudio hace frente a esta idea y plantea que normalmente el cerebro alcanza los 40 grados en algunas partes de su interior, aunque la media en todo su volumen es de unos 38,5 grados. Para contextualizar bien lo que implica esta temperatura, repasemos cuál es la temperatura normal de nuestro cuerpo. Por lo general, se considera que 36 grados centígrados es la norma, si está entre 37 y 38 (con algún síntoma) lo consideramos febrícula, pasa a fiebre a partir de los 38 y, cuando supera los 40 ya hablamos de hipertermia. En esta escala, los 40 de algunas zonas del cerebro parecen especialmente preocupantes.

Sin embargo, estamos pasando un detalle por alto, según dónde midamos la temperatura corporal esta será diferente por motivos puramente termodinámicos: el interior del cuerpo conserva mejor el calor, las partes del cuerpo con más superficie en relación con su volumen (como los brazos) disiparán más rápido la temperatura, etc. Por eso, la temperatura central, está al menos un grado por encima de la que medimos en la superficie corporal (que no en boca y recto). Incluso así, los 40 de nuestro cerebro parecen una temperatura sorprendentemente alta, sobre todo cuando hasta hace poco pensábamos que era especialmente vulnerable a estas temperaturas. Aunque, para ser precisos, la importancia del estudio no está tanto en la temperatura absoluta, sino en cómo cambia a lo largo del día.

Un mapa de la temperatura

En la antigua Grecia se pensaba que la función del cerebro era la de refrigerar la sangre y, aunque sabemos que esto no es cierto, es curioso que ahora encontremos una relación así entre él y la temperatura. No obstante, como decíamos, ya teníamos mediciones cercanas gracias a otros estudios que habían utilizado la espectroscopía por resonancia magnética como “termómetro” no invasivo. Lo que intenta este nuevo estudio es algo diferente, menos parecido a una fotografía y más cercano a un vídeo de la temperatura, un seguimiento para detectar cómo cambia y así poder comprender en qué consiste y qué implicaciones tiene.

Por ejemplo, gracias a haber monitorizado a cuarenta voluntarios de entre 20 y 40 años, los científicos han logrado diseñar un mapa de cuatro dimensiones de la temperatura del cerebro. Dicho de otro modo, mucho más comprensible pero menos mercadotécnico, han simulado la estructura de un cerebro en el ordenador, con sus tres dimensiones espaciales (altura, anchura y profundidad) y han plasmado sobre él las temperaturas, como los mapas de dos dimensiones que vemos en el parte meteorológico. La cuarta dimensión es el tiempo, porque en este modelo puedes ver cada instante y, por lo tanto, cómo va cambiando a medida que avanzan o retroceden.

Máximas y mínimas

En ciencias se habla de correlaciones cuando dos cosas están relacionadas, aunque a veces no sepamos cómo o hayamos descartado que una sea la causa de la otra. Los resultados de este estudio son, en cierto modo, una lista de esas correlaciones (lo cual es muy valioso, no interpretemos lo contrario). Por ejemplo, ahora sabemos que la temperatura en las mujeres suele ser superior a la de los hombres y que también aumenta a medida que nos hacemos mayores. No sabemos exactamente a qué se deben estas correlaciones, pero es un primer paso.

Y ahora es cuando vienen las correlaciones realmente sorprendentes, porque, en palabras del Dr. John O’Neill, jefe de grupo del Laboratorio de Biología Molecular del MRC: “Descubrimos que la temperatura del cerebro desciende por la noche antes de irse a dormir y aumenta durante el día. Hay buenas razones para creer que esta variación diaria está asociada a la salud cerebral a largo plazo, algo que esperamos investigar a continuación”. De hecho, esto significa que la temperatura media del cerebro varía entre 32,6 grados y 42,3 según el momento del día, una variación que no parece acoplarse perfectamente a la que podemos ver en el resto del cuerpo. Sorprendentemente, encontraron que, de los sujetos que presentaban un ritmo diario de temperaturas, solo un 4% falleció (frente al 27% que no tenían tal ritmo).

Llama la atención que sigamos desconociendo este tipo de detalles sobre nuestro cuerpo, en el que vivimos desde siempre y que llevamos milenios investigando. Esa es parte de la maravilla de las ciencias, que siguen arrojando luz donde ni siquiera nos habíamos planteado buscar.

Aunque el resto del cuerpo también experimenta cambios de temperatura durante el día, estos son mucho menores, del orden de 1 o 2 grados.

John O’Neill et al. “A daily temperature rhythm in the human brain predicts survival after brain injury” Brain http://dx.doi.org/10.1093/brain/awab466

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